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Por Daniel Muchnik - En este 2018 que ya se va se patentizó la
inestabilidad cambiaria y el tipo de cambio acumuló una suba superior al 120%.
Luego una cadena de realidades agravó el tiempo que vivimos.
El Gobierno tuvo que negociar, en dos
oportunidades, ayuda con el Fondo Monetario Internacional para serenar los
ánimos y el organismo financiero impuso, con consentimiento argentino, un plan
restrictivo que terminó ahogando a la población en todos los sentidos
posibles.
Hubo una depreciación del salario de casi un
7% a lo largo de los 12 meses, que las paritarias no lograron cubrir. También
las arcas estatales y privadas sufrieron en el campo: la sequía se llevó gran
parte de la cosecha de maíz y soja, cereales que son moneda de cambio en el
comercio mundial. Nos quedamos sin esos ingresos interesantes que, sumados a
otros, hubieran aliviado un poco la tensión en la que estuvo sumida la nación.
En 2018 el Producto Bruto Argentina se derrumbó un
2,3 y este bajón que se sintió a partir de la recesión, la merma de la
producción industrial, el cierre de comercios, la pérdida de empleos, el incremento
de las tarifas, la altísima presión impositiva, las altas tasas de interés que
arruinaron a muchas empresas, se trasladará al 2019 (para ese año los cálculos
hablan de un achique del PBI del 3%) si es que las cosas no empeoran.
Según un informe de la consultora ECOLATINA, la
mejora del tipo de cambio y una mejor o estupenda cosecha elevarán el puntaje
de nuestras exportaciones el año que viene.
Quizás, con la esperanza de un mayor crecimiento de
Brasil
(se estima) y el desarrollo de Vaca Muerta, traccionaría en la Argentina a la
industria pesada estrechamente unida a la actividad productiva con aceros y
maquinarias. "Más allá de eso -explica la consultora- los dos componentes
de la demanda interna, consumo e inversión no muestran perspectivas
alentadoras de cara al 2019".
Siguiendo esta línea de reflexión al salario real
le faltará una pata en la primera mitad del año próximo por lo que -si las
condiciones o las suertes o los dioses ayudan- en el segundo semestre podría
superar los escollos. La inversión también será golpeada. Sólo Vaca
Muerta necesita inversiones de 11.000 millones de dólares al año, cifra que un
mundo expectante y paralizado sobre las elecciones en diciembre de 2019, parece
muy difícil de conseguir. Muchas sonrisas en el encuentro del G20 pero a la
hora de la ayuda a la Argentina hubo silencio de radio. Excepciones fueron
China y Rusia.
Un dato a tener en cuenta : la infraestructura
estatal se achicará, una rareza en tiempos electorales. De allí el apuro
por concluir las obras ya empezadas en la Capital Federal y en otros puntos del
país. Hay otras visiones más optimistas : por ejemplo, son las que dicen que la
inflación podría desacelerarse. El gobierno quiere que sea del 23 por ciento
anual. Los expertos aseguran que superará el 30 por ciento, sin duda mejor que
el costo de vida altísimo del 2018. Pero la baja, dicen todos, será muy lenta,
especialmente en alimentos.
El estancamiento no se detendrá, Pero, los
optimistas continúan, habrá sectores que estarán mejor que otros. Eso sí: nuevos
empleos ni soñando. Las expectativas de toma de personal para los primeros
meses del 2019 serán las peores de lo últimos 12 años.
Más allá de eso, las empresas, en su gran
mayoría no prevén ni contratar ni despedir. Es lógico que ello ocurra porque
conseguir personal especializado en el manejo de maquinarias es difícil y cada
compañía tiene su estilo. Esto viene a confirmar que los desocupados que llevan
tiempo sin poder reingresar a las líneas de montaje quedarán desplazados para
siempre porque no están al tanto de los cambios tecnológicos en numerosas
expresiones de la producción. Serán desocupados permanentes si es que no tienen
iniciativa de buscar otras ocupaciones.
Economistas que escriben o aportan pronósticos
aceptan que los salarios perderán este año un 14 por ciento de poder
adquisitivo, que en 2019 podrían crecer un 5 por ciento.
Como ya se sabe, la economía no es una ciencia exacta,
pero imperan indicadores donde se puede pronosticar cómo viene la mano. Así,
para que Argentina logre estabilidad, el dólar no puede sobrepasar las bandas
en las cuales se dispuso su desplazamiento. Si siguen las tasas en el 70%,
si el sector bancario no pone más esfuerzo y comprensión, no aparecerán las
modificaciones positivas que todos esperamos. En el panorama que se vislumbra,
las ventas y especialmente las de bienes durables no mejorarán.
El partido gobernante está dispuesto a ganar las
próximas elecciones sea quien sea el contrincante (aunque todos esperan, si no
hay cambios, que a Cristina Fernández no le quitarán los fueros).
Pero ¿podrá pilotear ese deseo, evitando que el avión se caiga por el excesivo
peso de una recesión que no cesa? Juegan innumerables factores. El gobierno
apostó demasiado, en medio de la crisis. Más allá que los últimos sondeos
afirman que mejoró la imagen presidencial al erigir a la ex presidente como
partícipe del combate.
Por el momento respira tranquilo porque el
peronismo está muy dividido, ¿pero qué pasará si ese movimiento huele cerca el
poder? ¿no hará cualquier cosa con tal de acercarse a Balcarce 50?
Si Mauricio Macri y sus hombres creen que mostrando
la corrupción cristinista les aportará votantes deberá pedir nuevas encuestas,
a las que están acostumbrados, para saber si efectivamente el factor "robo
de las arcas fiscales" les importa en demasía a quienes quieren a la viuda
de Néstor Kirchner en la Casa de Gobierno.
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