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Por Carlos Lamiral - Los u$s21.000 millones de dólares de inversiones en obras entre 2019
y 2023 que el Gobierno pensaba impulsar a través del Sistema de Participación
Pública Privado (PPP) quedaron oficialmente suspendidos. Al menos en su
mayoría. Mauricio Macri decidió ayer no abrir los llamados a licitación
previstos para los próximos meses debido al “incremento del riesgo país”. El
primer mandatario comunicó la decisión luego de una reunión de urgencia
convocada en la Quinta de Olivos a la que asistieron Nicolás Dujovne (Hacienda),
Guillermo Dietrich (Transporte), Francisco Cabrera, titular del Banco de
Inversión y Comercio Exterior (BICE) y Javier González Fraga, presidente
del Banco Nación.
Las PPP eran, hoy por hoy, la
única apuesta a la obra pública que el gobierno de Macri aspiraba a poner en
marcha durante el año electoral, ya que no tenían un cuestionamiento del Fondo
Monetario Internacional (FMI), a pesar del programa de ajuste fiscal, y siempre
que tuvieran 100% financiamiento privado.
La desgracia sobrevino con la
aparición de la causa de los “cuadernos”; en combo con la crisis financiera. La
mayoría de las empresas constructoras que iban a tomar parte del PPP quedaron
involucradas en el escándalo de coimas en la obra pública del Gobierno anterior.
Con ello, les amputaron la posibilidad de recibir financiamiento de los bancos del exterior; ya que estas no tienen
permitido otorgar crédito a compañías que estén involucradas en causas penales.
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Ese fue el primer golpe que
recibió el programa. Trataron de rescatarlo mediante la creación de un
Fedeicomiso. El mismo quedó aprobado en el Presupuesto del 2019. Se supone que
los bancos deberían prestar el dinero a ese fondo y este a su vez le otorgaría
créditos a las empresas.
Pero el problema también iba
mucho más allá. De todas las obras planeadas, tan solo pudieron licitarse y
otorgarse 6 corredores viales a través del Ministerio de Transporte. Se trata
de 2800 km de autopistas y 4.000 km de rutas seguras. El plazo es de 30 a 60
meses. Las empresas constructoras que ya habían ganado tuvieron problemas a
mediados de año para conseguir garantías, luego del estallido del dólar.
Además, se presentaron dificultades para obtener créditos a tasas razonables.
En Transporte están buscando la formas para darle más plazo a las empresas. Se
supone que en 2019 deben presentar su plan financiero de largo plazo. Tan solo
para cumplir con los tiempos legales, los consorcios han logrado un
“financiamiento de corto”, en algunos casos con caja propia, para arrancar las
obras. En la cartera de Dietrich indican que desde febrero del 2019 las
empresas tienen que comenzar a presentar los certificados de avance de obra. Si
no lo hacen, pueden ser multadas, y si se repiten las faltas, el Gobierno puede
dar por terminado los contratos, cobrarse las garantías (de u$s100 millones) y
quedarse con las obras en el nivel de avance en que estén. Pero la idea no es
llegar a eso, como para salvar algo. Representan cerca el 30% de las inversiones
previstas para el año próximo, que en el cronograma original era unos u$s2.789
millones (ver cuadro). Los PPP contemplaban también licitaciones para la
construcción de líneas de transmisión eléctrica; obras de agua, saneamiento y
vivienda; complejos penitenciarios e inversiones en ferrocarriles. Una señal no
alentadora la dieron el martes cuando se anunció mediante un sistema de
licitación normal la obra de la represa Portezuelo del Viento, en Mendoza, que
estaba prevista hacerla por PPP.
No hace mas de 10 días, el
Gobierno anunciaba que el jefe de Gabinete, Marcos Peña, iba a concentrar el
manejo del programa, bajo el argumento de que había demoras en las
licitaciones. Ahora directamente queda todo suspendido. Solo habrá obras con
crédito de organismos.
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