|
Por Marcelo Romano - Pasaron más de 19 meses para
que el BCRA comprara nuevamente dólares (unos
u$s 60 millones) al sector privado en el mercado
cambiario. La última había sido en junio del 2017.
En el medio, es claro que mucho pasó. El
tipo de cambio se depreció más del 100%, y el BCRA vendió divisas al
sector privado –estrictamente, entre marzo y septiembre por u$s 16.000
millones-. También la tormenta cambiaria –atribuible a un vademécum de
errores internos y escenario externo- licuó pasivos con costo del BCRA (Lebac,
y ahora Leliq) de unos u$s 70.000 millones a u$s
20.000 millones.
Pero podemos decir que, ¿ya llegó la calma tras
la tormenta? Desde nuestra visión, sí. Esto en un marco en que
entendemos que las compras de divisas del BCRA “recién” comienzan, y que reflejan la mayor oferta de dólares privados. No es igual sorpresa. En concreto, es la consecuencia de la política hacia el equilibrio fiscal, aunado al
esquema monetariodefinido desde octubre en pos de la reducción del déficit de cuenta corriente.
¿Por qué? El déficit de cuenta corriente superior a
5% del PBI del 2018 reflejó que Argentina usaba dólares para
financiar su exceso de gasto interno. Consecuentemente, reducirlo
simplemente significó achicar gasto público y privado, o pasar del desahorro
hacia el ahorro público (déficit fiscal cero) y privado (explicado por el
aumento de la tenencia de pesos, y menor gasto en dólares).
Este camino se sintetiza con el acuerdo firmado con
el FMI que nos dará los dólares públicos “cumpliendo Argentina las metas
fiscales”, más unBCRA que definió no emitir nada/poco.
Del lado fiscal, el Gobierno nacional apuntó el
2018 a cerrar sobrecumpliendo la meta de déficit primario, y el 2019 entre el
aumento de impuestos (nuevos aranceles, renta financiera y ajustes a mínimos
imponibles menores a la inflación), control de gastos (salarios públicos por
debajo de inflación) y recorte de inversión a acercarse “claramente” hacia el
0%.
Esto significa que “la disponibilidad de los dólares
del FMI para pagar obligaciones financieras tendría alta probabilidad de
ocurrencia”.
Del lado del ahorro privado, la fuerte devaluación
significó una baja “medida” en dólares de los ingresos privados que llevó a
verificar menores erogaciones en bienes transables, que se refleja en el corto
plazo en una fuerte caída de las importaciones (la baja de la venta de autos y
en viajes y turismo es claro ejemplo). Estos efectos fueron las primeras
manifestaciones respecto del ajuste del déficit de cuenta corriente que se
plasmó, claramente en los últimos meses, con la aparición del superávit comercial.
Entendemos que esta dinámica se acentuará hacia
delante, donde empezará a aparecer la mayor cosecha de
la nueva campaña agrícola,sumado a las exportaciones de gas del andar
de Vaca Muerta, carnes, y la demanda de Brasil traducida
en exportaciones industriales y de las economías regionales, puesto que vis a
vis el peso se devaluó 50% respecto del real. Sencillamente, mayor oferta
privada de dólares.
Ahora, otra pata del ahorro privado, también se
manifiesta en la mayor tenencia de pesos; o visto del otro lado, una fuerte caída en la dolarización privada. Entre
2016 y 2017 se verificó una dolarización privada del orden de u$s 900 millones
promedio mensual, que más que se duplicó durante la “tormenta cambiaria” hasta
los u$s 1955 millones promedio mensual, bajando a solo u$s 500 millones en el
último trimestre del año. ¿Otra sorpresa, o consecuencia?
En este mismo análisis entra la política del BCRA desde
octubre. No tenemos dudas que la calma fue acentuada con el “símil Bundesbank”
en el que se transformó el BCRA, que en términos “monetarios”, llevó a
una escasez de pesos (la base monetaria en términos reales
muy baja), elevando las tasas de interés nominales a siderales -y muy fuerte
las reales.
Detener la expansión de dinero de forma consistente
busca como objetivo esencial bajar en 2019 la tasa de inflación en 20/25 puntos
porcentuales (desde el nivel de 48% anual del 2018), y paulatinamente ir tocando
a la baja las tasas.
Ahí vienen las “recientes” (y a nuestro entender
también iniciales) compras de divisas del BCRA. ¿Qué reflejan estas
compras? Sencillamente que la economía quiere más pesos, sea por aplicaciones a
tasa de interés pasivas (en términos reales positivas, por primera vez en más
de 10 años) o por mayor actividad (efecto que aún no prima).Entonces,
aparecen dentro de la oferta no solo los dólares de la exportación, sino
también los acumulados en los bolsillos.
¿Esta “situación” llevará a un equilibrio? Desde
nuestra posición, si. Esto, en tanto y en cuanto, continúe a rajatabla el
ajuste fiscal (el gobierno igual no tiene opción) combinado con un “Bundesbank
criollo”, con un objetivo claramente antiinflacionario. Así, las tasas reales
positivas vinieron para quedarse, al igual que una mayor oferta de dólares -por
lo menos en el año 2019.
(*) Economista Jefe de Portfolio Personal
Inversiones (PPI)
|