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Por Carlos Burgueño - El Gobierno vivió la jornada de ayer como un
test. Como un examen del mercado para saber cuál es la actitud ante una
escalada del dólar y qué tan fuerte y con qué tanta astucia piensa responder
ante el ataque especulativo. La decisión ante el desafío fue simple y rápida,
con la intención de dar un mensaje claro: se convalidó un alza importante en
los intereses de Leliq, se actuó con la política de dólar futuro y se adjudicó
una masa de letras de liquidez por encima de los vencimientos del día. Todos
mecanismos conocidos y, desde la vigencia de la zona de no intervención, con
eficacia probada y que ayer se aplicaron con la estrategia de pinzas. La
convicción oficial es que el dólar no tiene motivos serios para endiablarse y
que lo que se vive desde el viernes de la semana pasada es una volatilidad
normal luego que los mercados se alteraran a partir de la difusión del dato de
inflación de enero de 2019. Se comparan estas jornadas con las de septiembre
del año pasado, cuando luego de la ampliación de los encajes bancarios se
generó inquietud en el sistema financiero, que paulatinamente se fue
absorbiendo con la acción de la entidad; para pasar luego a un proceso de
estabilidad que, con el tiempo, derivó en la política de contracción de tasas
que se aceleró en los primeros 40 días de este año.
Se reconoce dentro del
oficialismo que la aceleración del IPC a 2,9% en el primer mes del año no
estaba en carpeta. Ni en la del Gobierno ni en la de los privados. Y que el
anuncio del jueves pasado cambió el clima de estabilidad con que había operado
el mercado cambiario desde comienzo del año, generando la volatilidad de los
últimos días. Esta, se asegura, podría continuar algunas jornadas más lo que
derivaría en más acción directa desde el Banco Central. Sin embargo, tanto
desde el Ejecutivo como desde la entidad que maneja Guido Sandleris hay
tranquilidad hacia el mediano plazo. Al menos en lo que tiene que ver con la
oferta de divisas. Desde el BCRA los diseñadores de la zona de no intervención
aseguran que el mecanismo está más firme que nunca, y que en los próximos meses
la divisa se moverá dentro de los márgenes de la banda; más cerca de la mitad y
la mediana que del techo.
En el oficialismo descuentan
que se aproxima un período de una fuerte oferta de divisas, proveniente de tres
fuentes diferentes: la cosecha de maíz y soja, los dólares del Fondo Monetario
Internacional (que si bien no pueden usarse para política monetaria, refuerzan
las reservas y liberan dólares que de no contarse con el dinero del organismo
deberían utilizarse para pagar vencimientos de deuda) y los casi u$s1.000
millones que el BCRA compró durante las jornadas de enero y la primer quincena
de febrero en las que la moneda norteamericana estuvo cotizando por debajo de
la zona. Esta oferta de dólares estaría disponible durante marzo, con lo que
por la sola acción de las fuerzas del mercado, la demanda de estos tiempos de
divisas no debería generar zozobra. Si volatilidades como las de estas
jornadas, cada vez que aparezcan datos como la inflación de enero.
Permanentemente se recuerda en
el BCRA, que el techo de la zona está diseñado lo suficientemente holgado como
para que los mercados se manejen con tranquilidad. Se menciona que el techo fue
calculado sobre la base del precio que el dólar mantuvo a comienzos del segundo
semestre del 2002; cuando la inestabilidad cambiaria y la tormenta de pesos
eran mucho mayor a la actual. En el Gobierno se menciona además que el precio
del dólar durante gran parte de la vigencia de la zona, estuvo cotizando más
cerca del piso que del techo, con lo que la mediana futura debe diseñarse con
ese criterio. Especialmente ante la llegada de los dólares que se esperan en
las próximas semanas.
El escenario debería así estar
tranquilo al menos hasta terminado mayo. Luego, se reconoce en el Gobierno,
comenzará el cronograma electoral; el que se descarta sea un gran combustible
para alimentar la volatilidad. Mientras tanto, será el tiempo en el que desde
el BCRA se diseñen más herramientas que se sumen a las que ya se aplican para
que el principal fin de la política económica de este año se cumpla: que el
dólar no se escape, y que los mercados no deriven en consecuencia en una
incontrolable espiral de inestabilidad.
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