|
Por Claudio Zlotnik - Nicolás Dujovne es
fanático de River. Desde hace años tiene un palco en el Monumental y sólo la
disputa con Boca por la final de la Libertadores pudo sacarlo de los
preparativos para la Cumbre del G20. La
orden de Mauricio Macrifue
priorizar los informes que el ministro expondrá frente a inversores de todo el
mundo y a los mandatarios que visitarán Buenos Aires los próximos días.
El ministro de Hacienda y Finanzas se moverá con agenda propia, y el
Presidente le pidió que lo acompañe a sus encuentros con Donald Trump y con el
chino Xi Jinping.
Para el Gobierno, la Cumbre del G20 será
-en términos económicos- una nueva y potente oportunidad para promocionar que
la Argentina vuelve a convertirse en una tierra fértil para el mundo de los
negocios, especialmente tras la devaluación y el plan de ajuste encarado de la
mano del FMI,
Y no solamente eso. Dujovne quiere
convencer a los inversores internacionales de que el Gobierno mantiene intacta
la gobernabilidad a pesar del fuerte ajuste y a una economía que muestra una
contracción del 5,8% interanual. Y también quiere llevarles
tranquilidad asegurándoles, a pesar de los contratiempos, que Macrilogrará
la reelección en 2019, para presidir la Argentina por cuatro años más.
Dujovne utilizará
las horas previas al inicio formal de la cumbre de jefes de Estado para
juntarse con inversores de los principales fondos de inversión, que aprovechan
el G20 para conocer de primera mano los destinos de las principales economías del
mundo.
No la tendrá fácil: la cumbre se iniciará en momentos en que el índice
de “riesgo país” retornó a valores récord en la administración macrista, por
encima de los 700 puntos. Se trata de un nivel que haría imposible un regreso
de la Argentina al mercado de crédito voluntario.
El ministro, que mantuvo reuniones con algunos de esos inversores en los
últimos meses, tanto en sus visitas a Wall Street como en su propio despacho,
no quiere dejar pasar la oportunidad. Como nunca desde que Macri llegó
al poder, la Casa Rosada necesita dar vuelta las expectativas de los
financistas y de los empresarios.
Una agenda que aprieta
A primera hora de este jueves, Dujovne mantendrá
un desayuno con inversores globales en el Centro Cultural Kirchner. Será la
continuación de otras entrevistas que dio en la tarde del miércoles, en el
marco de los preparativos para el G20.
El ministro tiene agendados encuentros bilaterales con los máximos
representantes del European Investment Bank. Al mediodía se juntará con su par
de Francia, Bruno Le Maire. Y después del almuerzo se verá con Máxima, la reina
de Holanda.
Para el cierre del jueves se programó el encuentro entre todos los
ministros de Economía, Hacienda y Finanzas del G20.
La bilateral más relevante, de todas formas, recién
tendrá lugar el viernes. A las cinco de la tarde se reunirá con el secretario
del Tesoro estadounidense, Steven Mnuchin. Está la promesa de una agenda
abierta, para tratar los temas de la economía argentina.
Hoy en día, la administración Trump aparece como el principal sostén
extranjero hacia la Casa Rosada. El estadounidense fue clave para que la
Argentina lograse un rápido acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, para
ampliar y adelantar los giros que en un principio se había alcanzado pero a
largo plazo.
Trump llega a Buenos Aires con la idea de cerrar acuerdos para los
negocios energéticos, acaso el sector más apetecible que puede ofrecer la
Argentina a la hora de las inversiones.
Según trascendidos, esos acuerdos podrían alcanzar los u$s20.000 millones.
Consenso social, ajuste y reelección
El regreso de la Argentina a los mercados financieros, algo que quedó
vedado desde el inicio mismo de este año, aparece como una condición necesaria
para acompañar el programa acordado con el Fondo Monetario.
Los dólares de Washington cubren los vencimientos de deuda del próximo
año, pero el Gobierno quiere dar una señal contundente -tanto fronteras afuera
como en el mercado interno- de que puede volver a financiarse. Precisa el
pulgar en alto de los inversores para evitar una indeseada volatilidad, justo
en los meses previos a las elecciones presidenciales.
Por eso mismo, el mensaje de Dujovne se
desdoblará: habrá cuadros y datos económicos que lo ayuden a diagnosticar que
el piso de la crisis es el actual. Y que, de ahora en más, habrá que esperar
señales alentadoras desde la macro.
El otro punto -tal vez el que más desean escuchar los inversores-
refiere al escenario político. Los financistas quieren saber cómo se las
arreglará el Gobierno para tener chances en las presidenciales, en medio de una
profunda recesión.
Dujovne insistirá
con el planteo de que Macri seguirá en el poder hasta 2023. “Como Carlos Menem
en el ‘95. En ese momento también había una recesión, y Menem gobernó cuatro
años adicionales”, plantea el ministro.
En aquel momento, Menem alcanzó el 49,9% de los votos. El contexto, si
bien recesivo, tenía diferencias con la actualidad. No tanto por lo coyuntural
sino más bien por el pasado: el ex presidente venía de seis años de mandato, en
los cuales había podido demostrar destreza para dejar atrás dos
hiperinflaciones. La convertibilidad y las privatizaciones fueron dos pilares
muy aceptados por la sociedad de entonces.
Para Dujovne, y a
pesar del contratiempo de la crisis, el gobierno de Cambiemos mantiene un
importante nivel de adhesión popular. Lo dicen las encuestas que contrata la
Casa Rosada, si bien no ahorran en advertencias sobre la pérdida de popularidad
del jefe de Estado.
A eso se refirió el ministro cuando, hace algunas semanas ponderó que en
la Argentina "nunca se pudo hacer un ajuste" de la magnitud actual
"sin que caiga" el Gobierno. Y resaltó que la administración Macri logró
llevarlo a cabo "sin cepos, confiscaciones ni represión financiera".
Con esas expresiones, el titular de Hacienda quiso
marcar algo que repetirá frente a los inversores que vengan por el G20: que
Macri cuenta con el consenso social para llevar adelante las reformas que hagan
falta para poner a la Argentina en el camino de un crecimiento sustentable.
Según Dujovne, ya
se levantaron los pilares de esa reconstrucción: el sinceramiento de las
tarifas de los servicios públicos, un tipo de cambio que ahora quedó
competitivo, y un marco legal para fomentar los negocios, sobre todo en el área
energética. Y con Vaca Muerta en particular.
El argumento, siempre según la mirada oficial, hace foco en que, así
como en otras épocas, la sociedad argentina respaldó procesos políticos y
económicos que, por ejemplo, dieron lugar a las privatizaciones (era Menem) o,
en sentido contrario, a las nacionalizaciones (era kirchnerista), ahora existe una cohesión que adhiere al
“saneamiento” de la economía (severa reducción del déficit fiscal)
con tal de avizorar el camino hacia el desarrollo.
Para respaldar ese análisis optimista, Dujovne se
basará en supuestos económicos.
Desde el equipo económico se baraja un esquema muy
similar al que los funcionarios hacen en público: un crecimiento que se
empezaría a notar hacia el segundo trimestre de 2019, de la mano de la
mejor cosecha y después de un primer trimestre con un turismo interno mucho más
activo por el salto del dólar.
"El salario real
tocará un piso entre enero y febrero y, a partir de allí, notaremos una
reacción por la sensible desaceleración de la inflación y la llegada de
salarios mejorados", comentaron en el Banco Central. "La economía nos
dará sorpresas", añaden.
Esa mejora sería advertida por los votantes ya que incluiría un repunte
del consumo. Se trata de un esquema que, por ahora, descarta el propio Fondo
Monetario. Sucede que los técnicos del organismo prevén una caída de 4% en el
nivel de compras para el próximo ejercicio.
Para los inversores, al discurso oficial le falta
ponderar un hecho insoslayable: las elecciones 2019 con Cristina Kirchner en el
escenario y con chances de volver al poder. Una moneda al aire, que no se sabe
de qué lado va a caer. Al menos, ese es el panorama al día de hoy.
Las preguntas de los operadores de Wall Street, justamente, hacen
referencia al “riesgo político”, al que vinculan ciento por ciento con el
“riesgo país” de la Argentina.
Dujovne intentará
convencerlos de que el primer logro tras la estabilización financiera es la
fuerte desaceleración inflacionaria. Que este mes caerá a un número cercano al
2,5%, y que para diciembre podría situarse incluso alguna décima por debajo al
2%.
El ministro está convencido de que la confianza se ganará en el día a
día, a medida que aparezcan los datos positivos. Y que en un contexto económico
más amigable, el Gobierno tiene intactas las chances para reelegirse en
octubre.
De eso, básicamente, se hablará -por parte de los financistas que ya
llegaron a Buenos Aires- durante las estresantes jornadas del G20.
|