|
Por Claudio Zlotnik - En
la Argentina de hoy no hay términos medios: de la brusca devaluación se pasa a
advertir sobre un posible atraso cambiario. Sin dejar de analizar la chance de
una nueva agitación en el mercado.
En ese amplio espectro se
mueven desde economistas independientes hasta los propios funcionarios. Y no es
que unos u otros hayan enloquecido. En verdad, todos asumen la fragilidad del
actual equilibrio económico y financiero.
Y así como
desde el Banco Central, Guido Sandleris y su vice, Gustavo Cañonero, monitorean
de cerca las municiones con las que disponen para hacer frente a una
eventual ola dolarizadora, los funcionarios también se preparan para
intervenir comprando hasta u$s50 millones diarios en caso de que el tipo de
cambio toque la banda inferior de la “tablita”.
Es el infierno o el cielo. En
las consultoras de la City, lo mismo que en el Gobierno, están muy atentos a la
dinámica de la crisis.
Se sabe, el Banco Central y la
Casa Rosada, se focalizaron en mantener estable el valor del dólar. Sandleris y Dujovne lo comentan en
cada diálogo con delegaciones de inversores que llegan a monitorear de cerca la
economía argentina.
Se trata del objetivo central
(¿acaso el único?) para llegar a las elecciones de octubre. De otra manera,
creen, Mauricio Macri no tendría chances de reelección.
La premisa cuenta a su favor
con el rígido esquema armado entre el BCRA y el Fondo Monetario Internacional
después de la última corrida, y que se puso en marcha hace casi 100 días. El
plan de “emisión cero” ayudó claramente a que la dolarización se redujera a la
mínima expresión.
Sin
embargo, algunos economistas sostienen que si la paridad cambiaria se eleva por
debajo de la inflación, en algún momento el “mercado” puede reaccionar frente a
ese atraso.
El argumento es que si
el dólar se "abarata"
demasiado rápido respecto de los precios, podría instalarse nuevamente la
desconfianza sobre la sostenibilidad del tipo de cambio y podría reiniciarse la
tendencia al atesoramiento de dólares, lo cual cambiaría por completo la
dinámica que se está observando en estos días.
¿Tormentas de verano?
Sin ir más
lejos, los próximos 100 o 120 días serán clave para ese monitoreo. De acuerdo a
las estimaciones de la consultora Eco Go -dirigida por Marina Dal Poggetto- y
de Ecolatina, la inflación mensual entre enero y abril rondará entre 2,8% y 3%.
Producto de los ajustes
tarifarios impulsados por el propio Ejecutivo, entonces, la inflación de la
primera etapa del año resultará más elevada que la prevista hasta hace algunas
semanas.
La “Teoría de Baumol &
Tobin” encaja con los dichos de Spotorno. Ese modelo se basa en la optimización
en el uso del efectivo. Una empresa, o el público en general, se queda en pesos
para costear sus transacciones ya que el ingreso y posterior egreso de
inversiones especulativas generan costos adicionales. Sólo se recurre a esos
movimientos en tiempos de gran incertidumbre o cuando todas las fichas están
puestas hacia un solo lado. Como puede ser cuando existe la certeza de una
devaluación inminente.
En el Banco Central analizan
el escenario con la misma óptica. Y le ponen números.
Sandleris
está convencido de que, con la aplicación del plan de emisión cero, ya no quedan
pesos en la calle para disparar una ola dolarizadora.
Y que, en
el peor de los casos, esas compras de dólares -motivada por la incertidumbre
electoral en medio de la campaña- tendría un límite. El jefe del Banco Central
habla de los $200.000 millones de depósitos a plazo fijo que ingresaron al
sistema financiero desde octubre.
¿Y el resto de los plazos
fijos? En los bancos hay casi $900.000 millones colocados en su mayoría a 30
días de plazo. Y en la Argentina sobran los ejemplos del comportamiento histérico
de los ahorristas en medio de una crisis y la incertidumbre.
Sandleris responde a sus
interlocutores: “Se podrían dolarizar los ahorros de los últimos meses, los que
entraron para aprovechar las altas tasas de interés. Esos $200.000 millones. El
resto no porque se trata de dinero transaccional de la gente. Lo necesita para
cubrir sus necesidades de pesos”.
Si así fuera, la dolarización tendría
un límite de unos u$s5.000 millones. “En ese caso, podríamos ver un sacudón en
el mercado cambiario, pero acotado”, analiza Spotorno en su diálogo con iProfesional.
El
economista recuerda que en la corrida de agosto-septiembre, los ahorristas
individuales y las empresas sacaron $200.000 millones de los bancos que estaban
en plazos fijos para comprar dólares.
“Si ahora se repitiese la
historia, el efecto no sería el mismo”, aventura Spotorno. “Una cosa es con
el dólar a $20 o $25 y otra muy distinta
es cuando la cotización ya subió a $39”, completa.
El temor al ciclo clásico
De todas formas, los
economistas de la City previenen sobre los efectos negativos de habilitar un
atraso del tipo de cambio, un clásico de los años electorales, sobre todo si
antes hubo una devaluación fuerte.
Desde
distintas ópticas y diagnósticos, tanto Guillermo Calvo como Orlando Ferreres y
Aldo Pignanelli advirtieron sobre un incipiente atraso cambiario.
"El dólar tendría que estar a 44 pesos”,
dijo sin vueltas el ex presidente del Banco Central.
“El dólar está bastante cerca del valor
que debería tener, pero ahora habría que manejarlo con la inflación para que no
caiga en términos reales”, mencionó, a su vez, Ferreres.
La consultora Quantum,
dirigida por el ex secretario de Finanzas Daniel Marx, le puso números a esa
cuestión. En su último reporte semanal, Marx estimó que, en los últimos 90
días, el tipo de cambio real se apreció nada menos que un 19,6%.
Los números son así: a finales
de septiembre, el dólar cotizaba a $41,31 mientras que
cerró la primera semana de 2019 en $37,32. Esa baja nominal de 9,7% en el
precio del billete verde se traduce en una apreciación real del peso del 19,6%.
El dólar en el piso de la banda,
alcanzado en las últimas jornadas, alimenta los argumentos de quienes ya abren
el paraguas sobre un renovado proceso de atraso cambiario, a pesar de la brusca
devaluación, que duplicó el valor del dólar en pocas semanas.
Sin embargo, desde Quantum
ponen distancia sobre esa dinámica. “El 'alivio' cambiario está inducido por
una política monetaria muy contractiva, que en alguna medida está afectando la
demanda de dinero. Sin embargo, la incertidumbre sobre los pagos de la deuda
soberana se mantiene elevada”, advierte Marx.
Luego prosigue en el sentido
de que, tarde o temprano, el precio del dólar y el “riesgo país” deberán
“converger”. ¿De qué manera?: “Dependiendo de las expectativas que se vayan
formando desde las encuestas electorales y la evolución de la economía, el
proceso de convergencia será con aumentos del tipo de cambio o con reducción
del riesgo país”.
Tanto Spotorno como el ex
viceministro de Economía Emmanuel Álvarez Agis introducen otra variable: la
evolución de la inflación que, obviamente, está directamente relacionada al
eventual atraso cambiario.
Spotorno menciona dos
escenarios a monitorear en las próximas semanas:
Si la
inflación no desacelera lo prometido, entonces el atraso cambiario podría
sobrevenir y disparar la dolarización. Un proceso ya conocido por los
ahorristas argentinos.
Que
la recesión sea más dura, se prolongue
en el tiempo, y la imagen de Mauricio Macri se deteriore, de cara a las elecciones
de octubre. Está claro: una desventaja del actual jefe de Estado también
recalentaría el mercado cambiario.
En el sentido opuesto, el
propio Spotorno aclara que en esa “economía detectivesca”, habría drivers a
favor de un mercado más optimista.
En esa línea menciona algo de
lo que se estuvo viendo en las últimas jornadas: una mejora en el escenario
internacional -ya sea traccionado por la estrategia de la Reserva Federal o por
el nuevo orden político en Brasil- que habilite un descenso del “riesgo país” y
de las tasas de interés internas.
En definitiva, un escenario
menos rudo para el consumo, que permita anclarse en un esquema con tasas menos
gravosas, con algunos sectores favorecidos por la devaluación, como el turismo
y el campo.
|