|
Por Claudio Zlotnik - El
funcionario lo admite de entrada: "No veo la hora de que termine el
año". No hace falta entrar en detalles para entender las razones de ese
deseo, expresado a viva voz y sin que mediara ninguna pregunta.
Una de las
figuras clave del equipo económico admite que nunca imaginó este 2018, por
momentos dramático. Y que el 2019 "plantea enormes desafíos en el campo de
la economía, las finanzas pero también en política".
Los funcionarios se preparan
para el año de las urnas. Saben que todo lo que se haga será clave para las
aspiraciones reeleccionistas de Macri. Y que cualquier movimiento en falso
podría terminar con esas chances.
En este marco, se abren
cantidad de interrogantes: ¿cómo "la ven" para adelante quienes
manejan los hilos de la economía, más allá de las previsibles declaraciones
públicas?
¿Esperan una fuerte salida de
capitales, una dolarización de ahorristas tal que desemboque en mayores
tensiones cambiarias?¿Puede sobrevenir una nueva devaluación? ¿Bajarán las
tasas de interés? ¿O, por el contrario, hay ahora un buen margen para evitar
otro salto del billete verde en plena campaña?
Uno de esos
"gerentes" de la economía –quien ha sido clave en las negociaciones
con el FMI y con las decisiones tomadas en medio de la crisis– acepta el diálogo franco con iProfesional,
a condición de que se respete el anonimato.
La primera definición revela
el consenso que existe en el equipo: "La
Argentina está frágil y así seguirá hasta las elecciones".
- ¿Por qué frágil?
- "Las elecciones son analizadas como binarias: o gana
nuestro modelo, respetuoso de las reglas y de los mercados, o vuelve el
populismo. Esa es la lectura de los inversores. Significa que debemos
transitar el próximo año con mucha cautela. Cualquier traspié puede ser muy costoso".
- ¿A qué denomina traspié?
- "Al regreso de la volatilidad.
Si llegase a ser alta, puede generar una ruptura del esquema actual y eso
podría ser el principio del fin".
Las primeras definiciones del
funcionario, clave en la toma de decisiones económicas, no deja ningún espacio
para la duda: la prioridad número uno del
Gobierno para 2019 será la estabilización cambiaria.
En otras palabras, mantener
al dólar en calma, sin sobresaltos.
Desde Macri para abajo, todo el Gobierno cree que tanto la gobernabilidad como
las chances electorales crecerán en la medida en que el billetese mantenga en
valores previsibles. O, lo que es lo mismo, en la zona de "no
intervención".
Es que
cuando la divisa estadounidense sube en la Argentina, da la sensación de una
pérdida de control. Macri ya lo sufrió varias
veces. En medio de la contienda electoral, un revival de esto sería letal para
sus aspiraciones.
"En la previa
electoral, el único activo que tendremos
para mostrar será la baja de la inflación. Esto, junto con un dólar establedeben ser la columna
vertebral de la campañaen el plano económico", asegura la fuente.
En el Gobierno, la idea que
prevalece es clara: habrá conformismo si la inflación 2019 se encamina a la
pauta del 23% -o hasta algún punto adicional- escrita en el Presupuesto.
La pregunta entonces cae de
maduro: ¿Y el nivel de actividad? ¿Hay chances de una mejora que se note en los
alicaídos bolsillos?
Precisamente, el diálogo deriva en los audibles reclamos para que,
en lo inmediato, baje la tasa de interés, que emanan desde la
Unión Industrial, los comerciantes y también del propio ministro de Producción
y Trabajo, Dante Sica.
A no confundirse: la voz de
Sica no representa a los sectores productivos, que protestan por el asfixiante
costo financiero. Expresa la preocupación de varios integrantes del Gabinete
nacional por la extensión y profundidad de la recesión.
Para el ala política será todo
un acontecimiento, casi para los libros de historia, que un gobierno pueda
ganar una reelección en medio de un ciclo recesivo.
Al respecto, la fuente del
equipo económico se muestra, por un lado, duro al privilegiar una visión
técnica de la crisis. Por otro, deja entrever una
opinión que, en sus propias palabras, resulta "esperanzadora".
"Seremos inmutables a la
presión política", asegura. "Hay que
comprender que es preferible pagar el costo que implica un menor nivel de
actividad a tener que enfrentar una nueva corrida, que sería muy
difícil frenarla. Ya recurrimos al Fondo. No tenemos margen para ser
flexibles", asegura.
Según el equipo económico, las
tasas reales positivas son -junto con una política monetaria híper restrictiva-
la mejor vacuna contra una eventual corrida. Es lo que ya se está
percibiendo: sin pesos en la calle, ni las empresas ni
las personas cuentan con excedente para dolarizarse.
Ahí es cuando viene la
pregunta del millón: ¿Y qué pasa si, por algún motivo, los ahorristas deciden
cancelar sus plazos fijos y pasarse a "moneda dura"? Según algunos
miembros del gremio de economistas, como Carlos Rodríguez, sería el comienzo
del fin.
En el Gobierno -y también en
el Banco Central- tienen otro análisis. Y otros números.Concretamente, la
evaluación que hacen es que es casi imposible que ahorristas dolaricen plazos
fijos. Es decir, que el público y las empresas rescaten sus depósitos para
comprar moneda estadounidense.
Según las cuentas que hacen en
el BCRA, los depósitos que subsisten en el sistema pudieron pasarse a dólares
durante las dos corridas cambiarias (mayo y septiembre). Si no lo hicieron, es
porque se trata de dinero que el público necesita. Es decir, que no es ahorro
de largo alcance.
Este dato es clave para el
futuro cercano. Significa que el Banco
Central desestima la chance de una nueva corrida en plena campaña electoral.
Claro, mientras no se modifique la regla de la cautela monetaria.
A lo sumo, destacan en la
autoridad monetaria, la única demanda
potencial de dólares proveniente de los depósitos refiere al dinero que ingresó
a los bancos en el trimestre octubre-diciembre.
Durante estos casi 90 días,
los plazos fijos se expandieron cerca de $160.000 millones. El equivalente a
u$s4.000 millones.
En la autoridad monetaria
confían en que esa masa de pesos es la única que
–potencialmente– podría correr al billete verdesi vuelve la incertidumbre
cambiaria. Y, de ser así, el BCRA podría hacer frente a ese ritmo dolarizador
sin ningún problema.
"Tenemos un poder de fuego
muy superior: de u$s9.000 millones, para el caso de que el tipo de cambio se
escape del límite superior de la banda cambiaria".
Dicha banda cierra el año con
un techo de $48 mientras que el dólar cotiza en torno de los $39 ($38
el mayorista).
A su vez, el Banco Central
tiene también espacio para intervenir en el mercado de futuros, yasí pinchar una
eventual presión especulativa.
Los años electorales fueron
mucho más agresivos, a la hora de hablar de la fuga de capitales: durante 2011
(Cristina Kirchner reelecta con el 54% de los votos), la dolarización superó
los u$s20.000 millones.
En 2015 sucedió algo similar.
Y el año pasado se potenció, a pesar de que sólo se elegían cargos
legislativos: superó los u$s22.000 millones.
¿Por qué el año que viene no
podría suceder lo mismo? ¿O incluso peor, teniendo en cuenta que es muy
probable que el próximo mandatario se defina entre modelos tan disímiles?
La respuesta a ese planteo hay
que rastrearla en lo mencionado más arriba: la
inexistencia (aparente) de pesos libres para desatar una demanda
de billetes verdes que sea perturbadora, en medio de el plan "emisión
cero" del Banco Central y las elevadas tasas de interés.
Una muestra de que el
escenario cambiario estará tranquilo es lo ocurrido en las últimas jornadas,
aseguran en el Gobierno: pese a que el índice de riesgo país saltó anivel
récord en la era Macri, la pax cambiaria aguantó sin tensiones, resultado del
apretón monetario.
Lo mismo, en el Gabinete
nacional nadie canta victoria. Falta mucho para las elecciones. Y, tras lo
ocurrido desde mayo último, a todos les quedó bien en claro que este partido se
disputa día a día.
|