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Por Pablo Wende
- De los cuatro funcionarios encargados de anunciar el cambio de las metas de
inflación, sólo quedan dos. En el camino quedaron el entonces titular del
Central, Federico Sturzenegger, y quien se desempeñaba entonces como
ministro de Finanzas, Luis Caputo. Aquella decisión, que luego
quedaría patentada como "28-D", generó todo tipo de controversias y
especulaciones. Los efectos se sienten hasta hoy, aunque la polémica
continúa: ¿era necesario modificar la meta del 10% al 15%, o fue una decisión
errónea que generó consecuencias mucho más graves?
De lo que no hay mayores
dudas es que se trató del primero de una serie de eventos desafortunados
que golpearon duramente la credibilidad de los inversores en el Gobierno. Luego
llegarían la aplicación del impuesto a la renta financiera sobre Lebac para extranjeros
(que generaron una verdadero efecto "Puerta 12") y la decisión del
Central de salir a vender más de USD 2.000 millones para sostener un dólar a
$20,50, cuando el resto de las monedas emergentes sufrían fuertes
depreciaciones.
El "pecado original"
que acentuó la crisis, sin embargo, estaba relacionado con un desequilibrio no
atacado de la economía argentina: un déficit de cuenta corriente de 5,5%
del PBI, el más alto entre los emergentes. Y que finalmente terminó
desnudando la dependencia de la Argentina del financiamiento externo para hacer
frente al déficit fiscal y la gran salida de dólares.
Pero a fines de diciembre
pasado, nada de esto todavía había quedado expuesto. El Gobierno todavía
festejaba el resultado de una gran victoria electoral y todo indicaba que había
"gradualismo" para rato. Aquel 28-D fue intrepretado como una
decisión del equipo económico, pero también del ala política del Gobierno, de
presionar al Banco Central para que baje más rápido las tasas de interés.
Si ya no había tanta presión por bajar la inflación desde el 25% del 2017 al
10% planteado originalmente en 2018, entonces se podía llevar adelante una
política monetaria más laxa.
Pero los protagonistas que
tomaron aquella decisión lo ven bajo una óptica totalmente diferente. En aquel
momento, y también ahora, critican la policía de metas de inflación
implementada por el titular del BCRA, Federico Sturzenegger. No sólo
habían generado un fuerte atraso cambiario, sino que además alimentaba
peligrosamente el "Frankestein" de las Lebac.
Un año después ya no existen
más las metas de inflación, sino que fueron reemplazadas por un esquema ideado
en conjunto entre el Gobierno y el FMI de metas de agregados monetarios. El 10%
original y luego el 15% que se anunció el 28-D quedaron en el olvido. La
inflación este año llegaría al 48%, más del triple de lo anunciado hace
exactamente un año.
Mucho se habló de aquella
famosa reunió que agrupó por última vez en público a cuatro de los principales
referentes tanto económicos como políticos.
Estos son algunos mitos y
realidades que rodearon aquel anuncio:
En realidad, quien tomó
la decisión de modificar la meta de 10% de inflación para 2018 fue Nicolás
Dujovne. Las discusiones de la "mesa chica" del equipo económico se
venían manteniendo desde las elecciones legislativas. Y varias veces se habló
del tema en Olivos con Mauricio Macri. Sin embargo, no había acuerdo cuál
debía ser el momento para efectivizar el anuncio.
"El problema principal
era que Federico (por Sturzenegger) había dicho que la meta del 10% era
inamovible, por lo que había quedado atrapado en su discurso", reconocerían
después varias fuentes del equipo económico. Finalmente el ministro de Hacienda
fue quien decidió que no tenía sentido mantener una meta de inflación
artificial.
"Fue un error que el
Central sea quien fije la meta de inflación, cuando en todos los países se
establece a través del Ejecutivo", señalaría luego el funcionario. ¿Por
qué participó Peña del anuncio? La idea fue mostrar cohesión de equipo y que
todo había sido consensuado. Por otra parte, dos de sus alfiles habían
participado de las discusiones previas y coincidían en que había que salir de
aquella meta incumplible: Gustavo Lopetegui, vicejefe de Gabinete, y Vladimir
Werning, el economista que dejó un alto cargo del JP Morgan para sumarse al Gobierno.
En ningún momento el titular
del Central amagó con irse. Sin embargo, sí objetó que su credibilidad
quedaría dañada, luego de haber reiterado en varias ocasiones que no se movería
de la meta de 10%, con una diferencia para arriba o para abajo de 2 puntos.
Además, quedó muy aislado del resto del equipo económico, aunque Macri lo
sostuvo hasta pocos días antes de su renuncia, a mediados de junio.
Luego de la modificación de la
meta, su relación con Dujovne (que venía apoyando la política de tasas
relativamente altas para dominar la inflación) ya había quedado dañada
irremediablemente. Quienes lo acompañaron en la gestión a Sturzenegger
reconocen que no les quedaba otro remedio y que la meta de inflación había
quedado desactualizada, teniendo en cuenta que el 2017 había terminado en 25%.
Sin embargo, también
consideran un serio error haberse apurado a bajar las tasas en los primeros
días de enero, menos de diez días después del anuncio. Aquella
determinación aumentó la sensación de que la autonomía del Central había
quedado vulnerada. Y además la inflación de diciembre había mostrado un repunte,
por lo que no había mucho espacio para rebajas adicionales. Luego llegarían las
crisis cambiarias y la necesidad de aumentar las tasas sucesivamente, a medida
que también había más presión sobre los precios.
Es casi absurdo determinar que
lo ocurrido este año es por culpa del cambio de la meta de inflación, teniendo
en cuenta que nadie creía de antemano que podría descender al 10%.
Pero por otro lado, aquel
anuncio llamó la atención de los inversores, significó un cambio de las reglas
de juego que hasta ese momento venía desarrollando el gobierno de Cambiemos y
tomó a muchos por sorpresa.
Pero luego sucedieron varios
episodios que contribuyeron para alimentar la desconfianza. Sería injusto
atribuir a aquel malogrado anuncia toda o buena parte de la culpa de la crisis
que luego atravesaría la Argentina, incluyendo una gran devaluación, fuerte
salto inflacionario y un paquete millonario de ayuda con el FMI.
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