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Por Mariano
Cuparo Ortiz - El universo productivo sigue cediendo
espacios ante la lógica de la especulación financiera: en diciembre la
inversión productiva cayó 19,2% interanual e hiló un cierre del año negro, que
sólo encuentra comparación en los números que dejó la crisis mundial causada
por la burbuja de las subprime y el desplome de Lehman Brothers. El dato fue la
contracara del celebrado superávit comercial registrado en el último mes del
año. Así, el 2018 terminó con una contracción acumulada de 5,6% para la
inversión productiva.
Además, la crisis se cobró una
nueva víctima: el mito de que una economía debe consumir menos para que se
invierta más. Con un cuarto trimestre cayendo 8% interanual en el consumo
privado (ver página 3), la inversión siguió hundiéndose en las profundidades.
El carry trade, con un escenario ya conocido de dólar estable y tasas por las
nubes, vive un nuevo momento de auge a la par que la compra de maquinarias
sufre.
Los datos de la inversión
fueron publicados ayer por la consultora Orlando Ferreres y Asociados, que
destacó: "La volatilidad del tipo de cambio, las elevadas tasas, la falta
de acceso al crédito productivo, la aceleración de la inflación, el derrumbe de
la demanda interna, y hasta la incertidumbre política y la caída de la confianza
en el Gobierno se conjugaron de manera de desalentar inversiones y volver muy
cautos a los agentes económicos".
Ahí una trampa, para muchos
autoinfligida al provocar el ingreso en la crisis por balanza de pagos del año
pasado, que enfrenta el Gobierno y que fue el centro de las discusiones después
de que el vicepresidente del BCRA,
Gustavo Cañonero, dijera que el crédito productivo no se podía reactivar hasta
que no hubiera mejora del PBI: hoy, si baja la tasa, la inversión se resiente ante la
potencial devaluación (ver página 5 para observar lo que ocurrió ayer en esa
línea) y si la deja alta la inversión se resiente porque no hay crédito productivo.
La idea ortodoxa es que para
que haya inversión tiene que caer el consumo. Ahí la caída del salario real es
clave porque el ingreso se redistribuye hacia los sectores más fuertes, que
tienen más capacidad de ahorro y por ende de invertir. La que mete la cola ahí
la tasa interés altísima y la caída del consumo, que no permite garantizar un
mercado para lo que produzcan las nuevas inversiones. Por eso la capacidad
instalada cerró noviembre al 63,3%. Como no hay demanda, las empresas apagan
maquinarias y se alejan más de la idea de comprar nuevas.
El economista Estanislao Malic
opinó al respecto: "La inversión ni siquiera necesita ahorro, lo que
necesita es un banco que preste plata en lugar de invertir en Leliq. O le puede
pedir ese dinero al BCRA. Los bancos pueden crear dinero. Hoy cuando una pyme me
pregunta porqué no hay crédito productivo subsidiado la respuesta que le doy es
que el Banco Central justamente lo que quiere es que no saquen
crédito para que la actividad siga frenada. Hoy lo que busca el Gobierno es
frenar la inversión".
La fuerte baja de la inversión
en diciembre era esperable. El dato de las importaciones publicado por el Indec
para ese mismo mes dejaba ver importantes caídas tanto para las compras
externas que se realizan para consumo como para inversión. El total se contrajo
27,1% y las de bienes capital 30,2%. A la par, la salida de dólares por los
intereses de la deuda externa creció 25,5% interanual también en diciembre y la
fuga, si bien cayó en la comparación interanual, mostró resiliencia y duplicó
los niveles de noviembre.
Acerca de esos datos, una
obvia lectura salta a la vista y deja entrever que la lógica financiera le gana
espacios a la productiva: los dólares que se ahorran para comprar maquinarias
se gastan en fuga y deuda externa.
En cuanto al desempeño de cada
componente de la inversión, Ferreres destacó que Maquinaria y equipos cayó nada
menos que 28,1% interanual en diciembre y 10,7% en la totalidad del 2018. La
construcción se contrajo 7,5% en diciembre y tuvo variación nula en el
acumulado.
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