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Por Pablo Wende - Luego de dos meses de
una política monetaria muy contractiva, se aproxima un período de relajamiento.
Pero el Banco Central no está pensado en abandonar las duras medidas adoptadas
a partir de octubre, sino que está todo en línea con lo negociado con el FMI.
Como resultado, en el transcurso de las próximas semanas podría emitir
hasta $110.000 millones, sin poner en riesgo el nuevo acuerdo alcanzado con el
organismo multilateral.
La expansión monetaria que se viene está divida en dos partes, que se
desglosan de la siguiente manera:
– Para hacer frente a la demanda estacional de pesos típica de fin de
año (salarios, medio aguinaldo y ahora bono), crece fuerte la demanda de
dinero. Por eso, el FMI autorizó a emitir el equivalente a 6% de la base
monetaria, lo que equivaldría a unos $76.000 millones. Esto se haría
rescatando Leliq por un monto equivalente. El "truco" es que después
ese dinero no debe ser absorbido, como sucede generalmente entre enero y
febrero. Por lo tanto, significa que el punto de partida del año próximo
será con mayor cantidad de pesos en circulación, lo que permitiría reducir más
rápido las tasas de interés.
– Adicionalmente, el Central tiene margen para expandir la base
monetaria en $40.000 millones. Esto se debe a que la política de
"emisión cero" no sólo se cumplió sino que incluso está excedida en
esa cifra. Esto significa que la entidad que preside Guido Sandleris tiene
un margen amplio para expandir la cantidad de pesos sin incumplir aquel
compromiso asumido con el Fondo. No está claro si lo hará, pero es
evidente que se trata de una opción que tiene a mano para avanzar en esa
dirección, sobre todo en el caso de que aquella expansión de base del 6% de
diciembre se quede corta.
En este contexto, está claro que la política monetaria inaugurada en
octubre, junto con la política de bandas cambiarias (o "zonas de no
intervención"), entra en una segunda fase.
En la primera etapa había que demostrar que el sistema de bandas era el
adecuado, acompañado por altas tasas de interés. El resultado fue que el tipo
de cambio se ubicó rápidamente muy cerca del piso inferior. A partir de
allí, las tasas de interés comenzaron a declinar, pasando de un máximo de
73,50% a principios de octubre a 62,20% anual el último viernes.
En el equipo económico festejan que la política de control de agregados
monetarios para combatir la inflación fue bien recibida por el mercado y que incluso
está ayudando a recuperar la confianza del Central.
Ahora el objetivo es que la tasa de interés se ubique por debajo del 60%
en diciembre, acompañando lo que será una disminución de la inflación en
noviembre (sería levemente inferior al 3%).
Tanto en el palacio de Hacienda como en el Central creen que la baja de
las tasas y de la inflación ayudarán a recuperar el salario real y la demanda
interna. Entre ambos factores, más una cosecha gruesa que vendría muy
bien, la economía pegaría la vuelta después de fin de año.
Dentro del Gobierno saben que la recuperación económica es fundamental
para que el Presidente Mauricio Macri consiga la reelección el año que viene,
luego del pésimo año que resultó 2018.
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