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Por Julián Guarino - A no
ilusionarse. La baja de tasas, que tanta expectativa les genera a propios y extraños
(casi todos ellos con un pie en la economía real), parece bastante lejana de
producirse. En rigor, en las últimas horas, y a pesar de que la cotización del
dólar se ubicó por debajo de la zona de no intervención que difunde el Banco
Central, paradójicamente, la expectativa es precisamente que Guido Sandleris mantenga
a la tasa de interés en niveles similares, con algunos recortes muy marginales.
La última semana, por primera
vez desde el inicio del nuevo esquema de “emisión cero” que arrancó el 1 de
octubre de 2018, el Banco Central compró dólares cuando la cotización del dólar
se ubicó por debajo de la zona piso de no intervención ($37,35) de acuerdo con
el cronograma de aumento de 2% por mes hasta fines de marzo. Ese día, la
entidad compró u$s20 millones. Al día siguiente, en la misma situación compró
otros u$s40 millones sobre un límite acordado en la última reunión del Comité
de Política Monetaria, el 2 de enero, de hasta u$s50 millones.
De hecho ayer, la entidad
compró finalmente u$s50 millones y provocó un alza en el dólar, luego de tres
bajas consecutivas, aunque esta mejora no acortó significativamente la
distancia que separa a la cotización mayorista del límite inferior de la zona
de no intervención. En bancos y agencias de la City porteña, el dólar avanzó
tres centavos ayer a $38,06. En simultáneo, el Banco Central avaló otra baja en
la tasa de Leliq, la séptima en forma consecutiva, en la que adjudicó $172.096
millones (vencían 193.244 millones). El rendimiento de las letras de liquidez
de la autoridad monetaria perforó el 58%, al ubicarse en promedio en el 57,80%
anual,
Esas compras tuvieron un doble
efecto: por un lado, confirmaron que la entidad iba a intervenir cuando la
cotización se ubicase por debajo de la “zona”. Por otro, lanzaron la pregunta
acerca de la efectividad de esas intervenciones y la potencial
complementariedad de una baja de tasas.
Para los analistas
consultados, las zonas de intervención tienen como “meta” establecer cierto
rango en la cotización del dólar que logre acotar las expectativas para evitar
una suba demasiado alta pero también una apreciación que genere perjuicios al
sector externo nuevamente. Sostienen que un dólar bajo, que se ubica en la zona
baja de intervención, está indicando que el mercado se está desprendiendo de
dólares en términos netos, es decir, que la demanda por pesos está aumentando.
En este caso, la intervención oficial debe darse en la dirección de otorgar esa
liquidez de pesos que el público está demandando. Esta operatoria incrementa
las reservas netas del Banco central al tiempo que expande la base monetaria.
En Inveq Consulting señalan
que, sin embargo, “el objetivo número uno del BCRA acordado
con el FMI es mantener bajo estricto control la evolución de la base monetaria,
el comité de política monetaria se ha impuesto un límite a la intervención
compradora”. Así, las compras de divisas que realice la entidad no podrán
generar una expansión monetaria superior al 2% mensual. De esta manera, lo que
el Central busca es que, si efectivamente hay una mayor demanda de pesos, la
misma se realice con una tasa de inflación descendente. Este es el escenario
ideal: una recuperación genuina de la demanda de dinero, con una tasa de
inflación presente y esperada en baja y una paulatina reducción de las tasas de
interés.
Un informe de la firma
Crediayuda expone que lo más probable es que se mantenga la cautela, tanto en
la política de intervención para la compra de divisas como también en la
reducción de la tasa de las Leliq. Sostienen que al existir una meta de
expansión base y, por otro lado, al mantenerse alta la tasa que pide el mercado
para absorber los pesos, esa reducción de la tasa va a existir pero será más
lenta de lo pensado.
Para Francisco Bahl, gerente
de la firma, “es probable que el BCRA mantenga la tasa en niveles altos porque
en la entidad saben positivamente que ahora sobreviene una alta estacionalidad
de la oferta de divisas por parte del agroexportador que se extenderá hasta
julio”. En esta línea, sostiene que “en el segundo semestre, en cambio,
seguramente puede renacer la demanda de los importadores, por lo que se
entiende entonces que no se quiera incentivar la baja de las tasas ahora, y
tener que subirlas después”.
Fuentes del BCRA indicaron que
los números de inflación venideros también servirán para ir relajando, pero muy
pausadamente, la tasa. En su opinión, la inflación comenzó lentamente un
proceso de descenso, tras alcanzar su máximo en septiembre.
Según Inveq, a esta ecuación
también habrá que sumar el “riesgo electoral”. Sostienen que la percepción de
riesgo aumenta en la medida que se acercan las elecciones y que esto podría
disparar las coberturas y, por ende, la cotización del dólar. “Si se percibe
con alguna probabilidad importante la opción de que Macri no logre la
reelección, los agentes privados podrían recurrir al atesoramiento de divisas
como estrategia defensiva”, señalaron.
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