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Por Miguel
Ángel Boggiano - ¿Ha cambiado algo en el rumbo
económico de la Argentina desde el 25 de diciembre a la fecha? No. ¿Por
qué entonces los bonos argentinos
han tenido una recuperación tan pronunciada desde entonces? Muchos analistas
concluyen que los mercados finalmente
empiezan a creerle al dúo Dujovne-Sandleris.
Sin embargo, consideramos esa lectura equivocada: los
bonos argentinos marcaron un piso al mismo tiempo que lo hizo la bolsa de los
EEUU y se recuperaron al mismo tiempo que lo hicieron todos activos
de riesgo del mundo. Una vez que la bolsa de los Estados Unidos
retome su camino descendente, los bonos de baja calidad (High Yield y
Emergentes) volverán a caer. Como los bonos argentinos son los de
peor calidad dentro de los Emergentes, es de esperar que estos sean
los que lideren las nuevas caídas.
En base a este razonamiento, cualquier lector podría concluir que
entonces las desgracias del gobierno de Macri vienen exclusivamente de la mano
de los flujos internacionales de fondos. Y en lo inmediato, la respuesta es que
sí. ¿Qué quiere decir esto? Que el tiempo del gobierno de Macri
para hacer los deberes y no estar expuesto a los vaivenes de los mercados de
crédito internacional, quedó en el pasado.
En el 2016, luego de salir del default, a Macri le prestaron ingentes
cantidades de dinero sin hacerle demasiadas preguntas. Junto con Arabia Saudita,
la Argentina fue de los países que más deuda tomó en términos absolutos entre
2016 y 2017. ¿Por qué pudo hacerlo? Porque el mundo estaba generoso
y la abundancia de crédito todavía existía. Lo más probable es que a cualquier ministro de Scioli también le hubieran prestado.
Lo relevante es ver qué hizo Macri con ese dinero que tomó prestado. Y
la respuesta es que básicamente continuó el Modelo K, sin hacer
ni una sola reforma estructural. Actuó como el cerdito de aquel
cuento que hizo su choza de paja. Ahora soplan los vientos de los vaivenes
internacionales y no se pueden cambiar los cimientos de la
choza.
El principal motor que permitió que hubiera crédito laxo y barato fue la
inyección de dinero coordinada por los bancos centrales de EEUU, Europa, China,
Japón y Suiza. Hoy esa maquinaria está en reversa: liderados por la Reserva
Federal de los EEUU en su conjunto, los bancos centrales más
importantes del mundo estarán quitando liquidez en 2019. Esa misma
liquidez que hizo posible innumerables disparates financieros globales, como
que le prestaran a la Argentina sin ningún plan razonable.
Para poner todo en perspectiva, los bonos argentinos marcaron
su techo en octubre del 2017. Si tenemos en cuenta los cupones que
cobraron los inversores y también la fuerte recuperación de los últimos 20
días, tenemos que: medidos en dólares, el Bonar 2020 (AO20D) acumula
una pérdida del 2,18%, el Bonar 2024 (AY24D) baja 6,46%, el Discount (DICAD)
cede 21,76% y el Centenario (AC17D) pierde 15,10%.
¿Por qué algunos analistas se empecinan en celebrar cada uno de los
rebotes como un cambio de tendencia? Quizás buena parte de la explicación tenga
que ver con conflictos de interés.
Si alguien está comprado en bonos de Argentina o está recomendando a sus
clientes comprar bonos de Argentina, su análisis se verá sesgado y naturalmente
tendrá la tendencia a celebrar cada recuperación. Lo que es peor: probablemente
recomiende mantener, aun cuando alguien esté perdiendo y ya haya signos
visibles de que habrá menos liquidez en el mundo.
La misma tendencia que hizo posible que Macri tomara una enorme deuda
sin dar muchas explicaciones, hoy está en reversa. Aún si la Argentina pudiera
evitar una reestructuración o un default, los bonos caerán antes. Y nadie
debería tener que atravesar esa situación tan traumática.
(*)
Ceo de Carta Financiera
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