|
Por Ignacio Ostera
- El mercado considera que el peso ya se devaluó lo suficiente en el 2018 como
para corregir el déficit de cuenta corriente, por lo que el país no debería
atravesar por una nueva "tormenta" financiera como la del año pasado.
Al menos esa es la mirada del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF por sus siglas en
inglés), que plantea que tanto en Turquía como en la Argentina la moneda no está
"barata", pero sí en un valor de equilibrio.
Ambos países fueron los más castigados dentro de los emergentes con la
masiva salida de capitales especulativos que comenzó exactamente doce meses
atrás.
De acuerdo a un informe del IIF, las dos naciones necesitaban ajustar su
tipo de cambio real para reducir su desbalance de cuenta corriente, que las
volvía las más vulnerables de todo el grupo, habían advertido a comienzos del
2018. La sobrevaluación en los dos casos había llegado a alcanzar el 15%, pero
luego las monedas "cayeron bruscamente" cuando se revirtió el flujo.
"Nuestros modelos muestran que están en equilibrio, pero no
subvaluadas", puntualiza el reporte, que destaca que el rojo del sector
externo se está corrigiendo "rápidamente" hasta llegar al 1%
del PBI en el 2019.
"Esto es porque gran parte del ajuste es cíclico por la caída
del PBI y la compresión de las importaciones, y no por
un rebalance genuino de las exportaciones", añade el trabajo del IIF, que
en ese marco advierte que "eso llevará tiempo, sobre todo en la Argentina,
que está la mitad abierta al comercio que Turquía".
El "driver" de la crisis turca fue un desproporcionado boom
crediticio que ensanchó hasta niveles insostenibles el rojo de la cuenta
corriente, a pesar de que ya se depreció 30% desde el 2013, precisa el IIF. En
cambio, el peso argentino acumuló desde ese entonces una baja del 15%, en un
caso típico de apreciación por política fiscal expansiva combinada con
contracción monetaria, que se corrigió con la devaluación del año pasado.
Para el IIF, la contracción del producto desde el pico de actividad
llegó al 10% en los dos países, lo cual se vio reflejado en un menor nivel de
importaciones que permitió cerrar la brecha del sector externo. Por lo tanto,
"ambas monedas están en equilibrio en su valor actual, no
subvaluadas".
Esto implica que la mayor parte del salto del tipo de cambio ya ocurrió
y no deberían repetirse las turbulencias del 2018, al menos no en la misma
magnitud.
En el caso de la Argentina, la mayor parte de la inversión en cartera ya
se fue, pero queda el riesgo de los plazos fijos mayoristas, que crecen a un
ritmo mensual elevado y podrían presionar al dólar a medida que se acerquen las
elecciones.
|