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Por Mariano Cuparo Ortiz
- El superávit comercial de diciembre, publicado ayer por el Indec, está
directamente relacionado con el dato de fuga de capitales, correspondiente al
mismo mes, que publicó el lunes el BCRA. Mientras la fuga
mostró resiliencia y duplicó los niveles de noviembre, las importaciones
volvieron a registrar una caída extraordinaria, en línea con el escenario
recesivo que generó la disparada de 110% del precio del dólar. Una le da lugar
a la otra. La dinámica es conocida: la devaluación del tipo de cambio ahorra
dólares vía contracción de las compras externas, junto con un buen repunte de
las exportaciones, y hace temporalmente sostenibles a los altos niveles de fuga
y pagos de deuda externa.
"Lo que queda claro es que este excedente de divisas no se usa en
la producción ni en el disfrute potencial del consumo. Es para que algunos
puedan fugar billetes y otros cobren la deuda", resaltó el economista
Estanislao Malic.
Diciembre fue el mes más bajo en importaciones desde febrero de 2010.
Desde aquella crisis, causada por la caída del gigante Lehman Brothers, no se
registraba un nivel tan bajo. Efectivamente, en diciembre las importaciones
cayeron por quinto mes consecutivo, lo hicieron en 27,1% interanual, y
mostraron la profundidad de la recesión.
Las compras de maquinarias se contrajeron 30,2% en cantidades (es decir,
dejando de lado el efecto precio), de la mano de una utilización de la
capacidad instalada en niveles tan bajos que no se veían desde el 2002. Las de
bienes de consumo lo hicieron en 29,1%. Los datos muestran que tanto la
producción y la inversión, como el consumo, lucen deprimidos.
Y la expectativa es que la dinámica continúe así hacia adelante. Los
analistas señalan repetidamente que durante el 2019 la fuga va a presionar,
sobre todo por las incertidumbres que generan las elecciones en general, y el
actual escenario polarizado en particular. Y el balance comercial irá de la
mano, intentando hacer sostenible la dinámica por la vía de una actividad
productiva planchada, una inversión en caída y una economía en general poco
demandante.
Lo explicó Ecolatina ayer mismo a través de un informe: "Durante el
comienzo de 2019 la dinámica sería bastante más similar a la del último
trimestre del 2018. Las exportaciones crecerían en torno a 7% y las
importaciones retrocederían alrededor de 10% en el acumulado anual, registrando
un superávit cercano a u$s7.000 millones. Las presiones cambiarias que traerían
las elecciones impulsarían al tipo de cambio y, con él, a la inflación. Este
combo negativo para el poder adquisitivo podría golpear aún más a las compras
externas a la par que apuntalaría la competitividad cambiaria y posicionaría a
las exportaciones como una salida contracíclica. En consecuencia, lo que sería
un escenario pesimista para el resto de las variables, actuaría de manera
favorable en el frente externo".
Esa mejora en el balance comercial deja entrever un dato: en 2017-2018
hubo dos rojos consecutivos y eso no ocurría desde 1998-1999. La dinámica del
primer semestre, con dólar atrasado y apertura comercial, combo letal si los
hay, más el efecto de la sequía, generó un impacto decisivo.
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