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Por Juan Diego Wasilevsky - La Argentina está atravesando,
nuevamente, la época de "vacas gordas". No para toda la economía,
está claro. Esta afirmación, más bien, se aplica en un sentido literal: después
de desaparecer de numerosos mercados alrededor del mundo y de ver cómo se
perdían posiciones en el ranking global, el
sector de la carne está retomando el protagonismo que había perdido durante
años anteriores.
Así, la ganadería –junto al agro- pasa a convertirse en uno de los pocos
sectores que aportarán sus brotes verdes a una economía que está necesitando de
más "motores", en un contexto en el que sobran las perspectivas más
bien sombrías, como es el caso de las del Banco Mundial, que proyecta una caída
del PIB de 1,7% para este año.
A contramano de otra gran locomotora, como la automotriz, que se espera
se siga moviendo en terreno negativo en los próximos meses, el entramado de
empresas que conforma el complejo de la carne rebosa de optimismo.
Después de un 2018 realmente superlativo en términos de
exportaciones, en el sector apuestan a
que las ventas al mundo vuelvan a expandirse, de la mano de la
reapertura del mercado de EE.UU. –tras 18 años de prohibiciones-; a partir de
la rúbrica de nuevos acuerdos con destinos poco tradicionales, como Japón y
Túnez; y de la aprobación de protocolos sanitarios para incrementar los envíos
de cortes vacunos a China, hoy el principal comprador.
Y esto, aseguran empresarios y directivos de cámaras, tendrá impacto en la posición que ostenta la
Argentina en el mercado global de carne.
El 2009 había sido el último gran año para productores ganaderos y
frigoríficos. En ese entonces, el país se
posicionaba en el puesto 4 del ranking que elabora el Departamento
de Agricultura de los Estados Unidos (USDA).
Sin embargo, a partir de allí comenzó la debacle: fue cuando el entonces
secretario de Comercio, Guillermo Moreno, empezó a retacear los permisos para
vender al exterior con el objetivo de inundar la plaza doméstica con cortes a
bajo precio, como forma de domar la inflación.
El resultado fue la pérdida de 10 millones de cabezas de ganado y el
desplome de los despachos al exterior. Como consecuencia de este accionar, para
2010 la Argentina ya había caído del cuarto al noveno puesto. Y, hacia 2013, el país directamente salió el top 10,
siendo superado por naciones con menor tradición ganadera, como México.
Además, por aquellos años, tanto Paraguay como Uruguay estaban
concretando exportaciones por un volumen que más que duplicaba los envíos
realizados por frigoríficos locales.
Como consecuencia del desplome de este negocio, para 2015 el país fue
testigo de cómo cerraron sus puertas unas 130 plantas de procesamiento, que
derivó en la pérdida de 16.500 puestos de trabajo.
Y fue, además, cuando se hizo evidente el éxodo de los grupos
brasileños, que abandonaron el país o achicaron sus operaciones tras años de
pérdidas.
Recuperación y récord
Sin embargo, en 2018 la historia se revirtió notablemente. Y mucho de
eso tuvo que ver la devaluación, que incrementó los niveles de competitividad
del producto nacional. A esto se sumó el inédito protagonismo que comenzó a
tener el gigante asiático, que pasó a demandar más de la mitad de todo lo que
la Argentina le vende al mundo.
De hecho, durante 2017, cuando se comenzó a gestarse el despegue del
"bife nacional", China explicó
el 96% del crecimiento de los embarques nacionales al exterior.
En gran medida gracias a este empuje, el año pasado fue muy positivo
para el sector: las exportaciones concluyeron con 552.000 toneladas peso res,
lo que implicó un salto interanual sin precedentes, del orden del 76%, logrando
además el mayor volumen desde el año 2009.
Esta performance tuvo su recompensa: la
Argentina escaló del puesto 10 al 6 en el ranking internacional.
No solo eso: según destacan desde el Consorcio de Exportadores de
Carnes, el monto facturado por estos despachos alcanzó los u$s1.946 millones,
"la mayor cifra alcanzada en nuestra historia", señalan.
"Luego de años de fuertes intervenciones, de castigo al comercio
exterior de carne bovina, el boom exportador es en realidad una recuperación,
una vuelta a la normalidad de un país con el rodeo, la industria, el prestigio
y la tradición exportadora de Argentina", señala el economista Juan Manuel
Garzón, del IERAL.
El experto agrega que esta tendencia está ayudando al reposicionamiento
del país en el concierto internacional:
-Entre 2002 y 2007, la participación de las empreas locales en el
negocio mundial de la carne fue del 6,9%, en volúmenes.
-Para el período 2012-2015, el share promedio se había desplomado a
menos de la mitad (3,2%).
-Ahora, con el salto experimentado en 2018, la participación se ubica en
un 5,4% en cantidades.
Según Garzón, son cifras que están "mucho más en línea con una
situación de normalidad". Sin embargo, aclara: "Todavía hay margen
para seguir creciendo".
El regreso al "top 5"
Tras la buena performance de la industria, las proyecciones que manejan
en el sector indican que está todo dado
para volver al puesto 5 del ranking de países que dominan el comercio global de
carne vacuna.
Según las perspectivas trazadas en el Outlook Ganadero 2019, elaborado
por el equipo técnico de CREA, el país estará en condiciones de generar
exportaciones por unas 600.000 toneladas (peso res).
¿Qué implica esto? De confirmarse, la
Argentina estará subiendo un escalón más y pasaría del puesto 6 que ostentó en
2018 al 5, desbancando a Nueva Zelanda (ver cuadro).
De este modo, se regresaría al selecto grupo de proveedores, ubicándose
por detrás de gigantes como Brasil, India, Australia y Estados Unidos, que
marcan una gran diferencia respecto del resto.
Para ponerlo en perspectiva, mientas que la Argentina aspira a exportar
600.000 toneladas, el USDA prevé para EE.UU. -cuarto jugador en el escalafón
mundial-, envíos por 1,4 millón de toneladas. Y, en el caso de Brasil -líder
indiscutido-, la proyección es de 2,2 millones de toneladas, casi cuatro veces
más.
Así y todo, los expertos consideran muy positivo el regreso a la
"marquesina" principal.
Mercados más demandantes
En cuanto a los factores que promoverán este nuevo salto de los
despachos, desde CREA destacan que el incremento "estará explicado en gran
medida por ventas hacia el mercado chino".
Estiman, de hecho, que el gigante
asiático estará adquiriendo 6 de cada 10 toneladas vendidas por los
frigoríficos nacionales.
A esto se suma la reapertura del mercado de Estados Unidos, luego de que
-por la fiebre aftosa primero y por demoras burocráticas posteriores-, la carne
argentina estuviera ausente nada menos que desde el año 1999.
Si bien los organismos sanitarios habían habilitado el reingreso en
2015, la mala relación entre las administraciones de Barack Obama y Cristina
Kirchner hizo que la Casa Blanca no le pusiera el "gancho"
definitivo.
Las demoras se prolongaron hasta que, como
gesto político hacia Mauricio Macri en el marco del G20, Donald Trump dio el ok
definitivo.
Por estos días, la Secretaría de Agroindustria abrió el registro de
frigoríficos para cubrir una cuota anual libre de arancel de 20.000 toneladas.
En tanto que los despachos realizados por encima de ese volumen tendrán que
abonar un gravamen del 26,4%.
Desde CREA indicaron que "aunque la cuota actual de 20.000
toneladas sin aranceles representará sólo un 3% del volumen exportado total,
tiene un gran impacto, por ser el país del norte un referente mundial en
términos de estatus sanitario, lo que podría
facilitar las negociaciones para el ingreso a otros países con carne de
alto valor".
Además, esta operación marca un "hito": el 80% de estos envíos
serán cortes magros, que se destinarán a la producción de hamburguesas. De modo
que el bife argentino formará parte de
uno de los alimentos emblema de los consumidores estadounidenses.
En paralelo, hubo avances importantes en otros mercados. En esta
dirección, resulta clave el hecho de que la Argentina concretara en 2018 la
primera venta en la historia de carne vacuna con destino a Japón.
Se trató de un contendor cargado con 10 toneladas, que incluyó 13 cortes
diferentes de un frigorífico patagónico, para ir testeando cómo se comporta la
demanda. El objetivo es que las operaciones comiencen a despegar este año.
En paralelo, hace pocos meses también se concretó el primer envío a
Túnez, luego de seis años sin realizar ninguna operación.
"Es una noticia muy relevante para el sector de la carne y, en
general, para el panorama de las exportaciones argentinas, que poco a poco van
recuperando y ganando mercados", señaló el canciller Jorge Faurie respecto
de esta operación.
Así, el campo en su conjunto -incluyendo la producción de proteínas
vegetales y animales- tendrá un rol fundamental en un año electoral en el que
será clave contar con una buena oferta de dólares para evitar sobresaltos
cambiarios. Y sus brotes verdes, si bien no alcanzarán para revertir la
contracción del PIB, al menos ayudarán a amortiguar bastante la caída.
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