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Por Roberto
Cachanosky - La desilusión que produjo Cambiemos en materia de
resultados económicos se plasma con 2018 terminando con un aumento del 48%
en el IPC, con el Índice de Precios Mayoristas subiendo el 73,5%, el costo de
la Construcción el 44,8% y la economía que sigue estancada desde hace una
década.
No debe sorprender este resultado porque Cambiemos pensó que un sistema
intrínsecamente ineficiente podía ser eficiente si era administrado por buenos
gerentes. Creyeron que era solo un problema de gerenciamiento y no de
calidad institucional.Al respecto también es conveniente aclarar que algunos
economistas son encasillados en la corriente libertaria por repetir todo el
tiempo que hay que bajar el gasto público y los impuestos o creen que son
liberales solo diciendo esas dos cosas. Nadie niega la necesidad de esas
medidas, pero eso es sólo una parte de lo que hay que hacer para sacar a la
Argentina de la larga decadencia. Agregaría que tener equilibrio fiscal es más
de sentido común que de estricto razonamiento económico. Hasta el PSOE en
la era de Felipe González defendía el equilibrio fiscal.
La aclaración del párrafo anterior viene a cuento porque algunos
"libertarios" se horrorizaron porque dije que el problema económico
de Argentina no se resuelve repitiendo una y otra vez que hay que bajar el
gasto público y los impuestos, sino debatiendo los valores que tienen que
imperar en la sociedad. Mientras los "libertarios" repiten como
loritos que hay que bajar el gasto público, los progres controlan la educación
al punto que hoy en día en los colegios no se sabe quién es Alberdi, se dice
que Roca fue un genocida y que Sarmiento era un asesino. Lo que buscan los
populistas y progres es destruir los valores que imperaron en la generación del
37 que se plasmó en el impresionante despegue económico de Argentina hacia
fines del siglo XIX, destruyendo la imagen de esa generación.
Cuando rigieron los valores de la generación del 37 o más conocida como
la generación del 80, es decir, el espíritu liberal de nuestra Constitución de
1853, Argentina llegó a ser el país con ingreso per capita más
alto del mundo en 1895 y 1896. Lograda la consolidación nacional en 1880, nos
mantuvimos entre los 10 países con mayor ingreso per capita. El
gráfico muestra categóricamente cómo a partir de mitad de la década del 40
empezamos a perder posiciones aceleradamente. La caída de la curva puede
ser más pronunciada porque se toman los primeros 70 puestos. Si se incluyeran
los 169 países considerados en la serie de Angus Maddison la curva queda de la
siguiente manera:
Aun agregando más países, queda marcado el punto de caída a mediados de
la década del 40. Como con las estadísticas se podrían inventar los datos
que se quisiera, se toma una tercera opción que es la de Nicolás Cachanosky, quien
calculó en qué posición se ubicaba Argentina entre los países de mayor ingreso. El
gráfico que se publica abajo muestra que hasta la década del 70 Argentina
perteneció al 20% de los países de mayor ingreso per capita, pero se ve
claramente que la tendencia a la baja se da a partir de 1947. Es decir,
cualquiera sea el mecanismo que se elija para ver en qué momento dejamos de ser
un país que crecía, ofrecía condiciones para invertir y creaba puestos de
trabajo, todos llevan a mediados de la década de 1940.
Nuestra decadencia coincide con la llegada del populismo, de la cultura
de la dádiva, con la idea que el pobre es pobre porque otro es rico, por el
sobredimensionamiento del estado, por la destrucción de la moneda, etc.
Antes de nuestra decadencia imperaban los principios de la Constitución
de 1853/60 inspirada en las Bases de Juan Bautista Alberdi, un personaje hoy
desconocido en las escuelas y hasta en las universidades. Y no es casualidad
que en las escuelas, que han caído en manos de los progres y populistas, se
ataque o se ignore a Alberdi, Sarmiento, Mitre, Avellaneda, Pellegrini y Roca
por citar algunos de los dirigentes de lo que se conoce como la generación del
80.
Alberdi no solo escribió las Bases, también publicó El Sistema Económico
y Rentístico de la Confederación Argentina según su Constitución de 1853, El
Crimen de la Guerra, Peregrinación de Luz de Día y muchos libros más. Pero en
el Sistema Económico explica claramente que el sistema económico que
inspira la Constitución Nacional es el del sistema liberal.
Dice Alberdi en el Sistema Económico y Rentístico: "La Constitución
es, en materia económica, lo que en todos los ramos del derecho público: la
expresión de una revolución de libertad, la consagración de la revolución
social de América. Y, en efecto, la Constitución ha consagrado el
principio de la libertad económica, por ser tradición política de la revolución
de mayo de 1810 contra la dominación española, que hizo de esa libertad el
motivo principal de guerra contra el sistema colonial o prohibitivo".
Citando a Adam Smith y a Juan Bautista Say, dos exponentes del
liberalismo del siglo XVIII y XIX, dice Alberdi: "A esta escuela de
libertad pertenece la doctrina económica de la Constitución Argentina, y fuera
de ella no se deben buscar comentarios ni medios auxiliares para la sanción del
derecho orgánico de esa Constitución".
Alberdi fue el que dio las bases para construir la Argentina y luego
Mitre, Sarmiento, Avellaneda y Roca, entre otros, llevaron adelante esas
ideas. Por eso hay que defenestrar a las generación del 80. Porque
representa los principios de la libertad económica, algo que detestan populista
y progres. Y para destruir esos valores coparon la educación.
Algunos podrán argumentar que esa Constitución fue escrita para el siglo
XIX y hoy las cosas son diferentes. La realidad es que cuando imperaron los
valores de la Constitución de 1853 estábamos entre los 10 países con mayor
ingreso per capita y llegamos a ser primeros. Cuando
llegaron las ideas modernas de la economía cerrada, la redistribución del
ingreso, las empresas estatales, los impuestos progresivos, el Banco Central y
la cultura de la dádiva de los políticos "buenos2 que hacen caridad con la
plata del contribuyente, pasamos a estar en el puesto 62 en el ranking de los
países de ingreso per capita y con tendencia a seguir bajando.
Justamente, para desprestigiar las ideas de la Constitución de 1853, los
progres y los populistas tienen que desprestigiar a la generación del 80 o
dejar de enseñar cómo se construyó Argentina luego de Caseros. El
revisionismo histórico apuntó a destruir los valores que hicieron grande a la
Argentina. A demonizar a la generación del 80.
En definitiva, sabemos que este nivel de gasto público destroza la
economía, que esta carga tributaria espanta cualquier inversión, que esta
legislación laboral hace que las empresas no quieran contratar personal y que
hay legiones de gente que viven de planes sociales. Eso lo sabemos, el punto es
explicar por qué llegamos a esta decadencia.
Mi punto central es que solo podemos explicar nuestra decadencia, o si
se prefiere, cómo salir de la decadencia, debatiendo los valores que tienen que
regir en la mayoría de la sociedad y no limitarnos a repetir todo el tiempo que
hay que bajar el gasto público y los impuestos. Para cambiar la Argentina,
el debate es mucho más profundo que esas dos simples afirmaciones, de las
cuales, aclaro, no reniego. Solo insisto en que si no cambiamos los
valores que llevaron a tener un gasto público disparatado y un sistema
tributario confiscatorios, nunca vamos a tener un crecimiento sostenido.
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