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Por Carlos Burgueño - La jueza
norteamericana Loreta Preska, que heredó el sillón que en su momento ocupara
Thomas Griesa, tiene en sus manos la posibilidad de desatar un nuevo escándalo
de corrupción en la Argentina. La magistrada de primera instancia del segundo
distrito sur de Nueva York, que tendrá en su poder la resolución final de la
causa que el fondo Burford le está siguiendo al país por la reestatización
de YPF en
2012, podría decidir la apertura de los accionistas totales que litigan contra
el país, antes de pagar o de rechazar la liquidación que reclaman los
demandantes, y que podría llegar a los u$s3.000 millones. Esto pasará si Preska
habilita el mecanismo de “Discovery Process” por el cual se requeriría que los
accionistas que tienen acciones del litigio iniciado por Burford Capital,
blanqueen su identidad ante el tribunal, como condición anterior a recibir el
dinero. Si esto sucediera, se conocerían quienes son, con nombre y apellido,
los litigantes contra el país asociados con el fondo Burford que comanda las
acciones legales. En ese listado, se sospecha tanto en Buenos Aires como en el
propio tribunal de Nueva York, los nombres que podrían aparecer serían
sorpresivos y podrían incluir incluso apostadores locales en contra del país,
en una inversión con potencial de ganancia megamillonaria y cuya suerte
dependería de lo que resuelva Preska. En tiempos de especulación podría incluso
pensarse que podría haber en ese listado ex y actuales funcionarios, tanto del
gobierno de Cristina Fernández de Kirchner como de Mauricio Macri. También
empresarios y hombres de negocios en general. En todos los casos se trataría de
personas que intentaron especular a que Burford llevaría adelante el caso con
éxito y que la Argentina inevitablemente lo perdería, con lo que el país
estaría condenado a pagar una suma millonaria en dólares que le permitiría a
los accionistas apostadores una rentabilidad inédita a nivel mundial. Superaría
incluso, en dólares, la inflación en pesos acumulada durante el gobierno de
Mauricio Macri. Un negocio único a nivel mundial.
La decisión de la jueza de
Nueva York no será inmediata, y dependerá de la resolución final que tome la
Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos sobre el caso YPF. El lunes, el
máximo tribunal anunció que pedirá opinión al Solicitor General de los Estados
Unidos, sobre el reclamo de la Argentina de mudar la causa de los tribunales
norteamericanos a los del país. El gobierno de Donald Trump recibió ayer el
pedido a través del abogado Noel Francisco, representante del Ejecutivo de
EE.UU. ante el Supremo, quién se tomará su tiempo para dar una posición
oficial. Se especulaba ayer en Washington que el dictamen final del gobierno de
Trump se conocería recién en el segundo semestre del año. Quizá más cerca de
octubre. La Corte tomará luego inmediatamente una de dos resoluciones: o
rechaza el pedido de la Argentina y la causa pasa a los tribunales de Preska o
el caso pasa a los jueces locales. Lo más probable es que suceda lo primero. Y
si eso pasa, llegaría el momento en que la jueza de primera instancia pueda
reclamar el Discovery.
La amplitud de ese
requerimiento dependerá de la decisión de la propia Preska, la que podría estar
influenciada por la vehemencia que una de las partes pueda reclamarle. Por
ejemplo, Argentina podría pedirle a la magistrada un pedido amplio para ejercer
el derecho a saber a quienes, con nombre y apellido, habrá que pagarle en el
caso de una sentencia final negativa. En ese momento será una cuestión de
Preska hacer el corte del pedido de información.
Podría reclamar que el listado
se limite a los tenedores de acciones al momento de ejecutar la eventual
liquidación. Esta opción le permitiría a los accionistas con identidad
complicada desprenderse durante este año, lo más rápido posible, de sus
posiciones y no figurar en el listado final. Así no se conocería su nombre,
pero no llegarían al final de la causa con la ganancia máxima que sentencie
eventualmente Preska. Igualmente la rentabilidad sería, en dólares,
extraordinaria. Sin embargo, otra posibilidad, sería que Preska decida una investigación
más a fondo y que comience reclamando datos desde el mismo momento en que se
privatizó YPF a comienzos de la década del 90. Podría también comenzar su
recorte más acá en el tiempo, a partir de la reestatización del 2012 y la
manera en que se resolvió dejar de lado en las negociaciones a los accionistas
que quedaron fuera de los pagos resueltos por el gobierno de Cristina Fernández
de Kirchner. Esto es, todos menos Repsol, que detentaba el 51% de las acciones.
Si la decisión de Preska es esta última, no importaría que los tenedores
complicados se apuren a desprenderse de sus tenencias en la causa, ya que
igualmente quedarían expuestos a aparecer en los listados. La definición
dependerá de la jueza, pero los abogados que representan a la Argentina podrían
eventualmente presentar escritos para reclamarle a la justicia de los Estados
Unidos la identidad de las personas a las cuales les va a pagar.
Lo mismo pasó con el juicio
contra los fondos buitre cerrado en abril de 2016 durante el gobierno de Mauricio
Macri. A instancias del entonces ministro de Hacienda y Finanzas Alfonso Prat
Gay, se le pidió a Griesa, y este concedió, la elaboración de un listado total
y detallado sobre quiénes eran los litigantes a los cuales el país les
liquidaría sus tenencias por el juicio iniciado luego del default del 2012.
La causa se originó a partir
de la aparición del fondo Burford Capital, una firma especialista en comprar a
bajo precio causas con potencial de litigio internacional. Este fondo le
adquirió a la justicia española, parte del manejo de la quiebra que las
empresas Petersen Energía Inversora y Petersen Energía, dos compañías que la
familia Eskenazy creó en ese país pero que al momento de la reestatización ya
había abandonado y cuya propiedad había quedado flotando en los tribunales
españoles. Luego, una vez adquirido el paquete a precio de remate, mudó sus
intereses a Nueva York. Precisamente al mismo tribunal en el que Argentina
litigaba contra los fondos buitre: el de Thomas Griesa. Sabía Burford que el juez
norteamericano le haría un lugar al reclamo, ante el malhumor generalizado que
en 2013 tenía Griesa contra el país por la batalla que el kirchnerismo hacía en
ese juzgado por la demanda contra los fondos buitre.
La causa se basa en el reclamo
de Burford por la manera en que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner
nacionalizó la petrolera sin realizar una Oferta Pública de Adquisición (OPA),
tal como figuraba en el estatuto definido en 1993 durante la privatización
impulsada por Carlos Menem. Allí el país se comprometía ante Wall Street, donde
se lanzó la oferta de las ADR de la petrolera, a que cualquier operación de
adquisición posterior de una porción de la petrolera argentina, obligaba a
hacer una oferta similar o superior por el total las acciones remanentes.
Durante la reestatización, el gobierno de Cristina de Kirchner no le dio
importancia a este punto. Tampoco el Congreso que aprobó la compra de sólo el
51% de las acciones.
Burford no es en realidad un
fondo de inversiones o directamente un fondo buitre al estilo Elliott o Dart,
sino que se trata de un sofisticado bufete de abogados con sede en Londres y
cotizante en la bolsa de esa ciudad. Se dedica a comprar juicios con altas
posibilidades de éxito, pero con una larga demora en el tiempo para su
resolución. La clave del negocio es que la adquisición de una causa no la hace
con capitales propios, sino con inversores que confían en su experiencia y
aportan un puñado de capitales en una acción legal determinada y en cualquier
mercado del mundo. Además de su sede en Londres y sucursales en varios países
como Estados Unidos y Singapur. Con el tiempo, los accionistas que acompañan
una causa pueden a su vez vender esos papeles o comprar una porción mayor.
También puede figurar como socios, los tenedores originales de las acciones
damnificadas y simplemente vender una parte de la causa global. Burford lo que
hace luego es administrar la venta y compra de esas acciones.
En el caso de YPF, se sabe que
sus socios tuvieron movimientos múltiples durante todos estos años. Incluso
Burford vendió en junio de 2017 el 15% de la causa en 440 millones de dólares,
luego de haber comprado todo el paquete por menos de 30 millones de dólares a
la justicia española. ¿Quién puede ser ese tercer actor que adquirió ese porcentaje?
El único que lo sabe es Burford. Podría ser un inversionista argentino o
extranjero. Podría ser cualquier fondo buitre, o cualquier persona o Holdout
que haya sido demandante al país en el “Juicio del Siglo” cerrado en 2016. O
incluso pude ser un ex o actual accionista de la empresa. O incluso una persona
en particular. Se trata en realidad de algo habitual en Burford; un fondo que
no es especialista en inversiones financieras (mucho menos en el mundo
energético o petrolero), sino que su expertice son los megajuicios por demandas
millonarias, en general, a compañías en quiebra o empresas en bancarrota que
tienen demandas anteriores sin definir y que necesitan efectivo para enfrentar
su cierre o concurso. Siempre hay accionistas de la causa que capitalizaron y
pueden elegir vender y capitalizar. Y, obviamente, otros quieren entrar. Para
juntar las partes, Burford realiza la tarea de trader y administrador y
garantiza el secreto de los participantes. Secreto que podría terminar si
Preska decide aplicar de manera profunda el proceso de Discovery.
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