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Por Liliana Franco - Se terminaron
las vacaciones y volvieron las reuniones con power point en los diferentes
despachos. Con una sede de presidencia caótica (no por la economía) sino por
las diferentes obras de remodelación que se llevan a cabo, Cambiemos se
prepara para dar batalla en la elección de octubre.
Con la convicción de que harán una buena elección por la “gente quiere un cambio” apuestan a la polarización
con Cristina Kirchner subestimando la posibilidad de que una tercera fuerza
pueda tener posibilidades.
Las peleas en el Gabinete, los detalles del discurso presidencial ante
la Asamblea Legislativa, las confesiones del FMI y los proyectos que tiene en
mente Mauricio Macri para su segundo periodo son algunos de
los temas que se conversan en los pasillos de la Casa Rosada.
Al ritmo de una economía cada vez más complicada – como muestra, por
ejemplo, la aceleración de la inflación - en medios de la Casa Rosada se
comenta que sube el voltaje en las diferencias que vienen teniendo los
ministros de Hacienda, Nicolás Dujovne, y de Producción y Trabajo, Dante Sica.
Tanto es así que algunos se refieren a la “guerra de los petizos” en
obvia referencia a la estatura de ambos funcionarios.
Dujovne
es quien ha venido ganando posiciones dentro del Gabinete a partir de su buena
relación con el FMI, el único organismo dispuesto a prestar los dólares que la
Argentina necesita.
Su fluida relación con la titular del FMI, Christine Lagarde,
a quien solía ofrecerle cenas en su casa, le permitió recuperar terreno y
lograr una posición de gran poder revirtiendo su momento de mayor debilidad que
se dio el primer fin de semana de septiembre pasado cuando versiones fundadas
señalaban que el presidente Mauricio Macri le había ofrecido a Carlos Melconián
la conducción del Palacio de Hacienda. Pero para esto Dujovne tiene que pagar
el precio de defender a rajatabla el objetivo de cerrar el déficit fiscal.
Esto implica subir tarifas, recortar inversión pública y tratar de
recaudar más impuestos, entre otras medidas contraproducentes para el consumo y
la producción. Desde ya que en los manuales del Fondo, la quiebra de empresas
no es un problema mayor -el objetivo primordial del organismo multilateral es
restablecer el equilibrio de las cuentas externas y para ello se centran en que
el Estado logre balancear sus números y no gaste más de lo que tiene-.
Para atender esta problemática, el Gobierno se ha apurado a aumentar las
tarifas públicas (y de esta forma reducir los subsidios que brinda el Tesoro).
Precisamente los ajustes tarifarios incidieron particularmente en la suba de
los precios de enero - y lo seguirán haciendo en los próximos meses-. Como el
objetivo principal del titular del Banco Central, Guido Sandleris,
es que no se escape la inflación, la respuesta natural fue la suba de las tasas
de interés.
Pero el incremento en el costo del dinero tiende a acentuar la recesión
y por lo tanto a deprimir los ingresos tributarios. Como el objetivo principal
de Leandro Cuccioli, el Administrador Federal de Ingresos Públicos, es sostener
la recaudación, su organismo sube los intereses que cobra por las deudas
impositivas.
Recorte del gasto público, tasas altas y presión impositiva constituyen
un combo que pone en jaque a la supervivencia de una parte sustancial del
entramado productivo, particularmente a las pequeñas y medianas empresas. Y
aquí es donde se hace realmente cuesta arriba el trabajo de Sica, cuyo objetivo
principal es defender la producción y el empleo. Por esta razón es que este
ministro pelea -con escasa suerte- la obtención de medidas que alienten la
actividad.
Para no pocos economistas, el cuadro de situación es de una
“macroeconomía descoordinada”. Al respecto agregan que, por formación, ni
el presidente Macri (ingeniero) ni el jefe de
Gabinete, Marcos Peña (licenciado en ciencias políticas) “logran encausar los equilibrios múltiples que demanda la
economía” y se preguntan, como en la famosa película “Y dónde está
el piloto (de la economía). ”
Con la mayoría de los funcionarios ya de vuelta de las vacaciones
comienzan a llevarse a cabo en la Casa Rosada diversas reuniones en modo
electoral. Es que prácticamente la mayoría de las áreas gubernamentales estarán
abocadas a efectuar balances y mostrar que el “cambio” tuvo efectos concretos.
La
estrategia electoral se sigue basando en la polarización con Cristina Kirchner,
descartan categóricamente que Macri compita en las PASO “sería debilitar a
nuestro candidato”, explican y más de uno cuestionan que lo hayan subido al avión a Martin
Lousteau “es no conocerlo” en referencia a que “es poco confiable”.
Descartan alianzas y apuestan a que los gobernadores siempre van a
preferir “que gobierne Macri antes que Cristina”.
A pesar de que reina el optimismo saben que en el conurbano las cosas no
serán tan fáciles “y podemos perder varios municipios como por ejemplo Pilar,
Lanus entre otros” confiesan en voz baja.
¿Cómo será la actividad presidencial este año? Preguntó ámbito.com La respuesta fue resumida con humor: ¿vieron el cargamento de planchas que ingresó a la Rosada?
El paso de la última misión técnica del FMI encabezada por el
italiano Roberto Caldarelli dejó dos impresiones en las más
altas autoridades del Gobierno.
Una es que el organismo multilateral sigue viendo bien a la economía
argentina (aunque no desconocen las dificultades, como el último repunte de la
inflación o la pérdida de dinamismo en la recaudación), que continúa siendo muy
sólido el apoyo político al gobierno del presidente Macri y que, por lo tanto,
no debería haber dificultades para recibir los próximos desembolsos de los
préstamos del Fondo.
Se trata de un tema que es monitoreado con particular atención tanto por
las autoridades nacionales como por los operadores del mercado, ya que es un
consenso generalizado que en la antesala de las elecciones tiende a subir la
demanda de dólares.
Las preocupaciones se acentúan desde una perspectiva más amplia. En
concreto, los funcionarios argentinos dicen haber sido testigos de la
preocupación de los técnicos del Fondo por el futuro de las reformas en la
Argentina en un contexto en el que, gane quien gane las próximas elecciones,
ninguna fuerza política tendría mayoría en las cámaras legislativas y en donde
las visiones de las distintas corrientes partidarias muestran hondas
diferencias.
“Habrá
que renegociar el acuerdo”, fue la frase que más escucho la misión del Fondo
en las diversas reuniones que mantuvieron con miembros de la oposición. Según
confesaron asistentes a estos encuentros, los representantes del organismo
multilateral admitieron que será necesario “un nuevo acuerdo sea quién sea
el nuevo presidente”.También sostienen que los miembros de la misión
confesaron que el acuerdo actual obedeció a “un fuerte apoyo político”.
El reconocimiento del FMI respecto a un nuevo acuerdo a partir del 2019
dio cierta tranquilidad tanto a los miembros sindicales como de la oposición.
Quienes dicen tener acceso al pensamiento íntimo del presidente Macri
afirman que el primer mandatario está decidido a llevar adelante profundas
reformas en la economía ni bien -esperan- gane su segundo mandato.
“Esta
vez va a ser distinto, no renegamos del gradualismo que aplicamos en la primera
parte de nuestro gobierno, pero Mauricio (Macri) está convencido que ni bien
gane, debe impulsar las reformas que hasta ahora no pudimos hacer, como la
laboral, previsional e impositiva”,afirman en el entorno presidencial.
“Es
una perspectiva alentadora”, sostiene un importante dirigente de la
industria. “Al menos existe un alta probabilidad que el próximo gobierno
introduzcan reformas que impidan que una pyme no tenga que arriesgar su
subsistencia por un posible juicio laboral”.
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