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Por Mariano
Cuparo Ortiz - El Gobierno y el FMI prevén
un 2019 con las Reservas cerrando el año en u$s53.500 millones netos. Es
decir, con una caída de apenas u$s13.000 millones respecto al nivel récord que
se alcanzó sobre el cierre de la semana pasada. Son clara mayoría los analistas
que prevén que semejante escenario será difícil de lograr durante un año
eleccionario cuyo destino luce polarizado. Tal como viene mostrando la dinámica
de la variación del stock de Reservas,
todo lo que entra tiende a salir y el 2019 cerraría con u$s48.158 millones, en
un escenario realista, o con u$s24.243 millones en uno pesimista.
Una clave para comprender lo
que deparará el 2019 en materia de divisas es que el desembolso del FMI efectivamente
alcanza para cerrar el programa financiero del año. Pero ese cálculo no toma en
cuenta lo que pueda ocurrir con la fuga de capitales, que este año alcanzó el
récord histórico y cerró noviembre en u$s26.367 millones.
En ese sentido, un informe del
CESO calculó que, en un escenario más realista, el desfasaje llegaría a
u$s18.172 millones. Y es que sumando vencimientos de capital de bonos, Letes y
compromisos con organismos internacionales, más los intereses, la presión sobre
las Reservas es de u$s39.146 millones. Pero a ese número se
le debe restar un potencial roll-over, que el CESO estimó en 50%, en base al
actual escenario de tasa de interés, que parece prometer un año complicado en
materia de renovaciones.
Lo explicó el economista
Estanislao Malic: "A cortísimo plazo se sabe que Argentina puede pagar y
por eso ofrece 5%. A mediano plazo ya hay una curva de intereses que es
prácticamente de default, donde los bonos más cortos, como el Bonar 2024 están
pagando 14,27% y uno mucho más largo como el Par, que vence en 2038, paga
10,92%. Los largos pagan menos que los cortos. Está invertida la curva. Eso se
da porque cuando se espera una reestructuración a los inversores les conviene
tener bonos largos en vez de cortos. Sube su precio y cae el interés".
Con esa tasa de roll-over de
50%, las necesidades que generarían los vencimientos serían de u$s19.573
millones. Es decir, un número que los ingresos del FMI,
por u$s22.700 millones alcanzarían a cubrir, tal como espera el Gobierno. El
problema, tal lo dicho, es la fuga: el CESO la estima en u$s21.000 millones en
base al año eleccionario sin regulación sobre el mercado de cambios. A eso se
le debe sumar lo que pueda salir por las inversiones de extranjeros, cuyo stock
actual se calcula en u$s4.000 millones, más la remisión de utilidades y una
balanza comercial de ajuste que aportaría u$s5.000 millones.
Hasta ahí el escenario más
"realista". El "pesimista" indaga sobre la posibilidad de
que la fuga de capitales se traslade a los depósitos en dólares. Que haya una
salida desde los depósitos, contradiciendo la dinámica del 2018, año en el que
la compra de dólares para atesoramiento alimentó a los depósitos vía home
banking. Si se calcula un roll-over algo más flaco, de 40%, una salida de
u$s15.000 millones desde los depósitos en dólares y una fuga en u$s25.000
millones, las reservas cerrarían el año en u$s24.243 millones.
"Uno no sabe lo que va a
pasar pero la curva de tasas hace que uno se pregunte sobre el tema. Ahí la
corrida sería exponencial. Ese es el gran riesgo: que la corrida se haga
bancaria. En 2001 no pasó: había u$s46.000 millones en depósitos y quedaron
u$s44.000 millones. El tema es que la lógica es la contraria porque en
Argentina las Reservas no pueden quedar por debajo de u$s30.000
millones. Las famosas netas quedarían en negativo y no se podría responder a
los depósitos", sostuvo Malic.
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