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Por Esteban Vaughan - El mercado
inmobiliario cerrará el año con signo negativo e intenta de alguna forma mirar
hacia algún lugar que le ofrezca, al menos, una posibilidad de mejora.
Para agentes y desarrolladores el año “terminó” hace ya algunos meses.
La barrera de acceso a los créditos hipotecarios UVA queda cada vez más alta, y
ya no son el motor que durante la primera parte de 2018 empujó la venta de
inmuebles.
Tampoco se ven grandes inversores que ayuden a mover el negocio, tal
como ocurrió en momentos en que el crédito hipotecario tampoco afloraba.
Entonces, al menos, estos grupos mantenían vivo al mundo de los ladrillos.
Hoy, todos los ojos están puestos en lo que pueda
pasar con el campo, un segmento que acostumbra a volcar buena parte de su
dinero al mercado inmobiliario y que, además, tiene perspectivas favorables
para el año que viene.
“Históricamente el campo tiene una participación interesante dentro del
real estate, pero tal vez ahora las expectativas se centran más allí por una
cuestión de necesidad. El año del mercado inmobiliario fue muy malo y
entendemos que el agro nos podría dar una mano”, reconoció a iProfesional Jorge
Toselli, titular de Toselli Propiedades.
Este efecto positivo, sin embargo, no será equilibrado en toda la
Capital Federal. Los especialistas señalan que se verá, especialmente, en
aquellas zonas cercanas a facultades y universidades.
“Por lo general estas operaciones tienen que ver con la compra de
unidades para los hijos de productores agropecuarios que llegan a Buenos Aires
a fin de comenzar alguna carrera”, dice Toselli.
Otros, sin embargo, eligen a los ladrillos como refugio de inversiones,
y allí sí amplían algo más las zonas elegidas para volcar su dinero.
Martín Boquete está al frente de la inmobiliaria Toribio Achával y va en
la misma dirección que Toselli. “Sin dudas,
una de las fuentes de las que esperamos lograr ingresos es el campo, básicamente
del productor de soja y trigo”, coincidió.
Que el mercado inmobiliario busque argumentos en el campo a la hora de
pensar en mejores resultados no es casual. Más allá de que ambos segmentos
están unidos desde hace tiempo, el muy mal momento de unos y las buenas
perspectivas de otro llevan a que desde el mundo de los ladrillos se busque esa
interacción.
Esperando la cosecha
De acuerdo con cifras que maneja la Bolsa de Comercio de Rosario, la cosecha de la campaña 2018/2019 alcanzará los 120
millones de toneladas (un 22% por encima de la última campaña), producto
de una siembra que aumentará en un millón de hectáreas en relación con la
temporada anterior.
De este modo, el valor bruto de la producción primaria llegaría a los
u$s23.200 millones y las exportaciones a u$s25.500 millones. Sin dudas, todas
cifras que mostrarán un segmento que atravesará por un buen camino.
En el otro rincón, tanto la realidad como las expectativas son
oscuras. El segmento inmobiliario cierra
el año con signo negativo y, lo que es peor, no tiene para el corto plazo
grandes esperanzas de mejora.
Diciembre terminó con una caída en el nivel de ventas que se mueve entre
el 45% y el 50% respecto de igual mes de 2017, mientras que en el conjunto de
2018 el descenso registró un retroceso cercano al 20%.
Y para 2019 todo hace pensar que, con una economía que, como mucho,
intentará subir algunos escalones, sumada a la cada vez más complicada
posibilidad de acceder a un préstamo hipotecario UVA, el panorama continuará
siendo complejo.
Armando Pepe, presidente del Colegio Único de Corredores Inmobiliarios
de la Ciudad de Buenos Aires (Cucicba), también acepta la posibilidad de que el
campo le dé una mano a inmobiliarias y desarrolladores, aunque pone algunos
paños fríos respecto de esta ilusión.
“El campo hizo siempre un aporte al
sector y nuestra realidad indica que hoy nos vendría muy bien que se activaran
las ventas desde cualquier lado. Pero tampoco podemos centrar toda
nuestra expectativa en un sector”, dice Pepe.
“Si al campo le cae una helada,
por ejemplo, las previsiones de cosecha se hunden y todo el sueño que teníamos
se derrumba. Lo que también es cierto es que, debido a nuestra situación, hoy
tenemos casi la obligación de esperanzarnos en algo”, explica.
Iván Achával, titular de la inmobiliaria Achával Cornejo también muestra
sus expectativas en cuanto a la participación que pueda llegar a tener el campo
sobre el negocio del real estate.
“Siempre que al campo le fue bien, derramó en todas las industrias y,
desde ya, también en la nuestra en particular. En este momento, para nosotros
que al agro tenga muy buenas perspectivas representa una noticia muy alentadora
ya que nos permite tener una visión más positiva respecto de nuestro futuro
inmediato, dentro de un mercado muy quieto”, dice el empresario.
La mira puesta en el verano
Los primeros síntomas que permitirán ver hasta dónde llega el aporte que
el campo hará al sector del real estate, dice Toselli, se podrán comenzar a
percibir entre enero y febrero.
Quienes primero comienzan a aparecer por las inmobiliarias son los
productores agropecuarios con intenciones de comprar algún departamento para
hijos en edad de comenzar la universidad. Luego, llegará el turno de aquellos
que deciden volcar su dinero a una operación inmobiliaria.
Según estiman en el mercado –siempre tomando como base las zonas
cercanas a facultades y universidades-, entre
el 70% y el 80% de las transacciones que se concretan durante el arranque del
año tiene que ver con fondos que provienen del agro.
Esta ecuación tiene un peso particular en años “normales”, pero toman
mayor preponderancia en momentos como el actual, cuando las ventas no abundan.
En caso de que efectivamente se configure el positivo panorama previsto,
se registrará al mismo tiempo un cambio respecto de lo ocurrido en el verano de
2018. Entonces, la previa de ese momento había sido un 2017 muy bueno en cuanto
a ventas, aunque muy flojo para el campo.
Desde ya, el mercado inmobiliario sintió la falta de participación del
campo, aunque al haber registrado un buen número de ventas durante el año el
golpe no fue tan fuerte. Pero en esta oportunidad, al haber registrado muy
malos números durante el año, la situación es diferente.
“Si al mal año que pasamos le
tuviéramos que sumar un negativo momento del campo, no se qué haríamos.
Realmente estaríamos frente a una situación caótica. Por suerte, hoy no se dan
ambas situaciones”, sostiene Toselli.
¿Hacia dónde apuntan los productores agropecuarios a la hora de definir
el futuro de su dinero? Por lo general, el foco está puesto en los inmuebles de
entre dos y tres ambientes, por los que invierten entre u$s120.000 y u$s160.000
Incluso, muchos de los productores rurales que llegan a Capital Federal
para invertir su dinero tienen a su favor un factor clave. En su gran mayoría
cuentan con el dinero en mano, lo que les da grandes posibilidades para pelear
precios.
Hoy, con el freno que se observa en las ventas, es muy posible conseguir
rebajas en los departamentos. Este descuento habitualmente puede alcanzar un 5%
en un mercado sin los sobresaltos que presenta el actual, aunque el bajo nivel
de ventas actual abre la oportunidad de alcanzar rebajas que se pueden mover
entre el 10% y el 15%.
Martín Boquete coincide con esta apreciación y explica la fuerte
necesidad de ventas por la que atraviesa el mercado.
“El nivel de actividad bajó mucho
debido a la falta de créditos y la baja que se registra en la economía, sumadas
a la desconfianza que hay respecto del progreso de la situación del país.
Comenzar el año con buenos signos para nosotros sería fundamental”, afirma el
especialista.
Armando Pepe también se refiere a la compleja actualidad del negocio
inmobiliario y a la imperiosa necesidad de cerrar operaciones.
“Es todo muy complicado; índices como inflación, desempleo y riesgo país
son negativos y todo esto genera un contexto totalmente inadecuado para firmar
transacciones. Para 2018 se aprobaron nada menos que 2.230 obras, pero el
inversor no aparece”, indica.
Y si de necesidad de ventas se trata, Toselli ofrece una muy buena
comparación. “Se vende muy poco, por lo que en
algunos casos muchos viven de los alquileres, algo prácticamente imposible.
Para tener una idea de la diferencia entre una y otra operación, por cada venta
que hacemos, nuestra comisión representa lo que nos queda por 25 alquileres. La
diferencia es demasiado grande”, apuntó.
Tal vez, como hace tiempo no ocurría, hoy el mercado de los ladrillos
reza para que el negocio agropecuario tenga un año inmejorable y bata todos los
récords.
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