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Por Gustavo Ber - El arranque del
2019 activó a nivel global repentinamente el ¨risk-on¨, con Wall Street
actuando como locomotora, lo cual contagió de inmediato a
todas las plazas financieras mundiales, entre ellas y con una mayor fuerza a
las emergentes que venían además fuertemente castigadas durante el
año pasado.
No ajeno a dicho favorable contexto externo es que los activos
domesticos de inmediato pudieron acoplarse, más cuando sus valuaciones
lideraban los caídas sufridas durante el 2018 tanto por las condiciones
macroeconómicas como por las indiscriminadas ventas desde el exterior que se
aceleraron.
Así es que las acciones y los títulos públicos registran muy
fuertes apreciaciones en lo que va del año, marcando incluso un claro
¨outperformance¨ aun dentro de los emergentes a raíz de la adversa posición
técnica que venían sufriendo en los últimos tiempos.
Esta dinámica permitió reducir unos 150 pb. el riesgo país,
a pesar de lo cual aún está en elevados niveles de alrededor de 680 pb.
que harían poco conveniente por ahora el regreso al financiamiento voluntario,
aún cuando algunos países ya pudieron volver a emitir.
Más allá de que el clima externo, favorecido en especial por una Fed más
¨dovish¨ que podría mantenerse en pausa por un mayor tiempo ante algunas
señales de desaceleración económica y menores presiones inflacionarias, los
activos domésticos también usufructuaron la continuidad del escenario de mayor
calma cambiaria que luce como una condición necesaria para la recuperación
del apetito por riesgo local.
Ocurre que el dólar continúa arrastrándose por la banda inferior, hasta
incluso determinó compras por parte del BCRA a raiz de ubicarse durante algunas
jornadas incluso por debajo, y ello sigue alentando apuestas de
¨carry-trade¨ que buscan capturar las aún elevadas tasas en pesos.
Ello se debe a que el descenso en la tasa de la Leliq, actualmente en
torno al 57%, continúa siendo muy gradual dado que se apunta a restringir la
expansión de la base monetaria - y además tienen como contrapartida depósitos -
a fin de seguir desacelerando la inflación, tal como sucedió en los últimos
meses.
La contracara de dicha dura política monetaria es la debilitada
actividad económica, cuyo repunte podría demorarse y resultar además más tímido
ante tales desafiantes condiciones financieras, pero aún así las autoridades privilegian la calma cambiaria y la desaceleración
de la inflación en un año de elecciones.
En los próximos meses el tiempo de la conformación de las fórmulas
electorales y las encuestas irán ocupando el centro de la escena para la toma
de decisiones, lo cual podría abrir espacio a un período de mayor volatilidad
doméstica y ello inclinar a los operadores a una mayor dolarización de las
carteras.
Frente a ello, y los múltiples desafíos que aún representa el
cumplimiento de las exigentes metas fiscales del FMI, los inversores no
deberían inclinarse agresivamente por posicionamientos en pesos, sólo por
aquellas necesidades corrientes proyectadas a corto plazo, dado que la pulseada tasa vs. dólar tiene todavía un final abierto en un
año seguramente volátil a nivel local y también internacional.
De dicha manera es que más allá del rebote externo, que ha contagiado a
las plazas emergentes y ha podido ser capturado satisfactoriamente por los
activos domésticos, lo cual debe ser valorado dado que anteriormente no sucedía
por los ruidos internos, los inversores no deberían abandonar la hoja de ruta
de este año caracterizada por la prudencia, la continua atención a los mercados y la
selectividad.
Así es que deberían continuar privilegiando títulos públicos en
dólares muy cortos, ¨garantizados¨ por los desembolsos del FMI, y reservar
para aquellas apuestas a un mayor plazo selectivamente a bonos corporativos de
sólida calidad crediticia como Pan American 2021, Tecpetrol 2022 y Arcor 2023.
También aún resulta conveniente mantener mayores niveles de liquidez en
dólares - de alrededor del 20% - a los habituales en busca de estar listos a
aprovechar las oportunidades, tanto tácticas como estratégicas, que podrían
volver a presentarse frente a un renovado clima de mayor volatilidad.
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