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Por Luis Beldi - Los futuros de los
mercados del mundo muestran que la semana empezará con cautela. El viernes
adelantaron que la euforia dejó paso a la moderación y hubo toma de ganancias,
al tiempo que subieron el oro y los bonos del Tesoro de Estados Unidos,
refugios clásicos contra la volatilidad.
El cierre de algunas reparticiones públicas en Estados Unidos decretados
por Donald Trump para presionar al Congreso norteamericano por el muro de
México y las expectativas que despierta el balance de Citigroup que
se presentará antes de la apertura de Wall Street, trajeron cautela. La otra
empresa de la que se espera el balance, pero se conocerá empezada a rueda,
es Netflix.
Pero ninguna de estas razones fue tan importante como la caída del
petróleo del viernes. El crudo es quien marca cómo será el crecimiento de las
economías en el mundo. Y ya no son tantos los que apuestan ciegamente a que el
mundo crecerá tanto como se esperaba después de los primeros pasos del acuerdo
con China. La caída del viernes de 2,26% de petróleo Brent, que es el de
referencia en Europa y la Argentina, y de 1,37% el WTI, que es el que sigue el
mercado norteamericano, paralizó el entusiasmo.
Esta moderación la vivirá el mercado local y habrá que ver la
reacción de un dólar absolutamente atrasado, respecto a las pautas del FMI.
La licitación para comprar dólares como instrumento, mostró su
ineficacia. La baja de tasas podría haber sido más importante. Pero el Gobierno
actúa con timidez y si se observa lo que está sucediendo, no son pocos los que
le darán la razón a Guido Sandleris, el presidente del Banco Central, por no
apresurarse a bajar la tasa. Si bien los elogios vienen del lado de los que
siguen la política monetaria, del lado de la producción el accionar del titular
del Banco Central es centro de las críticas. Las empresas exportadoras en
particular están castigadas por las elevadas tasas de interés y por un dólar
que cayó notablemente y está gravado con una retención adicional de $ 4.
Ocasión más favorable para bajar las tasas que la de la semana pasada,
será difícil de encontrar en el futuro. La lentitud en hacer retroceder las
tasas es inexplicable. Porque el viernes el Central absorbió $ 9 mil millones
en la licitación de Letras de Liquidez, que es cuatro veces el importe que le
entregó a la plaza cuando compró U$D 40 millones para sostener el tipo de
cambio. No solo no logró su objetivo -el dólar está casi 50 centavos por debajo
de la línea inferior de la banda de flotación- sino que provocó más escasez de
billetes un acto que tienta a que la tasa se mantenga en niveles elevados.
En otras palabras, cuando el dólar se hundió en vez de expandir la base
monetaria, creó las condiciones para seguir en caída.
Es que el titular del Banco Central aplica la política monetaria como herramienta
electoral. Al Gobierno lo entusiasma la idea del dólar bajo. El problema
es que esta sensación va a empezar a chocar a corto plazo con la realidad de
las tarifas más elevadas y una mayor caída del salario. La teoría económica
dice que el salario real sube cuando baja el dólar. Pero esto rige para países
estables no con una elevada inflación que devora los aumentos logrados en los
convenios laborales. De hecho, hubo empresas que no pagaron el bono de $ 5.000
o lo pagaron y después recuperaron ese dinero acudiendo a descuentos por
distintas razones. El miedo a perder el empleo, permitió esa trampa.
El mercado mostrará con los precios del dólar, de las acciones y del
riesgo país como vive esta situación. No hay que olvidar que el mayor
mérito de la baja del riesgo país se lo lleva la caída de la divisa y no la
mayor confianza de los inversores en los bonos argentinos.
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