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Por Luis
Beldi - La semana terminó con un viernes de euforia en Estados Unidos y
las jugadas que se hicieron a futuro durante el fin de semana indican que sigue
ese espíritu entre los inversores, pero más aplacado.
El lunes y el martes serán días clave en Estados Unidos y en la
Argentina. Además de comenzar las dos primeras ruedas de negociación en alto
nivel para terminar con la guerra comercial entre Estados Unidos y China, en
Buenos Aires, al mismo tiempo, se licitarán Letras del Tesoro en dólares
(Letes) que, a diferencia de las anteriores licitaciones donde se permitía
pagarlas en pesos -y tener una leve ganancia en el tipo de cambio- ahora solo
se aceptarán dólares. La otra diferencia es el plazo. Estas Letes son a 7 meses
y pagarán una tasa de 4,75% anual. Si se las compara con el Bonar 2019 que
vence en abril y tiene un rendimiento de 3,74%, estos títulos no son tan
convenientes. Además, vencen antes de las PASO, otro dato clave.
Pero, a diferencia de las anteriores Letes, estas se licitan después que venció
el impuesto a los Bienes Personales que, al no alcanzar a los títulos, ahorraba
0,50%. Este ahorro antes se sumaba a la tasa.
El evento llega en un momento en que el dólar está casi en el límite
inferior de la banda de flotación y los exportadores están advirtiendo
sobre el atraso cambiario y la imposibilidad de hacer nuevas siembras con
estas tasas de interés.
La presión para que el Banco Central baje las tasas
y eleve el dólar hacia la parte media de la banda es grande y la licitación de
Letras será un buen espejo para mirarse.
En el Central manejan las tasas como al cristal. El temor a que el
dólar y la inflación se disparen es grande. Además, el ajuste de tarifas se
hace en base a un dólar atrasado. Si se actualiza, las tarifas deberían
subir más. En el sector privado nadie cree que en 2019 la inflación baje de
30%.
No hay que olvidar que el mundo espera que siga la suba del petróleo no
solo porque hay esperanzas de un buen resultado de las negociaciones entre
chinos y norteamericanos, sino porque el mejor humor volcaría a los inversores
a la Bolsa y mejoraría la actividad económica. Si sube el petróleo,
debería seguir el ajuste de las tarifas de servicios públicos. Es decir,
la que se viene no sería la única suba del año.
Entre las buenas noticias para la Argentina, está que el presidente
de la Reserva Federal alejó algunos fantasmas sobre la suba de tasas de interés en
diciembre. Según lo anunció elípticamente Jerome Powell en 2019 habría una o
ninguna suba de tasas. Hasta setiembre, el mundo creía que iba a haber cuatro
alzas. Después de la crisis de Wall Street, comenzaron las presiones sobre el
Banco Central de Estados Unidos y se ablandó la política monetaria.
De esta manera, cabe esperar un dólar más bajo frente a las demás
monedas del mundo. Esto no implica que la Argentina retrase su tipo de cambio,
porque es donde se vuelve a incubar la crisis que se quiere combatir y que
nació de un dólar bajo y tasas altas. Si se detiene la suba de tasas en
Estados Unidos volverá el apetito por los bonos de emergentes y bajará el costo
de la deuda.
Los futuros de las bolsas norteamericanas mostraron el fin de semana
subas moderadas y generalizadas. En China, las apuestas al lunes muestran
mejoras cercanas a 2%. Europa también es optimista y la Argentina puede
contagiarse, aunque tres rubros son los preferidos de los inversores locales, empresas
de gas y electricidad, petroleras y bancos.
La caída del riesgo país de casi cien puntos, que trajo optimismo al
mercado, pero no hace bajar a la Argentina del podio de los más riesgosos, se
debió a que los bonos bajaron menos que el dólar y mejoró su paridad. Por eso
no hay que hacer hincapié en que hay más confianza en el futuro, porque depende
más del resultado de las elecciones presidenciales que de la economía.
El riesgo va a seguir siendo elevado y esa es la verdadera medida de lo
que el inversor piensa de la Argentina. Las Letes pueden funcionar bien porque
vencen antes de los días críticos. Pero, ¿qué pasará si a su vencimiento no se
renuevan?
La atenuación de la crisis internacional ayudará a que se prolongue un
tiempo más la preferencia por el plazo fijo y a que se aleje la tentación por
hacerse de dólares. Pero para que esa presunción sea más firme, debería
probarse con una baja de las tasas de interés.
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