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Por Gustavo Segré -
El programa de
Gobierno presentado por el entonces candidato Jair Bolsonaro, dejaba claramente
sentado algunos puntos de su proyecto para las relaciones internacionales
de Brasil, en caso de ganar las elecciones:
– Facilitar
el comercio internacional como una de las maneras más efectivas de
promover el crecimiento de largo plazo;
–países
más abiertos son también países más ricos (dice textual la parte en que se
refiere al comercio exterior);
-reducir
muchas alícuotas de importación, reducir también las barreras no
tarifarias y, en paralelo, la constitución de acuerdos bilaterales
internacionales.
El
problema es que para todo esto o se desintegra el Mercosur o se
flexibiliza el bloque.
No
caben dudas que este será el tema central en la reunión con
el presidente Mauricio Macri y no debe quedar al margen de la agenda,
una posición conjunta respecto de Venezuela. Pero a la luz de la importancia
que Brasil le está dando a su desarrollo económico, la posición de Brasil
difícilmente sufrirá alteraciones.
A
partir del 1 de enero de 1995, el Mercosur comenzó con lo que se denomina una
"unión aduanera".
Los
cuatro países miembros del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay)
pasaron a tener un único Arancel Externo Común – AEC- (o Tarifa Externa Comun –
TEC), con el objetivo de evitar triangulaciones por parte de terceros países.
A
modo de ejemplo:
Un
importador brasileño desea comprar un bien producido en España. Otro importador
argentino desea comprar el mismo bien producido por la misma fábrica en España.
La
Unión Aduanera posibilita que el impuesto de importación en ambas operaciones
(es un costo para el importador) sea el mismo y de esta forma se evita la denominada
triangulación.
Continuando
con el ejemplo, estimamos el impuesto de importación (TEC) en 15%. De esta
forma no hay ventajas para uno de los dos importadores respecto del otro.
Imaginemos
que el mismo bien es producido por otra empresa en Argentina, y por el hecho de
estar dentro del Mercosur, cuando el importador brasileño compre del fabricante
argentino, la operación no tendrá que pagar el impuesto de importación porque
el impuesto de importación intra-bloque es cero.
Esto
permite dos cosas en el corto plazo:
A
-Desvía el comercio. El importador brasileño va a preferir comprar el producto
de la empresa argentina porque al no pagar impuesto de importación, su costo
final será más barato.
NOTA:
siempre que el precio de venta del producto argentino sea como máximo, un 15%
más caro que el producto español.
B
– El Mercosur se convierte en una protección para la ineficiencia del
productor argentino (ocurre en el sentido contrario del comercio, también).
Un
producto fabricado en Argentina con un costo de hasta 15% mayor que el español,
tendrá mercado cautivo en Brasil porque, al mismo precio (valor de exportación
más impuesto de importación) el comprador de Brasil, optará por comprar el
producto argentino por cercanía geográfica, menor costo del flete internacional
y porque al no pagar impuesto de importación, la base de cálculo para los demás
tributos (créditos fiscales para la operación) será más baja. El costo
financiero de la compra internacional, será menor que comprando de España.
De
no existir la Tarifa Externa Común y donde cada país podría colocar el impuesto
de importación que estime mejor para su economía, podríamos simular un ejemplo
parecido.
Un
importador brasileño compra un producto español pero, al no existir la TEC,
Brasil determina que ese producto paga apenas el 5% en concepto de impuesto de
importación.
Desde
Brasil, con un Certificado de Origen otorgado de forma irregular, el producto
podría ingresar a la Argentina como siendo producto brasileño, sin pagar ningún
impuesto por el acuerdo Mercosur, pero el mismo producto importado por una
empresa argentina desde España pagaría 15% (la TEC sirve, entre otras cosas,
para evitar estas situaciones).
Así,
al existir alícuotas de importación diferentes, habría desequilibrio en el
comercio bilateral entre Argentina y Brasil.
Al
margen de tratarse de una operación irregular (el Certificado de Origen solo se
otorga a productos con más del 60% de costo nacional), es totalmente posible de
observar este tipo de conductas.
El
gobierno de Brasil, acaba de anunciar que va a reducir los aranceles de
importación de muchos productos de su pauta importadora. Lo que para
muchos argentinos será un sacrilegio (cómo el Gobierno de Brasil se atreve a
que sus industrias compitan con industrias del exterior) es en realidad la
necesidad de aumentar la competitividad.
Muchos
años de un mercado internacional cerrado y protegido impide que las industrias
locales tengan que preocuparse por ser mejores que sus pares en otras
latitudes.
Después
de todo, bastaba pedir protección del Gobierno de turno que se inventaba una
barrera tarifaria (aumento del impuesto de importación) o una barrera no
tarifaria (aumento de las trabas para importar, suficientemente fuertes para
que ese producto sea comprado de la industria nacional a pesar de ser mas
caro).
Esta
práctica se justificó con el objetivo de defender el empleo nacional y
defender a la industria local, pero se omitió el costo que esto tendría en el
futuro. Cuando no se precisa ser mejor, se inhibe la necesidad de invertir para
ser mejor.
¿Por
qué un industrial invertiría para producir "más, mejor y más barato",
si el producto, tal como estaba, se vendía perfectamente bien, gracias a las
protección del gobierno y con un excelente margen de ganancia?
El
Mercosur tuvo como uno de los resultados más divulgados, el aumento del
comercio intra-Mercosur.
De
hecho, en el año 1990, previo al Tratado de Asunción en 1991, Brasil exportó a
la Argentina, un total de USD 645 millones, y Argentina había exportado a
Brasil, la suma de USD 1.400 millones. La corriente de comercio (suma de
exportaciones e importaciones) llego a USD 2.045 millones.
En
el año 1997, ese valor sumo USD 14.687 Millones
El
récord se logró en el año 2011 en que la corriente de comercio fue de USD
39.607 millones. El año 2017 cerró con una corriente de comercio de USD 27.054
millones. El año 2018, cerro, motivado por una caída estrepitosa de las
importaciones argentinas, con una corriente de comercio de USD 26.002 millones.
¿Cómo
queda el Mercosur?
La
intención del presidente Bolsonaro de abrir Brasil al mundo no está en línea
como el Mercosur tal como está.
En
27 años de existencia, el Mercosur cerró acuerdos con apenas 4 países /
bloques: Israel, Egipto, India y África Austral (Sudáfrica,
Angola, Madagascar, Mozambique, Zimbabue, entre otros países).
También
firmó un acuerdo con Palestina que está en revisión desde el año 2011.
Informaciones
emanadas por el Gobierno Bolsonaro dan cuenta que Brasil podría reducir el
impuesto de importación de una gran cantidad de productos y si así fuera,
estaremos ante el comienzo de una transformación del Mercosur para una Zona de
Libre Comercio o de su desintegración como Bloque.
La
Unión Aduanera impide que un país socio haga acuerdos con cualquier otro país o
bloque, salvo que vayan todos los socios juntos. Dicho de otra forma, si
uno no quiere, tres no pueden. Imaginemos que Brasil tiene interés de cerrar
acuerdo bilateral con Estados Unidos, pero por las restricciones de la Unión
Aduanera a negociar cada uno por su cuenta propone que el Mercosur avance en
una alianza del Bloque con el presidente Trump.
Paraguay
estima que un acuerdo con la economía más avanzada del mundo, no es estratégicamente
conveniente para la región y por tal motivo se opone.
Como
está el Mercosur hoy, Brasil no podrá firmar el acuerdo por afuera del
bloque. Es esto lo que Bolsonaro está proponiendo cambiar.
Imaginamos
que la manifestación por parte de Paulo Guedes – el Súper Ministro de
Economía – respecto a la falta de prioridad que tiene el Mercosur para
Brasil, son parte de una estrategia de negociación para que el Mercosur
retome su agenda expansiva de acuerdos con el mundo para vender más
productos. Pero no tenemos dudas que si en la reunión con Macri Bolsonaro no
observa que van juntos por la senda de la apertura comercial, ni el Mercosur
ni Argentina, estarán en la primera página de las relaciones internacionales
del nuevo Gobierno.
El
presidente Macri se verá entonces, en una disyuntiva. Por un lado puede tener
la voluntad de flexibilizar el Mercosur abriendo el bloque al mundo, pero en
los acuerdos comerciales se facilita el comercio en los dos sentidos y con
tasas de interés anual del 60%, inflación anual del 47% y una clara falta de
política de Estado para el aumento de las exportaciones argentinas, la
competitividad del producto local está claramente comprometida.
Firmar
acuerdos con terceros mercados no solo no garantizará el aumento de las exportaciones
de nuestro país, sino que también podría aumentar las importaciones, generando
un nuevo canal de reclamos por parte de los industriales argentinos que
pedirán, nuevamente más protección.
Corremos
el enorme riesgo de entrar en un círculo vicioso donde el perro se corre
la cola pero no sale del lugar.
La
buena noticia es que falta poco para saber qué Mercosur nos depara el destino y
cuál será la relación con nuestro mejor cliente, en el caso de que la relación
se mantenga y el Mercosur sobreviva
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