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Por Mariano Cuparo Ortiz - El Gobierno puso
sus focos para la reactivación económica de la segunda mitad del 2019 en la
cosecha récord que estiman en el campo. Sin embargo, analistas advirtieron que
esa tendencia a la mejora en la dinámica del PBI no tendrá correlato en el resto de
los sectores, con tasas de interés que complican a la actividad productiva,
salarios con dificultades para recuperar lo perdido durante el 2018 y un
consumo interno sin reacción. Así, se espera que no haya efecto derrame por lo
que, incluso en un escenario optimista del agro repuntando y traccionando a
algunas industrias directamente relacionadas, el primer mandato de Cambiemos cerrará sin segundo semestre para
la actividad.
De por sí, el escenario 2019
viene con unas expectativas complicadas, más allá del esperable inicio de un
sendero de recuperación en lo estadístico. Es unánime la idea de que por
primera vez, tras la salida de la convertibilidad, la economía hilará dos
caídas consecutivas del PBI que llevarán al
per cápita a una contracción de hasta 8% contra lo que recibió el Gobierno en
el 2015. En ese entonces las intenciones apuntaban a eliminar el efecto
serrucho, con caídas en los años pares y repuntes keynesianos en los impares.
Los analistas coinciden en que
en algún punto del año que viene se comenzará a visualizar una recuperación de
la mano del agro. Si bien el año dará negativo (para el Gobierno será una caída
de 0,5% contra 2018, para el FMI y el Banco Mundial
una de 1,6% y para los privados podría llegar a una de 2%), la dinámica
terminará siendo positiva. Pero el modelo centrado en la fortaleza del agro
tiene un esquema de perdedores entre los que se destacan los sectores que
dependen del mercado interno y del salario. Ahí se anotan la industria, la
construcción -que no contaría con el impulso keynesiano de la obra pública con
el que contó durante las elecciones de 2017-, el comercio y los asalariados
urbanos.
Un informe de Ecolatina
sostuvo: "La presencia de un mercado interno deprimido afectará al sector
no transable, que incluye a la mayoría de los servicios y la construcción. En
términos desestacionalizados, la trayectoria de la producción de dicho sector
será en forma de L, encontrando la recesión un piso en el primer trimestre de
2019, para luego mantenerse estancada el resto del año. En promedio, el sector
no transable sufrirá en 2019 una contracción promedio de casi 3%, en línea con
el retroceso de la demanda interna, es decir el consumo más la inversión".
Las expectativas para el agro son auspiciosas en la comparación con un 2018 de
caída histórica. Pero moderadas en la comparación con 2017. "Esperamos que
la producción agrícola de 2018/2019 sea similar a la de 2016/2017, aunque eso
es un escenario optimista. El agro puede andar bien, si el clima ayuda a
levantar la cosecha. Veo muy poco probable que los que viven en ciudades vayan
a tener segundo semestre porque el agro no alcanza a derramar", afirmó el
economista del ITE-FGA, Juan Balasini.
Para el director de LCG, Guido
Lorenzo, la clave es el modelo: "Apunta a eso, los slides del Gobierno
hablan de crecimiento basado en exportaciones y eso tiene consecuencias
distributivas. No se puede pretender, con ese modelo, tener los salarios de
antes. En parte a la licuación la hicieron para bajar salarios. Si se pretende
crecer vía consumo y salarios es un modelo y si se pretende crecer vía exportaciones
los salarios son un costo y eso no es bueno".
Lorenzo explicó a BAE
Negocios que el agro tiene un peso de apenas 10% sobre el valor
agregado nacional y que con los encadenamientos que logra traccionar se llega
al 30%. Y afirmó que el año se parecerá lo que ocurrió en los primeros
trimestres de 2016, período definitivamente complicado para la economía
metropolitana, con el comercio, la industria y la construcción cayendo en forma
sostenida.
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