EN TEMAS AGRÍCOLAS, EL PAÍS ESTÁ COSECHANDO ÉXITOS EN SU CAMPAÑA ANTE LA OMC CONTRA LOS SUBSIDIOS La producción agrícola brasileña es difícil de igualar. Además de sus 62 millones de hectáreas cultivables, se estima que tiene otras 170 millones sin explotar. Un tapiz cuelga de la pared de la oficina de Celso Amorim, el ministro del Exterior de Brasil. Inspirado en un gráfico dibujado por un explorador italiano del S.XV, la obra refleja un mapa invertido del mundo –arriba se encuentra el hemisferio sur.
Los productores agrícolas de Brasil, respaldados por una agresiva campaña diplomática y legal llevada adelante por empresarios y líderes políticos como Amorim, están poniendo patas para arriba al mundo del comercio agrícola. La Unión Europea la semana pasada propuso fuertes recortes al precio que les garantiza a los productores de azúcar. EE.UU. a fines de esta semana debería anunciar un menor respaldo a la producción de algodón. Ambas medidas son la respuesta a los reclamos presentados por Brasil ante la Organización Mundial de Comercio (OMC).
Si bien los productos agrícolas representan 10% el comercio mundial de mercadería, son tantos los productores agrícolas entre los miembros de la OMC –que mayormente está representada por países en desarrollo– que, combinado eso con el tan polémico tema de los subsidios agrícolas otorgados por las naciones ricas, Brasil se convirtió en una nación clave para el futuro del comercio mundial.
Brasil es en agricultura lo que China es en la actividad industrial: una potencia cuyo tamaño y eficiencia pocos competidores pueden igualar. Pese a enfrentar uno de los aranceles agrícolas más altos del hemisferio occidental –las naciones que importan su producción pagan un gravamen promedio de 30% –, el país es el primer o segundo exportador más grande de azúcar, soja, jugo de naranja, café, tabaco y carne de vaca y rápidamente se está fortaleciendo en productos como algodón, pollo y cerdo.
Superávit
Brasil tiene el mayor superávit comercial agrícola del mundo –el año pasado fue de u$s 34.000 millones, 5% del ingreso nacional. Para un país que se esfuerza por reducir su enorme peso de la deuda, los beneficios derivados de las exportaciones del agro son muy bienvenidas. Carlo Lovatelli, director de la Asociación Brasileña de Agribusiness, dijo: "Nuestras metas son consolidar a Brasil como uno de los mayores exportadores agrícolas del mundo, crecer más en áreas como algodón y seguir exigiendo acceso".
Definitivamente existen posibilidades de expansión. Además de sus 62 millones de hectáreas de tierras cultivables, se estima que Brasil tiene otras 170 millones de hectáreas sin explotar.
Durante generaciones en Brasil se cultivaron los terrenos sobre la costa. Pero el futuro de los establecimientos agrícolas brasileños está en el centro del país, como el extenso estado central de Mato Grosso. Hace sólo 30 años, desde la frontera con Bolivia hasta el sur de la cuenca del Amazonas en el norte había una sabana poco poblada que se extendía en miles de millas cuadradas. Ahora la meseta está invadida por campos de algodón, plantaciones de soja y ocasionales hileras de árboles de eucalipto.
Gran parte de la tierras brasileñas son pobres en nutrientes, lo que exige el uso de fertilización. Pero el clima en el país es casi perfecto, especialmente en la zona central. También cuenta con enormes ríos, los precios de los terrenos son bajos y tiene una gran reserva de mano de obra barata, consecuencia de las grandes desigualdades de ingresos entre sus 180 millones de habitantes.
Tasas de interés
De ninguna manera todo favorece a los productores agrícolas. Deben hacer frente a tasas de interés elevadas, el alza del tipo de cambio y muchos deben recorrer miles de kilómetros de rutas en mal estado para que su producción llegue a los puertos costeros.
Si el gobierno lograra bajar las tasas de interés aplicando su estricta política fiscal e invirtiera en infraestructura, sus productores agrícolas serían más competitivos.
Por más elevada que sea su productividad, ningún país se va a volver rico cultivando y exportando sólo materias primas básicas –especialmente porque sus precios tienden a caer en el largo plazo. Pero Brasil está empezando a subir en la cadena de valor.
En Europa, que es el destino de una tercera parte de las exportaciones de pollo de Brasil, muchas empresas alimenticias han invertido en producción brasileña. Más y más del valor agregado de la cadena productiva está trasladándose a Brasil, ayudado por la inusual estructura arancelaria de la UE.
El mayor poder que adquirieron los productores agrícolas brasileños en los mercados mundiales fue positivo para su lobby político contra los subsidios agrícolas y el proteccionismo en los países ricos.
Sin embargo, algunos acusan a los brasileños de negociar en su propio beneficio y no en el de todos los países en desarrollo.
Fueron particularmente notables los dos casos que Brasil presentó y ganó ante el panel de disputas de la OMC. El panel determinó que los subsidios para el algodón en Estados Unidos y para el azúcar en Europa no cumplían con la reglamentación de la organización y distorsionaban el comercio mundial.
Azúcar y algodón
Pedro de Camargo Neto, el combativo ex funcionario del ministerio de Agricultura, considerado el progenitor de los casos del azúcar y el algodón, dice que el efecto del litigio fue tan importante como las medidas que ordenó tomar la OMC.
Él eligió el algodón y no la soja porque si bien Brasil tiene muchos más productores de soja que de algodón, el daño derivado del régimen de subsidios de EE.UU. era mucho más evidente. "Luego quisimos un caso contra Europa para equilibrar, y elegimos el azúcar," contó de Camargo Neto.
Él cree que otros países deberían ahora tomar la batuta: Uruguay podría presentar un caso contra el apoyo estadounidense al arroz, por ejemplo, o la Argentina contra los subsidios europeos a los lácteos. No hay muchos países más que tengan la capacidad de Brasil de reclamar ante la OMC, un proceso que puede ser caro y complejo. |