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| BCRA promete en "brain storming" con empresarios fuerte baja de tasas en 2019 |
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23/11 - 08:38 Ambito Financiero |
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Por Carlos Burgueño - La
conducción del Banco Central, a pleno, inició desde esta semana una ronda de
encuentros con empresarios, fundamentalmente industriales. La idea es simple:
abrir un "brain storming", donde se les explique a los principales
perjudicados de la aplicación de la política de tasas extravagantes, que hoy
por hoy "no hay otra opción", pero que en 2019 habrá una reducción
importante y a niveles de supervivencia. Y que para que esto sea posible sólo se
necesitará una cosa: que baje la inflación. Según las autoridades del BCRA, hay
fe en que esto ocurra.
Los funcionarios que acompañan a Guido Sandleris tratan de no dar precisiones,
pero deslizan que la reducción podría hacer que en el primer bimestre del
próximo año los intereses de las Leliq naveguen por debajo del 50% y que en el
segundo bimestre se ubiquen en un 40%. Y que, hacia delante en el próximo año,
la política monetaria restrictiva hará que la inflación baje entre el 23% y el
25%, los niveles previstos en el presupuesto, y que en ese momento las tasas se
moverán en porcentajes de la precrisis. Por elección de la propia conducción
del BCRA, los encuentros se realizan en terreno neutral. Ni en la sede de la
entidad de la calle Reconquista ni en las cámaras empresarias. Se elige un
salón privadísimo de un hotel porteño (el Four Seasons), cerca (pero no dentro)
del microcentro. La idea de movilizar a los funcionarios y los empresarios es
que, en lo posible, la reunión (de entre 12 y 14 empresarios) transite con el
mayor sigilo posible, confiando en la prudencia de los invitados. La idea es
mezclar sectores, combinando rubros eclécticos como la construcción, el agro,
automotrices, exportadores primarios, alimentos, textiles, químicos y bancos.
El maestro de ceremonia siempre es Sandleris, quién con tono amable abre el
debate luego de una breve introducción al tema. El titular del BCRA se muestra
en ese momento firme y convencido en las políticas que ejecuta la entidad y
asegura que entiende todos los reclamos. Comienza así la apertura de la palabra
a los invitados que al unísono coinciden con la crítica de rigor: el nivel de
las tasas de interés.
Se suceden así los diagnósticos sombríos hacia el futuro. Se habla de la
destrucción de la valuación de activos de las empresas con la vigencia en el
tiempo de las actuales circunstancias financieras, con argumentos contables y
reales sobre la pérdida de los valores de los libros de las compañías. Un
argumento similar al que Eduardo Constantini, de Consultatio, estuvo desplegando
públicamente por estos días. Y de la consecuente caída en la riqueza del sector
privado industrial. Si bien se pondera la estabilidad reciente creada a partir
de la aplicación de la "zona de no intervención", se considera
peligroso el reciente retraso cambiario y el miedo a que haya
"enamoramiento" de los valores actuales. Se habla de la competencia
externa aún sin equiparación en cuanto a los costos relativos, y de la
consecuente falta de competitividad que vive la economía, aún luego de la megadevaluación
de este año. Y que resulta un error insistir en que la apertura a la
competencia externa puede hacer equilibrar los precios internos. Y, finalmente,
se vuelve al tema recurrente: las altas tasas de interés a las que se las
calificó de "extravagantes" "ilógicas"
"antidesarrollistas" y "quiebra empresas", entre otros
sinónimos conceptuales. Toma entonces la palabra la conducción del BCRA e
insiste con la convicción de que "no hay otra forma", que "no
hay otra opción" y que las consecuencias de una tasa de interés más baja
que la actual "serían peores que las actuales". Se da luego una
vuelta retórica sobre cómo se llegó al a situación actual. Sobre cuáles fueron
las circunstancias para llegar al acuerdo 2.0 con el FMI y, finalmente, se vuelve
a la conclusión que "no hay otra opción" que sostener las tasas de
interés en niveles actuales y que las reducciones sean "paso a paso"
y mirando permanentemente lo que sucede en el mercado cambiario.
Se pasa luego a la principal promesa oficial: la reducción de la inflación. Se
mencionan los últimos datos sobre el alza de precios mayoristas en un nivel
sensiblemente menor al de los meses anteriores (3% en octubre) y la certeza que
ya en noviembre los resultados serán positivos. Si bien no se adelantaron en los
encuentros con empresarios los porcentajes que se esperan, el Ejecutivo habla
de menos del 3% en noviembre y de un 3% en diciembre; completando un redondeo
del 6% acumulado en el último bimestre del año con un alza final de entre el
45%y el 48% para todo el año.
Desde el BCRA se transmite luego la confianza que el alza de precios tendrá un
cambio radical en 2019, y que no hay motivos para desconfiar que el alza final
del IPC) podría cumplir la meta presupuestaria del 23%. A lo sumo un 35%. Se
confía además en la ejecución del plan de contracción del déficit fiscal y de
la especial ponderación que sobre esta evolución hacen los técnicos del FMI que
fiscalizan por estos días las cuentas argentinas. No se habla de porcentajes
finales para 2019, ni mucho menos de distorsiones, pero se calcula internamente
que el déficit fiscal primario podría llegar el año próximo a un máximo del
0,4%; un nivel razonable a los ojos del FMI. Al menos en esto confía el
Gobierno. Y se concluye que será eficaz la combinación de la rebaja de la
inflación y el logro de las metas fiscales, cruzado con la estabilidad que
proporciona la vigencia de la "zona de no intervención". Se llega así
a la principal señal que fueron a buscar los empresarios: ¿cuándo bajarán a
niveles razonables las tasas de interés?. Los porcentajes no parten de los
anfitriones, pero lograron el asentimiento de los conductores del BCRA: el 50%
entre enero y febrero y un 40% antes de abril. Y a partir de allí, siguiendo la
estricta línea que marque la inflación.
El mensaje del BCRA es que para el primer bimestre del próximo año, la
evolución del crédito hará que las diferentes alternativas de financiamiento
vuelvan a ponerse en marcha (incluyendo el descuento de cheques y las líneas de
descubiertos del sistema financiero). Todo termina con un llamado de la
conducción del BCRA al optimismo: "Tenemos mucha fé y confianza",
afirmaron los hombres de Sandleris. Algunos de los invitados salieron más
convencidos que otros.
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