|
Por Roberto Cachanosky - Desde
hace un par de meses el Gobierno viene respirando por la tranquilidad en el
mercado de cambios, al punto que la paridad ya se ubica por debajo de la
banda de flotación y el BCRA salió al mercado a comprar dólares para sostener
el precio de la divisa.
Sin embargo, habiendo visto varias veces Casa
Blanca, la película siempre termina igual: Humphrey Bogart no se queda con
Lisa, que se va con Víctor Laszlo y el avión despega entre la bruma. Con estos
modelos monetarios de arbitraje tasa versus dólar pasa lo mismo, y es para
inquietarse porque esta calma cambiaria puede terminar en el momento menos
pensado y por la causa menos sospechada.
El primer dato a tener en cuenta tiene que ver con
la evolución de los depósitos a plazo fijo.
El incremento de los depósitos del sector privado a plazo fijo no ajustables
por inflación durante 2018 fue del 63%, unos $372.400 millones, a un tipo de
cambio de $40, el equivalente a USD 9.300 millones. Mientras que los ajustables
por CER subieron 1.120%, por la apuesta de sus titulares a la suba de la
inflación, aunque solo suman $23.219 millones en contraste con $960.348
millones de los primeros.
La pregunta que surge es: ¿a qué se debe este
formidable aumento en los plazos fijos en pesos? ¿Es que el argentino tuvo un
ataque de confianza en el peso porque se anunció emisión cero o
la tasa de interés jugó un rol fundamental en este cambio de cartera junto con
el apoyo del FMI?
Comparando la expectativa de inflación a nivel
nacional que mensualmente informa la Universidad Torcuato Di Tella con la
tasa Badlar, difícilmente uno pueda explicar que el inversor está haciendo
depósitos a plazo fijo porque espera ganarle a la tasa de inflación. El momento
de mayor diferencia se da en noviembre pasado cuando la tasa promedio de bancos
para grandes colocaciones estaba en 51% anual y la expectativa inflacionaria se
ubicaba en el 30% a fin de 2019. Había 20 puntos porcentuales que podría haber
explicado la búsqueda de una tasa de interés real positiva en pesos.
Sin embargo, la mayoría de los meses muestra tasas
de interés reales negativas o 5 puntos por encima de la inflación interanual
retrospectiva. Demasiado escasa la compensación de tasa de interés real para
explicar semejante crecimiento de los depósitos a plazo fijo no ajustables por
CER en una moneda tan desprestigiada como el peso.
El otro dato preocupante es que la tasa de Leliq
sigue estando por encima de la tasa de inflación, ayer bajó a 56,31% anual
frente a una inflación pasada del 48% y una esperada por el consenso del
mercado en un rango de 25% a 30% para 2019. Esto quiere decir que el BCRA no
solo no está licuando la deuda que toma con ese instrumento, sino que la está
incrementando en términos reales en pesos; y no hay ningún tipo de inversión
que esté realizando el BCRA como para ganar semejante tasa de interés real.
De todo lo anterior creo que queda bastante claro que la apuesta es tasa
versus dólar como ya lo hemos visto infinidad de veces.
La siguiente pregunta a formularse es: ¿está el
BCRA en condiciones de dominar la situación si hay incertidumbre sobre el
futuro electoral o cualquier otra variable? En otras palabras, si los
inversores decidieran realizar la ganancia devengada, ¿con qué responde el
BCRA?
Suponiendo que se desarmara solamente el aumento de
depósitos a plazo fijo de 2018 que fueron $327.400 millones, sería un desarme
equivalente al 24% de la base monetaria. En principio, ese retiro de pesos
debería enfrentarse con la baja de encajes. Se mantendría cero aumento de la
base monetaria pero cambiaría la composición respecto al total de más
circulante que se iría al dólar.
Habría una presión sobre el mercado de cambios de
USD 9.300 millones, equivalentes al 18% de las reservas actuales, sin
considerar los USD 14.400 millones de encajes en dólares que están en manos del
BCRA pero no le pertenecen y siendo condescendiente con los USD 19.000 millones
del swap con China y siempre y cuando el FMI autorice a utilizar esas divisas
para dominar el mercado de cambios. En caso que se usaran, hasta ese
nivel de cambio de cartera, el BCRA podría dominar la situación pero manteniendo
el apretón monetario, con tensiones cambiarias, recesión y el mercado viendo
como pierde reservas.
Una pérdida de depósitos de $327.400 millones
equivaldría al 40% del stock de colocaciones a plazo fijo. Si la fuga fuese
mayor, la situación sería más compleja pero el Central tendría que dominar la
situación viendo el mercado cómo le caen las reservas, lo cual podría generar
más incertidumbre.
Por eso sigo insistiendo en que la mejor
opción es que el Tesoro le cambie al BCRA el billón de pesos que tiene el BCRA
en letras intransferibles por un papel a largo plazo para controlar la
liquidez del mercado. Se podrá argumentar que ese cambio complicaría la
situación de Hacienda. Es cierto, pero hoy le está transfiriendo al BCRA el
problema porque los intereses los devenga la autoridad monetaria que no genera
ingresos para pagarlos.
Además, si se prolonga en el tiempo este arbitraje
se corre el riesgo de afectar al único sector que puede dinamizar la economía
de aquí a las elecciones que es el exportador porque en el corto plazo está
volviendo a caer el tipo de cambio real.
Como puede verse en el gráfico, luego del pico
agosto, el tipo de cambio a pesos constantes tuvo 4 meses consecutivos de baja.
Y atención que esa curva que bajando al final de
2018 no es fruto de la lluvia de inversiones en el sector real de la economía.
Es sencillamente arbitraje tasa versus dólar. De manera que, mejor curarse
en salud y dejar de jugar con este arbitraje que, como Casa Blanca, siempre
termina igual.
|