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Por Marcelo Elizondo - El
recientemente asumido presidente de Brasil Jair Bolsonaro y su ministro
económico Paulo Guedes han anticipado en manifestaciones aun no muy precisas
que tendrían en agenda el propósito de reformar el Mercosur.
Es altamente probable, pues, que comience una etapa de cambios en el
bloque como antes no se ha visto.
Se inicia entonces un nuevo tiempo en la política externa (y las
relaciones económicas internacionales) de nuestro país. El gobierno de Brasil
propondría reformas, y se espera -probablemente- de Uruguay y Paraguay una
postura favorable a la obtención de cierta flexibilización del Mercosur.
En este marco, el presidente Mauricio Macri visitará al nuevo primer
mandatario brasileño el miércoles y se estima que el futuro del Mercosur será
un tema critico en la reunión entre ambos.
El propósito de Brasil es lograr que el rígido arancel externo común,
que es de los más altos del mundo, no solo sea reducido sino que además pueda
ser reemplazado por normas que permitan a cada miembro del bloque lograr acuerdos
comerciales o económicos internacionales bilaterales. Ello haría que los
exportadores argentinos a Brasil (unas 3000
empresas -muchas pymes industriales-) mantendrían su beneficio de ingreso sin pago
de arancel a ese mercado, perderían la exclusividad de ingreso con esa
preferencia arancelaria y se someterían a una competencia con empresas de
terceros países
Brasil es el principal mercado para las exportaciones argentinas, que
llegaron en 2018 (a Brasil) a unos 11.500 millones de dólares (18% del total de
nuestras ventas al exterior), aunque Brasil supo explicar 25% del total de
exportaciones argentinas a inicios de este siglo (y hace 6 años generaba 21%,
cuando compró 17.000 millones de dólares a Argentina).
Uno de los aspectos a reformar sería el formato de Unión Aduanera, que
es una modalidad de acuerdo internacional poco usada en el mundo (que ha
preferido acuerdos más flexibles y dinámicos). Sólo poco más del 5% de los
acuerdos vigentes (que son casi 300 en el planeta) responde a la modalidad de
UA.
El cambio permitiría generar individualmente acuerdos con terceros
mercados para algunos socios. Esto es necesario para generar más internacionalidad,
porque de todos los acuerdos internacionales vigentes en el planeta, el número
promedio de sus miembros es 12, mientras en el Mercosur la cantidad sigue en 4.
Por ello mientras en el mundo alrededor del 50% del comercio intencional
ocurre entre países que tienen vigentes acuerdos comerciales, para Argentina el
Mercosur representa solo poco más del 22% para nuestras exportaciones (28% para
las importaciones).
Y, como consecuencia, mientras casi 80% del comercio transfronterizo del
Mercosur se produce fuera de la región, en el planeta los demás bloques
formados por acuerdos comerciales entre países muestran mucho mayor comercio
intrazona: la UE exhibe comercio exterior por solo 30% fuera de la unión,
mientras el NAFTA lo ha hecho en 50%, el Asean en 33%, y hasta la CAN muestra
mejor comercio porcentual con el resto del mundo: 76%.
Otra cuestión será reducir el alto arancel común para facilitar el
acceso a cadenas internacionales de valor. El alto arancel del bloque pone a
Argentina y Brasil entre los de alta carga en frontera: según el BM el arancel
promedio en Brasil es 8% y en Argentina 7,5%; y luego en Colombia 7%, en
Ecuador 6,8%, en Chile 5,7%, en Uruguay 5,7%, en Bolivia4,8%,
Paraguay 4,2%, mientras en México (ya fuera de Sudamérica pero útil como
referencia) es 4,3%. Mientras, la carga arancelaria en promedio el mundo es hoy
de solo alrededor de 4%.
Por ello considerando exportaciones e importaciones, los países con
mayor grado de apertura en Latinoamérica son Paraguay, México, Chile, Perú y
Ecuador (su comercio internacional equivale al 85%, 78%, 56%, 47% y 42% del PBI
respectivamente) todos, con altas exportaciones e importaciones. Brasil y
Argentina tienen índices que rondan el 35% en 2018.
Finalmente, además, el Mercosur responde a un modelo de hace 30 años y
no incluye a numerosas materias que en los acuerdos de última generación se han
incluido en las asociaciones vigentes en el planeta.
De tal modo que una negociación para reformular y modernizar no aparece
como mala idea. Se verá en los próximos días entre los presidentes de Brasil y
Argentina si este camino avanza en tal sentido.
(*) Director de la consultora DNI
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