|
Por Claudio Zlotnik - Trasladar las tasas de interés al precio del
producto, alargar o achicar los plazos de pago (según de qué lado del mostrador
uno se ubique), transformar rápidamente el stock de mercadería en pesos cash
para ponerlo a "trabajar" en la City a corto plazo, renegociar
condiciones con proveedores, clientes y bancos y hasta dolarizar deudas para
escapar de las altas tasas en pesos.
Estas son sólo algunas de las
estrategias que están implementando los empresarios argentinos -chicos,
medianos y grandes-, todos con una consigna en mente: para garantizarse la
supervivencia en un momento de recesión y de tasas de interés impagables, hay
que encontrar la manera de trasladarle el costo financiero al otro. Un
verdadera lucha por la supervivencia del más apto en la cual cada uno usa las
armas que tiene a mano.
Carlos R. es dueño de una
autopartista desde hace 27 años. Fabrica frenos y otros productos para la
industria. Se lo escucha angustiado. Asegura que desde 2001 no vive una crisis
tan dura. Por la caída de las ventas pero, también ahora, por los costos
financieros que amenazan con ahogarlo. En un intento por zafar, acaba de
contratar un servicio que le recomendó un amigo y colega: un curso de
"optimización financiera" especializado para pymes. "Era esto o
pensar en el cierre", dice.
El curso en cuestión le dejó
tres grandes enseñanzas:
Cargar las
altas tasas de interés a los precios de venta. Asociar
ese mayor costo financiero al valor de lo que se fabrica es realista en
momentos en que se atrasan los cobros y se distorsiona la cadena de pagos. En
la práctica se resume así: "Primero decime a cuántos días me vas a pagar y
después te digo el precio".
Prohibido
inmovilizar stocks. Trabajar sobre los pedidos
que van llegando a la empresa.
El costo de dejar mercadería inmovilizada "por las dudas" es muy
alto. Es preferible vender lo que está disponible. No tener dinero parado.
Reducir los
gastos al máximo. Desde la suspensión de
incorporar personal -o sumar horas extra- hasta la participación en
exposiciones. Buscar por todos los medios ganar nuevos clientes y aplicar
medidas de emergencia "hasta que aclare el panorama".
Para el lector, pueden parecer
lógicas estas iniciativas, no así para un pequeño empresario que estaba acostumbrado
a mirar, sobre todo, la columna de facturación y la de gastos asociados con la
producción.
Mal momento para ser deudor
En la práctica, las pymes
pelean por trasladar, por quitarse de encima, los costos financieros, algo que
hoy día las agobia.
"Una empresa con
cierta trayectoria no va a cerrar por un año malo con caída en ventas. Pero sí
puede verse obligada a bajar la persiana por sus altos costos financieros.
Llega un momento en que la bola de nieve es tan grande que se torna
imparable", dice a iProfesional uno de esos empresarios que la
viene peleando desde que estalló la crisis.
Martín H. es muy concreto a la
hora de explicar su situación. Desde hace más de dos décadas mantiene su empresa especializada
en marketing. Le vende a las grandes firmas productos textiles con estampados
para promocionar las marcas. Los ingresos que logró en los primeros cuatro
meses del año lo están ayudando a compensar la malaria de estos últimos
tiempos.
Asegura que la estabilidad de
su compañia no corre riesgos por el bajón de facturación sino, más bien,
"culpa" a los bancos. Hace dos años, sacó un par de créditos por un
total de $5 millones, con tasas variables de 23% y 26% anual. Los tomó para
comprar insumos y así poder expandirse.
"La tasa efectiva saltó
al 76% anual, de modo tal que el costo financiero total voló al 118%. Ahora
casi que trabajo para pagarle al banco, porque la deuda inicial crece y me
cuesta enfrentar las cuotas", afirma Martín.
"Todo
lo que había ganado en 2017 lo perdí en estos pocos meses. Se la llevaron los
bancos", advierte, y hace referencia a una medida que adoptó, un tanto
riesgosa: para evitar seguir pagando tasas superiores al 100% por ese crédito,
dolarizó una parte de ese pasivo.
Por esa porción del compromiso
asumido, hoy día debe abonar un 10% anual en dólares. Claro está, asumiendo que
corre con todo el riesgo de una devaluación. "El banco me lo permitió
porque pude demostrar que parte de mi facturación va atada a los insumos que
importo", señala.
Hay otros casos que conllevan
una mayor cuota de dramatismo. Rafael S. cuenta su experiencia como
importador de cochecitos para bebés. La ventas se le desplomaron nada menos que
un 76%. "Desde mayo, cada mes viene siendo más malo que el anterior. Para
mí, esta crisis es comparable a la de 2001. En aquel entonces me había
preparado para lo peor, pero esta vez no la ví venir", relata angustiado,
en diálogo con iProfesional.
El caso de Rafael no puede
generalizarse. Hay un dato objetivo para descartarlo: aquel 2001 también tuvo
(antes) un 1999 y un 2000. Es decir que, previo al estallido, hubo tres
períodos de profunda recesión que dispararon los índices de desempleo y de
pobreza. Y eso sin contar que, esta vez, el sistema financiero quedó indemne.
¿Qué se
hace ante semejante desplome de la facturación? Es otra de las
"estrategias forzadas" que sólo quedan al alcance de los que tenían
capital acumulado. "No me quedó otra alternativa que poner de mi bolsillo
y usar la plata ahorrada para bancar los gastos de estructura". En la
ponderación realizada por este empresario, tiene más sentido apelar al
desahorro antes que acercarse a un banco para preguntar por un crédito para el
capital de trabajo.
Al contrario, la discusión, en
todo caso, refiere a si los bancos no deberían tener una posición menos dura en
cuanto a los costos que les cobran a las pymes.
Con todo,
las entidades bancarias no son las únicas "malas" de la película. De
última, admiten, no hacen más que reflejar la dura política monetaria
implementada por el Banco Central. Por eso mismo, los ejecutivos también
apuntan sus críticas a las compañías líderes. Denuncian que se aprovechan de
ellos.
La advertencia es
generalizada: "Nuestros clientes más grandes antes pagaban a 30 o 60 días.
Ahora ese plazo no baja de 120 y hay algunos que se extienden a 180. Así no hay
caja que aguante", afirman.
De todas las pymes consultadas
por iProfesional, dos rubros concentran los mayores enojos: automotrices y
alimenticias. En ambos casos, los líderes del mercado condicionan sus ventas a
que se les abonen las facturas, a lo sumo, a las 72 horas. Pero ellos pagan a
largo plazo a las firmas proveedoras.
Las grandes, en lucha por el
cash
Pero no sólo las pequeñas y
medianas compañías sufren la hostilidad del nuevo escenario financiero. La
altas tasas están provocando distorsiones por todos lados. La última tiene que
ver con los precios que cobran las principales alimenticias.
Varias de ellas "premian" a los
clientes que les saldan la entrega a las 48 horas, con rebajas de
precios llegan al 23%.Se trata de bonificaciones pocas veces vista. Lo normal
es que ese "premio" sea de entre 5% y 8%, nunca esa cifra.
Lo que ocurre ahora tiene que ver con varias custiones:
La estabilidad del tipo de
cambio
La mayoría de los fabricantes
calculó sus costos con un dólar a $42 a comienzos de septiembre. No es casual
que las rebajas más significativas se den en los productos importados, como
atún, fruta, legumbres enlatadas y café
La recesión. El derrumbe en
ventas se extiende a todos los rubros, y los alimentos tienen fecha de
vencimiento más o menos cercana. Después de mes y medio de paz cambiaria y el
contexto actual, lo más prudente pasa a ser la venta del stock.
Lo cierto es que el cambio de
estrategia en las gerencias financieras de las grandes compañías tiene una
consigna bien clara: tener dinero líquido a mano es más valioso que nunca. Para
ello, recurren a su capacidad de presión negociadora de manera de pagarle a los
proveedores al mayor plazo posible y cobrarle a los clientes en el menor lapso.
Una de las
automotrices líderes del mercado dejó de saldar sus facturas a 30 o 60 días
como lo venía haciendo. Ahora las cancela a 120 días
Lo mismo
decidió una de las fabricantes de bebidas más importantes. Emite cheques a seis
meses para pagarles a sus proveedores, al tiempo que les exige pago al contado
a sus clientes
Uno de los empresarios
gastronómicos consultados por iProfesional comenta que, ante la
disyuntiva de mantener su etiqueta tradicional de bebida o pasar a una
"segunda marca" que le permitía el pago diferido, no dudó en elegir
esta segunda opción. Con los actuales niveles de tasas, contar por algunas
semanas con el dinero para el pago implica un gran desahogo financiero.
¿Falta mucho?
La pregunta que se hacen los
ejecutivos de negocios es cuánto durará la crisis. Viviendo en Argentina, todos
cuentan con varias turbulencias financieras en su currículum, pero la dureza
del "apretón monetario" que está aplicando el Banco Central lleva a
que la recesión se sienta con más fuerza en la caja.
"Uno puede
apechugar un año, a lo sumo. Se puede recortar al mínimo las erogaciones y
suspender las inversiones. Pero mucho más así no se puede seguir. La
incertidumbre es muy grande", apunta Pablo R., fabricante de pan
industrial que emplea a 52 personas.
Nadie podría aseverar la
extensión de la recesión. Lo que parece cada vez más claro es que difícilmente
se dará el escenario en "V" promocionado por el Gobierno sino, más
bien, algo más parecido a una "L" (estancamiento tras la caída).
Si así fuera, y a juzgar por las historias relatadas por los empresarios, es
muy probable que se requieran medidas puntuales para bajar sensiblemente el
costo financiero. Sería un buen comienzo para desahogar a las firmas.
|