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Por Pablo Wende - La inflación se desaceleró en
diciembre y se habría ubicado en torno al 2,5%.Esta relativamente buena noticia
para el Gobierno será tapada por la lectura del índice en términos anuales.
Cuando el INDEC divulgue hoy los datos oficiales se confirmará lo que ya todo
el mundo sabe a esta altura: la inflación de 2018 fue la más alta en los
últimos 27 años.
Se estima que el índice anual
se acercará al 48%, el peor nivel desde 1991 (ese año superó el 60%) e incluso
más alto que el salto inflacionario de 2002, luego de la megadevaluación que
llevó al dólar de 1 a 4 pesos. Sin embargo, en aquella oportunidad las tarifas
congeladas y la recesión galopante impidieron un traslado pleno a precios.
En diciembre jugó
positivamente la disminución del precio de las naftas, el hecho de que no había
ajustes tarifarios previstos y sobre todo la estabilidad del tipo de cambio.
Para enero se espera que el índice vuelva a ubicarse en torno al 2,5% por
factores parecidos, aunque sí hubo algunos aumentos tarifarios como el agua y
el transporte. Sin embargo, el dólar en baja es clave para que los precios de
los alimentos tengan menos presión.
Fue justamente el aumento de
la canasta básica, especialmente alimentos, lo que impulsó tanto la inflación
en 2018. Pero detrás de ese fenómeno está la suba del dólar, que más que
duplicó su valor en un año. La devaluación termina siendo un verdadero castigo
para los más pobres, que gastan todos sus ingresos en alimentos y vestimenta.
Muy atrás en el tiempo
quedaron aquellas estimaciones del Banco Central, que arrancó con metas de
inflación del 10% que más adelante fueron corregidas por la Casa Rosada al 15%.
Pero no fue ni uno ni otro. Finalmente, el índice terminó más que triplicando
aquella estimación.
La economía argentina volvió a
quedar muy lejos de lo que sucedió con la inflación en la región, donde en
todos los países los índices se ubicaron en menos de 10% y en muchos de ellos
incluso abajo del 5% (Paraguay, Bolivia, Colombia, Perú y Chile, por ejemplo,
también Brasil).
Pero el efecto más notable del
gran salto inflacionario fue la pérdida del poder adquisitivo. Aunque hubo
algunos gremios que consiguieron acercarse o incluso ganarle a la inflación,
como sucedió con los bancarios, la gran mayoría quedó lejos. Esto implicó
una importante caída del salario real, que se sintió sobre todo en el segundo
semestre. Esta situación impactó de lleno en la caída del consumo.
El Central y el FMI pusieron
en marcha un nuevo programa que apunta a reducir la inflación, pero
gradualmente. Para este año el Gobierno estimó en el Presupuesto 2019 un
nivel de 23%, pero los analistas creen que se ubicará más cerca del 30%.
El equilibrio fiscal primario,
un estricto programa monetario y el corte del financiamiento del Tesoro por
parte del Banco Central son piezas fundamentales para empezar a recorrer el
camino de desaceleración de precios.
Sin embargo, la experiencia de
casi todos los países que lograron bajar la inflación muestra que el proceso
puede demorar de 7 a 10 años para llegar al dígito y mantenerse en el tiempo.
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