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Por Fausto Spotorno - Argentina viene mostrando un clarísimo
ciclo económico. Los años pares (no electorales) la actividad económica cae y
la inflación se acelera. Las últimas veces, a niveles del 40% como sucedió en
2014 y 2016. El 2018, siguió este patrón en el que la economía terminaría
cerrando con una contracción del 2,4% y la inflación quedó en 47,6%.
En gran medida esta inflación fue producto de un exceso acumulado de
emisión monetaria y una violenta caída de la demanda de dinero, tras la
devaluación sufrida durante el 2018. En este esquema el Banco Central
implementó un programa monetario bastante restrictivo con el objetivo de
reducir la inflación durante el 2018. Sin embargo, hoy no todo depende sólo del
Banco Central, la demanda de dinero está bastante deteriorada y es muy sensible
a los movimientos del tipo de cambio y a las perspectivas económicas. Aún así,
creemos que para el 2019 la inflación podría ir bajando y terminar en el orden
del 28% anual.
Los datos de diciembre mostraron una inflación que viene en baja luego
de las fuertes devaluaciones del 2018. Aún así, es del orden del 2,6% mensual,
lo cual equivale a la inflación anual de muchos países. La inflación núcleo,
que no contabiliza ni los rubros estacionales, ni los precios regulados como
las tarifas de servicios públicos dio 2,7%. En términos anualizados esto es más
de 37%.
O sea, si la inflación núcleo se repitiera los próximos 12 meses
terminaríamos teniendo esa cifra de inflación para el 2019. A eso hay que
sumarle que en los próximos meses habrá varios aumentos de tarifas, con lo
cual, la inflación general será mayor que la inflación núcleo.
Por ello es muy importante que la inflación continúe bajando,
especialmente, la inflación núcleo. A eso apunta la política del Banco Central.
El objetivo que se ha planteado la entidad monetaria es contener fuertemente la
creación de dinero y se ha comprometido con el FMI en un programa de
restricción de la emisión monetaria. El primer semestre, sólo se expandirá por
la suba estacional de la demanda de dinero de diciembre y en el segundo
semestre crecería a un ritmo del 1% mensual, a lo que se le debe sumar o restar
la compra y venta de reservas si el dólar tocara algunas de las bandas
establecidas Esto da cerca de 12% anual.
Ello presenta una seria contracción teniendo en cuenta la inercia
inflacionaria, que claramente viene muy por encima de eso. Por ello creemos que
tarde o temprano esta política monetaria va a lograr curvar hacia abajo a la
inflación. Algo de esto se viene observando en la desaceleración de la
inflación mayoristas que en los últimos dos meses acumuló sólo una inflación de
1,4%. Pero eso es solo un indicio.
No obstante, esta política no está exenta de riesgos. Parte de la
aceleración inflacionaria se debe a la baja en la demanda de pesos y de activos
denominados en esta moneda. Eso explica por qué la inflación ha sido mayor al
crecimiento de la base monetaria que "solo" creció 35% en el 2018. Lo
que refleja una caída en la demanda de dinero del orden 13%, teniendo en cuenta
que la inflación casi llegó a 48%.
A grandes rasgos la demanda de pesos es una variable de confianza,
principalmente enfocada en la moneda, pero puede tener otros condimentos. Cada
vez que en Argentina el mercado se "asusta" hay fuertes compras de
divisas que como contrapartida implican una caída en la demanda de dinero.
Eso ha sucedido mucho en el 2018 y el 2019 no está exento de escenarios
similares, teniendo en cuenta que se trata de un año electoral y de otros
factores como el creciente stock de Leliqs o las perspectivas de la economía
internacional (suba de tasas, commodities, etc.). Aún así, creemos que la
actual política monetaria tiene cierto margen para absorber una reducción
adicional de la demanda de moneda, teniendo en cuenta el bajo crecimiento que
mostrará la oferta de pesos.
Por ello, creemos que durante el 2019 la inflación irá bajando. Sin
embargo, esta desaceleración de los precios no será veloz por varias razones.
En primer lugar, tenemos que en los primeros meses del año, los precios
deberán lidiar con los amentos de taridas. En segundo lugar, como lo
mencionábamos antes la demanda de dinero está sensible y ello junto con algún
intento de recomponer precios por parte de comerciantes y productores puede
evitar una caída rápida de la inflación. Finalmente, al haberse disparado la inflación
hacia fin de año, existe un fuerte arrastre estadístico que impide que la
inflación anual caíga por debajo del 40% antes de septiembre.
Aún así creemos que si se logra reducir la inflación mensual a un
promedio del orden del 2% pasado el primer trimestre, se podría terminar el
2019 hablando de una inflación del 27-28%.
El autor es director del Centro de Estudios Económicos de OJF
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