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Por Roberto
Cachanosky - Antes de comenzar a redactar esta nota, miro el
último informe monetario diario del BCRA que es del 20 de febrero y
muestra un total de Leliq en circulación de $947.661 millones. Recordemos
que cuando se decidió terminar con las Lebac y pasar a las Letras de
Liquidez, el saldo de ese instrumento de regulaciónj monetaria era de $1,3
billones, en otras palabras falta muy poco para volver al punto de partida
de endeudamiento de corto plazo del Central.
Es cierto que ahora son los bancos los que tienen las Leliq, pero
también es cierto que los bancos compran ese instrumento con los fondos
provenientes de los depósitos a plazo fijo, cuyo crecimiento fue de unos
$300.000 millones desde que se puso la supertasa de interés de 72% anual a
comienzos de octubre.
Si bien esa tasa ha venido bajando, es bastante claro que llegó un
punto en que el
nivel no compensó el riesgo de devaluación y llevó a un cambio de
cartera fugando pesos de depósitos a plazo fijo hacia el dólar. Un
calco de los que pasó con las Lebac.
Puesto de otra forma, considerando que la base monetaria se
mantiene estable, todo parece indicar que la suba del tipo de cambio no es
tanto un problema de flujos (más pesos en el mercado emitidos por el BCRA
o un saldo de balance comercial supernegativo) sino que parece responder a
un problema de stocks. Esto quiere decir un cambio de cartera de pesos a
dólares por depósitos en el sistema financiero o bien, por caída en la
demanda de moneda.
Dinámica de lo que
puede pasar
El primer tema que hay que tener presente para comprender la dinámica de
lo que puede pasar, es que el argentino está mentalmente dolarizado. Por
ejemplo, el total de depósitos del sector privado en pesos es de $1,1
billón, en dólares son el equivalente a USD 27.500 millones a un tipo
de cambio de $40. Ahora bien, el total de depósitos en dólares del sector
privado en el
sistema financiero es de USD 29.618 millones de los cuales USD 21.532 millones
son depósitos en dólares del sector privado en cajas
de ahorros.
Hay más depósitos en dólares que en pesos del sector privado y
encima están a la vista. Ante la incertidumbre política en unas horas
pueden volar del sistema financiero.
Si comprendemos que el argentino está mentalmente dolarizado,
es bastante obvio que cuando alguien hace un depósito a plazo fijo en
pesos, no está esperando que la tasa de interés le gane a la tasa
de inflación, sino que su expectativa es que la tasa de interés le gane
al aumento del tipo de cambio.
Ahora bien, además sabemos que el BCRA debería lograr que el
tipo de cambio acompañe la tasa de inflación. Es decir, evitar que se
rezague respecto al aumento de los precios internos para evitar que
Argentina vuelva a ser cara en dólares o, si se quiere, que el dólar sea
artificialmente barato.
El rol de las exportaciones
Esta necesidad de evitar que el tipo de cambio se rezague frente al
aumento de precios internos también responde a que el
único motor que le queda funcionando a la economía argentina son las
exportaciones.
Si el tipo de cambio vuelve a retrasarse (de hecho cayó bastante en
términos reales desde el pico en abril en 2018 hasta septiembre 2018)
puede afectar las exportaciones y a la caída del consumo; y a la ausencia de
inversiones habría que sumarle exportaciones languideciendo.
En otras palabras, se llegaría a las elecciones con un nivel de
actividad, en el mejor de los casos, que habría dejado de caer pero sin
signos mínimos de reactivación para mostrar en la campaña electoral.
¿Cuánto debería aumentar el tipo de cambio en base a la inflación? Al
mes de enero el IPC interanual da un aumento de casi el 50% y los
precios mayoristas muestran un incremento del 67%. Si queremos
cambiar la composición del IPC y hacemos una mezcla de IPC con mayoristas,
la inflación anual estaría en el orden del 59 por ciento.
Inflación,
devaluación y tasa de interés
Digamos que el piso es 50% anual y el techo 67% anual. Elijamos
el dato del IPC y sabemos que el tipo de cambio debería aumentar
el 50% anual para no retrasarse respecto al aumento de
precios internos. Si el tipo de cambio tiene que crecer a este ritmo en
la medida que no baje la inflación, la tasa de interés debería superar
al 50% anual para no quedar empatada con el aumento del tipo
de cambio.
Cuál es el número que compensa ese riesgo no lo sabemos, pero sí
sabemos que con tasas de interés reales tan altas, se mata toda
posibilidad de actividad económica y anula cualquier intento de
crecer en base a inversiones.
Pero seamos optimistas y supongamos que, por algún milagro,
no se activa la mecha del arbitraje tasa versus dólar, no
hay turbulencias cambiarias de cara a las elecciones y llegamos
a octubre sin mayores sobresaltos. Aun así la pregunta es: ¿y después de
octubre, qué?
En rigor hoy no tenemos a ningún candidato que esté mostrando un
plan económico mínimamente consistente. Si llegara a ganar el
kirchnerismo, sabemos que ya no solo habría una gigantesca crisis
económica porque no tendría las mismas herramientas para financiar el
populismo que financiaron durante 12 años, sino que además las mismas
libertades individuales estarían en riesgo conociendo las inclinaciones
autocráticas del kirchnerismo. Nuestro horizonte sería una dictadura al
estilo Maduro.
El macrismo sigue sin ofrecer un horizonte de crecimiento. Solo
intentar frenar la vuelta del kirchnerismo al poder para que establezca su
proyecto chavista, una especie de nosotros no somos buenos pero ellos son
peores.
Por su parte el peronismo no k muestra como su mejor opción a un
Roberto Lavagna que en rigor tomó la economía con todo el trabajo sucio
que previamente habían hecho primero Rodríguez Saa con el default, con lo
cual el gasto público bajó porque no hubo que pagar intereses de la
deuda, y segundo Remes Lenicov que licuó el gasto público con
una llamarada cambiaria e inflacionaria, sumado la pesificación de
los depósitos y el retraso tarifario que mantuvo Lavagna más la oportuna
suba de los precios de las commodities a mediados de 2002.
Puesto de otra manera, con todo el respeto que me merece Lavagna,
quien siendo ministro de Economía de Duhalde se comportó como un caballero
conmigo cuando publiqué mi primer libro en 2002 enviándome una afectuosa
carta de felicitaciones, no creo que Lavagna pueda dominar la herencia k,
más la herencia Cambiemos sin tener que meter mano en el gasto público.
Afirmar que de esta situación se sale con crecimiento puede sonar
muy lindo en el discurso político, pero todos sabemos que no se puede
crecer con este nivel de gasto público que tiene como contrapartida una
feroz carga tributaria que ahoga cualquier proceso de inversión que lleve al
crecimiento. Decir que se sale creciendo sin aclarar cómo se va a crecer
es hacer el mismo juego de Cambiemos. Decir que va a llegar una lluvia de
inversiones solo porque se desea.
En síntesis, hoy los argentinos estamos frente a un doble problema.
Uno tratar de llegar a las elecciones sin fuertes turbulencias cambiarias
y financieras, y dos carecemos de una dirigencia política que aporte la
más mínima idea de propuesta para entrar en una senda crecimiento. Están
todos paralizados frente al fenomenal nivel de gasto público heredado del
kircherismo que, además, está en un 60% indexado con lo cual no hay
posibilidades de recurrir a la receta de Duhalde de licuar el gasto con
una llamarada inflacionaria.
Ahora hay que operar sí o sí. Los trucos monetarios ya no sirven para
esconder el problema por mucho tiempo más. El endeudamiento está limitado
desde el exterior. El ahorro interno es escaso para financiar al estado y el
crecimiento. La carga tributaria ahora la inversión. Y la opción de
financiar el gasto público con emisión pone por delante un escenario de
hiperinflación o megainflación.
En síntesis, nos movemos entre un futuro proyecto chavista,
el kirchnerismo, y una alarmante mediocridad en materia de propuestas
económicas por del lado de Cambiemos y el peronismo no k.
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