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Por Jorge Herrera - Que el FMI
pueda llegar a hacer la vista gorda en “algunas cosas” no significa que el
Gobierno tenga demasiado margen de maniobra como para no cumplir con lo
pactado. Ocurre que en el último día hábil de 2018 el Banco Central registró una compra de divisas al
Tesoro por el equivalente a $43.699 millones (al tipo de cambio del día serían
unos u$s1.156 millones). Cabe recordar que en la previa de Navidad el FMI envió
el tercer y último desembolso del año (u$s7.627 millones). Si bien a los
analistas no les sorprende que el Tesoro utilizara parte de las divisas del
Fondo para cubrir el déficit fiscal y así cerrar el año, si generó
ruido la forma en que lo hizo. Porque se había acordado con el Fondo que en el
caso de que el Tesoro necesitara hacerse de pesos a cambio de divisas, para
afrontar gastos corrientes, se realizarían subastas
con el fin de evitar discrecionalidad.
Ese día, la base monetaria registró una expansión de $25.901 millones,
producto de dicha compra de divisas al Tesoro que, en parte, fue compensada vía
Pases (-$12.129 millones) y vía Leliq (-$8.720 millones). Claro que también el
28 de diciembre hubo expansión por pago de intereses ( $3.000 millones) y otros
$776 millones de otras operaciones con el Tesoro. Según Econviews en un
comunicado posterior se aclaró que fue una medida excepcional con el objeto de
“no utilizar recursos disponibles en pesos debajo de un límite razonable de
liquidez remanente para gastos diarios que el Tesoro mantiene con el Banco
Nación”. Por lo que esta venta de divisas no pondría en riesgo el cumplimiento
de la meta de base de enero y los pesos excedentes se absorberían.
Si bien no hay que ser más papista que el Papa, tampoco el horno no está
para bollos. Debe haber flexiblidad pero está claro que los mercados no
perdonarán ninguna avivada o artilugio como antes.
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