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Por Liliana
Franco - “La inflación y las expectativas de inflación se encuentran en
una tendencia descendente desde octubre,
y todo indica que seguirían disminuyendo lentamente en 2019”.
Esto permitiría una reducción gradual de la tasa de interés que,
combinada con un aumento del salario real y de las exportaciones, generaría “una recuperación de la actividad económica a partir del segundo
trimestre de 2019.”
Así lo señaló Alejandro Werner, director del Departamento
del Hemisferio Occidental del FMI, en
un escrito en el blog “Diálogo a Fondo” dado a conocer este viernes.
En este escrito el Fondo ratificó su estimación de una caída de
1,7% para el Producto Bruto Interno argentino en el año en curso, aunque espera
una expansión de 2,7% para el 2020.
Werner reseñó que la economía
argentina entró en recesión en 2018. Una sequía severa redujo
significativamente el producto y las exportaciones agrícolas, y la importante
depreciación del peso registrada a mediados de 2018 impulsó la inflación, lo
que afectó el ingreso disponible y la confianza de los inversionistas.
Sin embargo, consideró que “el plan de estabilización del
gobierno, basado en políticas monetarias y fiscales revisadas y fortalecidas,
ayudó a atenuar las turbulencias financieras y estabilizar el tipo de cambio”.
Desde el punto de vista regional, el FMI considera que la actividad
económica en América Latina sigue en aumento, pero a un
ritmo más lento que el que se anticipara originalmente.
El debilitamiento de la economía mundial y el aumento de la
incertidumbre política contribuyen a que se esté moderando el impulso del
crecimiento en América Latina. A nivel general, el Fondo prevé que la región crezca 2 % en 2019 y 2,5% en 2020, tasas muy
inferiores a las de sus pares de otras regiones.
Entre las razones que explican la desaceleración en el crecimiento de la
región, el FMI señala el endurecimiento
de las condiciones financieras mundiales y la caída de precios de las materias
primas que generaron las tensiones comerciales entre Estados Unidos y
China.
Además, la política monetaria se contrajo en algunas economías, a fin de
contener las presiones inflacionarias relacionadas en parte con la depreciación
de la moneda, atenuando aún más el crecimiento.
En términos de política fiscal,
aproximadamente la mitad de las economías de la región redujeron sus déficits
primarios como porcentaje del PIB en 2018. Sin embargo, el Fondo evalúa
que “esto no fue suficiente para ubicar la deuda pública en una
trayectoria descendente, con la excepción de Argentina”.
Incertidumbre
política
El FMI advierte un aumento de la incertidumbre política en la
región. Por caso, “en Brasil, la
fragmentación del Congreso podría crear obstáculos para la ejecución del
ambicioso programa de reforma estructural, consolidación fiscal y reforma de
las pensiones”.
Y alerta que “de continuar, la incertidumbre política podría desalentar
las inversiones en el futuro y socavar las perspectivas de crecimiento de la
región”.

Para el FMI también existen varios riesgos mundiales que podrían afectar
en mayor medida las perspectivas de América Latina y el Caribe. Por
ejemplo, un aumento de las tensiones comerciales entre China y Estados
Unidos, o una desaceleración en algunas economías importantes,
podrían determinar un menor crecimiento del comercio en la región.
El área, a su vez, se vería perjudicada si las condiciones financieras
mundiales se endurecen más, lo que incluye aumentos repentinos de la
volatilidad financiera mundial, un incremento de las tasas de interés de
Estados Unidos y una apreciación del dólar.
Además, afirma Werner, un
incremento de la volatilidad en los mercados mundiales podría generar una
reducción de los flujos de capitales hacia la región, lo que podría afectar el
potencial de inversiones.
Entre los riesgos internos Werner menciona “una menor confianza por la
incertidumbre política en Brasil y México, así como la
incertidumbre relacionada con las elecciones en Argentina”. Específicamente, señala que “en
Argentina, las elecciones generales que se realizarán en 2019 podrían reducir el
apetito de reforma”.
Ante este contexto, el Fondo recomienda que la reducción de la deuda y
del déficit siga adelante en varios países, a fin de garantizar la
sostenibilidad de la deuda. Esas políticas –afirma- minimizarían los efectos
adversos sobre la actividad económica y la pobreza, por ejemplo, mediante la
protección de la inversión en infraestructura y del gasto social bien
focalizado, sin dejar de recortar el gasto no prioritario.
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