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Por Jorge G.
Herrera En enero hubo casi un boom de colocaciones a
plazo fijo en pesos privadas. Entre la estabilidad del tipo de cambio nominal,
por demás enfatizada al vulnerar sostenidamente el límite inferior de la zona
de no intervención cambiaria (lo que se tradujo en sucesivas compras de divisas
del Banco Central),
y las, aún, altas tasas de interés ofrecidas se conjugaron para explicar un
aumento de más de $113.000 millones en depósitos privados a plazo fijo en
pesos.
En el interín las
tasas de interés de referencia de la política monetaria (de las Letras de
Liquidez del BCRA) pasaron de niveles de 60% anual a 50% y ahora se ubican en
torno al 45%. Mientras la inflación parece no dar tregua, y, según estimaciones
privadas, podría generar otro dolor de cabeza a los gestores de la política
monetaria y cambiaria. Los bancosa compañaron
la baja de las tasas de las Leliq ajustando los rendimientos ofrecidos a
los ahorristas. De
esta manera los inversores de plazo fijo vieron caer las tasas de niveles de
50% anual al 45% en enero y ahora apenas logran obtener entre 33% y 35%.
Así y todo, las
apuestas a un dólar “estable” por un tiempo más con vistas a las PASO parecen
continuar en su pulseada con la tasa de interés. Los datos del BCRA así lo
muestran: en la primera quincena de febrero los plazos fijos crecen a un ritmo
mensual del 6,7% nominal, si bien es inferior al 9,3% de enero, en términos
interanuales es superior ya que lo hacen al 76% versus el 67% del mes pasado.
De modo que en lo que va del año los plazos fijos privados en pesos (no
ajustables) acusan un incremento de más de $136.000 millones en el stock total
que hoy asciende a 1.120.000 millones. Incluso en los últimos días hasta los
plazos fijos en pesos ajustables revivieron, en forma moderada, ante la
expectativa de que la inflación sigue vivita y coleando.
Para tener una
dimensión de lo que representa vale señalar que el aumento de los plazos fijos
privados en pesos no ajustables en lo que va del 2019 equivale a u$s3.400
millones mientras el stock total a más de u$s27.000 millones (algo similar al
42% de las reservas del BCRA).
Además si a esto se
le suma el embrollo de las Leliq, al que muchos subestiman, se tiene que los
bancos han posicionado liquidez con fines especulativos por el equivalente al
75% del stock existente, según estimaciones privadas. O sea, del casi billón de
pesos en Leliq (en lo que va del año creció en más de $222.000 millones), los
bancos solo tendrían unos $250.000 millones en concepto de encajes, el resto,
sería demanda potencial de dólares, al igual que los plazos fijos de los ahorristas.
Por ello, como confío a fines del mes pasado a este diario una alta fuente del
BCRA (y como se anticipó en la sección Lo que se dice en las mesas)
lo que más le inquietaba al directorio del ente era el posicionamiento
extranjero en activos en pesos y de ahí surgió semanas atrás la restricción
impuesta a los bancos en su tenencia de Leliq. Sin embargo, como advierten en
el mercado, quizás no sea suficiente, para desalentar el “carry trade”. De ahí
que todos miran la “negociación” entre Hacienda y el FMI en cuánto a
flexibilizar la venta de divisas por parte del Tesoro, con el objetivo de
enfrentar el clásico movimiento de huida del peso (caída de la demanda de
dinero) en momentos electorales, más aún, con el nivel de incertidumbre
imperante.
Al respecto cabe
destacar que si bien el BCRA cumple a rajatabla la meta pactada con el FMI de
crecimiento cero de la base monetaria, la política monetaria no es del todo lo
contractiva que se cree ya que cierto es que el ente está sobrecumpliendo la
meta, los agregados monetarios más amplios están creciendo a una velocidad solo
compatible con tasas de inflación anuales de más del 30%. Está claro que el
crecimiento de los plazos fijos hace que el agregado M3 crezca al 30% mientras
el M1 al 8% y el M2 al 10%. ¿Qué pasará con la demanda de dinero? Es sin duda
un gran interrogante.
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