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Por Juan Diego Wasilevsky - Mauricio Macri y su par, el recién
asumido Jair Bolsonaro, no se conocen. Charlaron por teléfono e intercambiaron
tuits, pero no mucho más que eso.
Este martes, cerca de las 21 horas, el Presidente estará aterrizando en
Brasilia, para saldar esa deuda pendiente, luego de que fallara el día de la
asunción del jefe de Estado brasileño porque justo estaba arrancando sus
vacaciones en el sur del país.
Ahora, estará viajando con una comitiva conformada por los ministros
Dante Sica, Jorge Faurie, Nicolás Dujovne, Oscar Aguad y Germán Garavano. Y,
por unas horas, el Gobierno apartará la mira sobre el dólar para enfocarse en
otro tema clave: el futuro de la relación con el mayor socio comercial.
Es, en los papeles, la primera vez que Macri encara
una misión internacional con tantos nombres de peso de su propio gabinete. Y es una
consecuencia lógica de las fichas que el Ejecutivo pone en la
"resurrección" de Brasil, especialmente en el plano económico.
La agenda, que se activará el miércoles por la mañana, incluye reuniones
bilaterales entre ministros y secretarios; también, la esperada cumbre entre
ambos jefes de Estado; una reunión ampliada entre las dos delegaciones, una
conferencia de prensa de rigor y un almuerzo para cerrar la jornada de trabajo.
Hay algunos puntos de coincidencia entre ambos mandatarios en el plano
político, comenzando por la visión crítica respecto de Venezuela. También,
porque vienen de suceder a largos gobiernos tildados por ellos mismos de
populistas.
"Sin duda, Brasil y la Argentina van a caminar juntos en direcciones
diferentes a las pasadas por los últimos gobiernos", escribió Bolsonaro en
su cuenta de Twitter cuando le agradeció las palabras que Macri le envió cuando
ganó las elecciones en el país vecino y que pusieron fin a más de una década
con el PT en el poder.
Sin embargo, son muy claras
también las diferencias respecto del lugar desde el que cada uno de los
mandatarios encarará esta cumbre bilateral.
Para empezar, Macri llega con el peso y el desgaste propio de tres años
de gestión a cuestas y con la mente ya configurada en "modo
elecciones". Habiendo quedado atrás el efecto G20, la agenda internacional
del Presidente irá perdiendo relevancia.
Bolsonaro, en cambio, pasó de ser el candidato sorpresa a convertirse en
flamante presidente de la mayor potencia de la región. Y ahora deberá demostrar
en qué medida su plan para motorizar el cambio en Brasil –en el frente fiscal, económico y político- podrá
ser puesto en práctica.
A esto se suma el contexto que atraviesan ambas naciones: la Argentina sigue sumida en la recesión, con una
caída del PBI cercana al 2,6% en 2018 y una proyección negativa que podría
superar el 1,6% para este año. El desplome del sector automotor y de
otras ramas industriales, así como la baja del consumo, son consecuencias de
esta coyuntura.
La mayor potencia de la región, en tanto, viene de levantar cabeza: el
año pasado culminó con una economía expandiéndose a un ritmo del 1,3%. Y, para
este 2019, la expectativa es aun mejor: prevén un crecimiento de entre 2,5% y
3%.
Para concluir con el juego de las diferencias, mientras que Macri
todavía sigue pregonando sobre las ventajas de la Argentina para que lleguen
inversiones, con resultados relativos –a excepción de Vaca Muerta-, en Brasil ya se están sacando cuentas para ver cuánto más se
apreciará el real por la llegada de fondos del exterior.
Riesgos para empresas en esta nueva era
Marcelo Elizondo, consultor y ex director de Fundación ExportAr, plantea
que se viene una era que pondrá fin a
décadas marcadas por una relación bilateral intensa y profunda.
"Se inicia una etapa diferente. Vamos hacia un vínculo menos
intenso que el que le imprimieron en los '80 Alfonsín y Sarney; en los '90,
Menem con Fernando Hernique Caroso y, más acá en el tiempo, Néstor y Cristina
Kirchner con Lula y Dilma", detalla.
"Bolsonaro llega para romper con
las tradiciones", agrega Elizondo, quien imagina una "relación entre
ambos mandatarios de respeto, institucional, "pero no con una búsqueda de
grandes consensos, especialmente en un momento político de Macri en el
que está muy enfocado en la agenda doméstica, por las elecciones".
Cuando ambos líderes y sus funcionarios se estrechen las manos en Brasilia,
se activará finalmente una agenda que estuvo "freezada" durante más
de dos años, desde que Michel Temer asumiera la presidencia.
Para el analista internacional Gustavo Segre, CEO de la consultora
Center Group, "la visita de Macri, por si sola, es una buena señal. Será
la primera reunión formal con un presidente y servirá para definir el futuro
del Mercosur y, sobre todo, la relación bilateral".
"Sin dudas, habrá algún comunicado conjunto sobre la posición con
respecto a Venezuela. Pero lo más relevante será el tema comercial, comenzando
por la flexibilización del Mercosur", agrega el experto.
Fuentes oficiales confirmaron a iProfesional que la agenda del
bloque será tratada "tanto a nivel interno como externo".
"Vamos a repasar los avances ya realizados. Queremos dinamizar la
agenda de relacionamiento externo y profundizar la integración del Mercosur con
el mundo", afirmaron, para luego agregar a este medio que "buscamos
seguir avanzando en una agenda conjunta de facilitación del comercio y cooperación
regulatoria que sirva para dinamizar el comercio bilateral".
Sin embargo, sobre este punto, Elizondo plantea que hay una serie de riesgos que podrían enfrentar las
empresas nacionales: "Bolsonaro y su ministro Paulo Guedes,
anticiparon el objetivo de alcanzar pactos comerciales con otras grandes
economías del mundo, así como la necesidad de promover inversiones. Y esto supondrá fuertes cambios para las empresas
locales".
Un informe de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales
(DNI), plantea que el cambio que pregona el nuevo gobierno de Brasil promete sacudir las bases del bloque.
El objetivo es que los miembros puedan celebrar autónomamente acuerdos
comerciales o de inversión con terceros países y sin necesidad de hacerlo en
bloque.
"El propósito de Bolsonaro es acordar con grandes economías, lo que
parece lógico, dado que Brasil es la novena mayor economía mundial, es cada año
uno de los 10 principales receptores de inversión extranjera directa (IED) del
planeta, y es sede matriz de 33 de las 100 principales multinacionales
latinoamericanas", destaca el informe.
Y aquí es donde surge la principal amenaza: dado que el Mercosur supone
libre comercio entre sus socios pero cuenta con un elevado arancel externo
común, los exportadores argentinos a Brasil mantendrían su beneficio de ingreso sin pago de
arancel a ese mercado pero "perderían la
exclusividad de ingreso con esa preferencia arancelaria y se someterían a una
competencia con empresas de terceros países que hoy deben pasar por dicho
arancel externo".
Así, esto le metería una
importante presión a unas 3.000 empresas nacionales, muchas de ellas
Pymes industriales, que actualmente dependen del mercado brasileño.
En este contexto, la economista Paula Español, que dirige la consultora
Radar, advierte que "la Argentina
tiene todo a perder con un Mercosur debilitado".
"Si Brasil adopta una mayor apertura comercial a las empresas
argentinas serán castigadas por una competencia feroz de otros países,
particularmente los asiáticos", advierte.
Por eso, desde DNI señalan que será clave para el Gobierno monitorear de
cerca el proceso reformista que se intente hacer sobre el bloque, dado
que Brasil es el principal mercado para las exportaciones
argentinas, las cuales alcanzaron los u$s11.500 millones el año pasado,
explicando el 18% del total de los despachos al exterior, el doble de lo que
generan los mercados que le siguen en relevancia, como son Estados Unidos y
China.
Sin embargo, en lo inmediato y en el cortísimo plazo, lo que más
preocupa al macrismo es que la locomotora brasileña traccione a la economía
doméstica, luego de que el gigante sudamericano permaneciera un largo período
dormido.
Las perspectivas que trazan consultoras y economistas sobre el PBI local
no son tan alentadoras. Pero sí hay consenso acerca de que, gracias a la reactivación del mayor socio comercial,
el escenario será "menos peor".
"Por la demanda de productos argentinos, Brasil nos va a aportar un crecimiento de entre 0,50 y
0,75 puntos porcentuales", plantea el experto en relaciones
internacionales Marcelo Elizondo.
El liderazgo regional de Macri, en discusión
Por lo que anticiparon los flamantes funcionarios brasileños, el
objetivo es el de avanzar con una agresiva agenda internacional, dejando atrás
un largo período de inacción.
En este sentido, el ministro de Relaciones Exteriores, Ernesto Araújo,
ya anticipó que su objetivo es tratar de acercar lo más posible a Itamaraty con
el sector productivo.
Y anticipó que formulará, con cada socio internacional, un programa de
trabajo específico. Para ello, van a
relanzar la Agencia de Promoción Comercial y desburocratizar los sectores de
promoción comercial en las embajadas de Brasil en el exterior.
Además, el funcionario anticipó que Brasil "va a entrar con todo su peso" en la
Organización Mundial del Comercio (OMC). Así, la nueva administración plantea
un plan agresivo para ganar mercados.
Y, en lo que respecta a la figura de Bolsonaro, Elizondo anticipa que el
nuevo presidente llegó para "romper una tradición".
"Todos los anteriores mandatarios querían imponer a su país como
líder de la región. Hoy, el objetivo que persigue el nuevo jefe de Estado es que Brasil sea una nación autónoma, que se siente a negociar
a la mesa con las diez grandes potencias del mundo", amplía.
"Quiere jugar de igual a igual con los grandes y no quedarse en el
papel de líder de la región sudamericana. Y esto
implica una autonomía y un unilateralismo que lo empujará a no tener que buscar
tantos consenso con la Argentina", plantea el experto.
Para los expertos, esto implica una pérdida de terreno para Macri, que
hizo de su rol como líder del vecindario un salvoconducto para recibir un
espaldarazo de las potencias, como sucedió cuando Donald Trump impulsó al FMI a
que aprobara el crédito en favor de la Argentina.
El gran termómetro para ver si el mundo se contagia de esta
"Bolsonaromanía" se tendrá a partir del 22 de enero, seis días
después de la visita del Presidente a Brasilia.
El flamante jefe de Estado irá a Davos para mostrar
un “Brasil diferente”. Todo un giro del destino, por cierto: eso
mismo es lo que fue a pregonar el propio Macri, allá por 2016, cuando participó
por primera vez del foro.
En aquel momento, el Gobierno viajó con una importante comitiva, con el
objetivo de presentar a la Argentina como la nueva estrella entre los
emergentes. Hoy, las perspectivas económicas, financieras y políticas generan
dudas y quien busca lucirse es el nuevo niño mimado de los mercados: Brasil.
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