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Por Juan Diego Wasilevsky - Los
datos revelados por el INDEC correspondientes al intercambio comercial de la
Argentina con el mundo, a primera vista, parecen arrojar excelentes noticias
para el Gobierno.
En octubre, el saldo entre
exportaciones e importaciones marcó el segundo superávit del año, con un
resultado positivo de u$s277 millones.
Así, se espera que el
año concluya con una leve caída del rojo de la balanza, que en 2017 había
alcanzado un récord de u$s8.300 millones, producto de la mayor expansión de la
actividad económica y del atraso cambiario.
Ahora, tras el salto del dólar y también producto de la caída del ritmo de
actividad, el saldo tenderá a equilibrarse.
Así, desde la consultora Abeceb proyectan un déficit comercial de u$s6.000 millones, es
decir, una cifra que se ubicará casi 28% por debajo de los niveles del año
pasado. Esto, a primera vista, resulta positivo.
Sin embargo, por detrás
de esta mejora de las perspectivas, hay otros datos que reducen drásticamente
los niveles de optimismo.
Es que está quedando en
claro que el avance de la divisa estadounidense no es una variable que, por sí
sola, esté ayudando a producir un boom exportador y que, a su vez, esto permita
compensar la fuerte caída del mercado interno.
El dato revelador es que las
exportaciones están reaccionando muy tímidamente: de hecho, en agosto y
septiembre experimentaron una preocupante caída interanual de 1,6% y 4,8%,
respectivamente.
Ya en octubre, cuando el dólar se amesetó tras el pico alcanzado, la suba
fue muy tibia, del orden del 1,4% interanual.
Y si bien buena parte de
esa dinámica se explicó por la fuerte caída que sufrieron los productos
primarios producto de la sequía, la realidad es que las manufacturas
industriales tampoco tuvieron una gran performance: considerando el período que
fue de septiembre-octubre, las ventas al mundo de este gran rubro generaron
u$s133 millones menos que en igual lapso de 2017,
equivalente a una caída cercana al 4%.
El problema que ven
desde la consultora Ecolatina es que el tipo de cambio no está ayudando a
traccionar a la economía. Y recalcan que la culpa de este menor dinamismo no
puede ser achacado únicamente a la sequía.
En este contexto
economistas como Martín Kalos, de EPyCA Consultores, plantean que el salto del dólar generó un respiro, que evita la importación
barata ahogue a la industria.
Sin embargo, para el
experto, la
mejora no alcanza para que aquellas empresas que no exportaban ahora se lancen
a ganar mercados internacionales.
A esto se suma el
problema que surgió en el frente interno: la caída de la demanda doméstica
por el menor poder adquisitivo está resultando ser un efecto colateral por
demás indeseable.
Es que el daño que provocó el salto del dólar y la posterior aceleración de la inflación
en el consumo es mayor que el beneficio que está generando para traccionar
exportaciones y limitar importaciones que compitan con la
industria nacional.
"La consecuente
reducción del poder adquisitivo en dólares y en pesos, retrajo la demanda de
bienes durables y de consumo, lo que llevó a las empresas a reducir al mínimo
la producción, dado el creciente costo financiero de mantener stocks elevados
en un contexto de ventas deprimidas", plantearon desde Ecolatina.
Incluso, desde el propio
Gobierno reconocen que el cóctel de variables que se generó entre devaluación,
poder adquisitivo en baja y suba de precios está funcionando como un lastre
para la economía.
En este contexto, en el
informe del Monitor de la Economía Real, que comenzó a elaborar el Ministerio
de Producción y Trabajo, reconocieron que "la pérdida de dinamismo del
mercado interno y el pico de inflación, impactó en las decisiones de consumo y
postergó las de inversión".
Esto pega de lleno en la
actividad industrial, que viene de desplomarse un 11,5% en septiembre,
acumulando una contracción del 2,1% en lo que va del año.
En teoría, un salto del
billete verde debería tener un doble efecto positivo: potenciar
exportaciones de alimentos y manufacturas y reducir el ritmo de importaciones,
permitiendo un incremento del share de los productos nacionales.
Sin embargo, la caída de
la demanda interna es tal que el "efecto dólar" no solo no ayudó a traccionar a la
industria sino que, por el impacto de la inflación, terminó jugando en contra.
Una muestra de ello es
la utilización de la capacidad instalada que muestra la industria: el último
dato muestra un nivel del 61%, casi 8 puntos por debajo de 2017.
Y lo más preocupante es
que sectores
clave como metalmecánica, automotriz y otros llamados "sensibles, como el
textil, están operando incluso por debajo del 50%.
Las terminales, de
hecho, son un reflejo de cómo la coyuntura económica y cambiaria terminó
complicando a la industria.
Los precios de los autos
se dispararon entre 60% y 70% por el elevado contenido importado y esto, sumado
a la fuerte suba de las tasas de interés, provocó en octubre un derrumbe en el
ingreso de vehículos y de autopartes del orden del 48%.
Pero no es algo para
festejar: si bien las exportaciones acumulan un crecimiento del 28% en
volúmenes, la
producción viene de registrar en los dos últimos meses preocupantes desplomes
de casi 21% y 12%.
Desde ADEFA reconocieron
que "la situación de alarma del sector es importante" y que, frente a
este cuadro, están negociando implementar un día de suspensión general entre
fines de 2018 y principios de 2019.
Otro ejemplo de cómo la
tracción externa no ayuda a compensar la caída interna se encuentra en algunas
industrias "sensibles".
Los despachos de
indumentaria y productos textiles, por ejemplo, en octubre se desplomaron más del
23%, acumulando una baja del 7% en lo que va del año.
Lo paradójico es que
esta caída es mayor que la sufrida en el frente importador, con una contracción
del 17% en octubre y un alza del 3% para lo que va de 2018.
En el caso de la
industria del calzado, se produjo un llamativo derrumbe del 75% de las ventas al
mundo entre enero y octubre de este año versus el período
anterior, frente a la contracción del 5% que experimentaron las importaciones.
Y esto se está
traduciendo en el cierre de plantas y en la pérdida de miles puestos de
trabajo.
Más
superávit, menos PBI
Claro que hay sectores
que sí están disfrutando a pleno de la mejora de la competitividad cambiaria:
KPMG viene de estimar que las exportaciones de carne vacuna crecerán un 50% en
2018, con envíos por u$s2.000 millones, posicionando a la
Argentina como el sexto mayor jugador a nivel mundial.
En el caso de la
industria vitivinícola, tras meses muy complicados, octubre está mostrando
mejoras sustanciales en el frente exportador.
Sin embargo, economistas
como Kalos plantean que el salto del dólar generó un respiro, pero no será un impulso
suficiente para producir un boom de ventas al mundo.
De hecho, desde
Ecolatina advierten que las exportaciones de bienes, que son las que más empleo
traccionan, vienen mostrando un deterioro sostenido en los últimos años: según
las estimaciones de la consultora, entre 2011 y 2019 caerán más del 20% en
dólares corrientes.
Por último señalan que
en 2019, la Argentina volverá a disfrutar de superávit comercial, con una cifra
que podría ubicarse en los u$s4.500 millones, en tanto que para Abeceb podría
llegar a los u$s6.000 millones.
Sin embargo, los
analistas de Ecolatina advierten que este dato es relativo: "Lo importante
no es sólo el superávit sino también aumentar el intercambio comercial".Es
decir, que es importante que crezcan más las exportaciones, pero también las
importaciones, por la necesidad de contar con más insumos, componentes y bienes
de capital para completar procesos industriales.
Sin embargo, los
expertos no prevén que el empuje de las ventas al mundo tras la devaluación
alcancen para potenciar la economía: para este último trimestre esperan que las
estadísticas muestren una profundización de la recesión, lo quedejará al 2018
con un nivel de actividad 2,4% menor al alcanzado en 2017.
Y si bien habrá un
repunte mayor de las exportaciones en los próximos meses –ayudadas también por
el crecimiento de Brasil-, advierten que "esto no sería suficiente para que la
actividad se recupere rápidamente y cierre el 2019 en terreno positivo".
Por el contrario:
estiman una caída del PBI de 1,4% para el año próximo.
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