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Por Carlos Burgueño - Pese a los datos
de la actividad de diciembre de 2018, pese a la tasa de interés de Leliq
cercana al 50%, pese a las malas noticias de continuidad empresaria que
aparecen día a día y pese a la inflación que acumulará 10% en el primer
trimestre, el Gobierno, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y varios
economistas privados creen que la recesión podría estar tocando un piso. Según
esta visión, entre enero y abril de este año los datos continuarán siendo
negativos, pero desde mayo habrá una leve tendencia a la recuperación. La
característica de este muy leve rebote es que tendrá casi un único responsable:
la buena performance que está mostrando la actividad agropecuaria. Según el
oficialismo, podría verse en el primer trimestre de este año una nueva caída,
fruto de la falta de reacción de la industria y el comercio. Sin embargo, la
expectativa oficial es que la tracción la aporte el sector primario, que en
enero habría mostrado un alza de algo más del 7% en el rubro agricultura,
ganadería y pesca. La suba se debe, fundamentalmente, a que la comparación
interanual se hace contra un período donde comenzaban a verse los efectos de la
sequía en el campo. Por cuestiones estadísticas, sólo manteniendo el actual
nivel de producción primaria, el indicador crecería a tasas que podrían llegar
a los dos dígitos. A partir de mayo las expectativas oficiales son que haya al
menos dos rubros que acompañen a la agricultura: minería y actividad petrolera,
junto con la financiera que siempre estuvo mostrando números en azul. Esto
provocaría que entre el tercer y el cuarto trimestre del año el EMAE llegue a
una meseta, y que luego comience una leve recuperación; que si bien no salvaría
el año, al menos cortaría la caída y la ubicaría en un nivel de 1/ 1,5% para
todo 2019.
Los datos conocidos ayer sobre la evolución del Estimador Mensual de la
Actividad Económica (EMAE) durante el año pasado mostraron que la caída de 2018
llegó al 2,6%, con una baja contra diciembre de 2017 del 7%. Para tener una
idea de la magnitud de la caída, en la actualidad el indicador está en los
mismos niveles de marzo de 2015 y un 3,7% por debajo de los datos de diciembre
de 2015, mes de asunción de Mauricio Macri. Ese porcentaje aproximado sería el
que debería crecer la actividad este año para que el Gobierno actual deje el
EMAE en el mismo nivel que recibió. Obviamente es una utopía ya que en realidad
lo que se espera es una caída de entre el 1% y un 1,5%. Pero además, los datos
de diciembre de 2018 muestran para Macri otra dura realidad: la recesión que se
está viviendo podría ser la más dura de las 5 que se sufrieron en los últimos
10 años.
De los últimos 10 años, la economía argentina habrá caído en 5. En 2009
la baja fue del 6%; en 2012, el 1,1%; en 2014, un 2,6%; en 2016, el 2,2% y se
espera entre un 3% y el 3,5%. En todos los casos, las contracciones del PBI
fueron producto de dos trimestres consecutivos (o más) de caída en la economía.
El lamentable período se inicia en 2008, con Cristina de Kirchner en el poder y
luego de la irrupción en la economía mundial de la crisis en
las hipotecas en los Estados Unidos. A este fenómeno se le agregó una brutal
sequía interna, una caída feroz en los precios de la soja y hasta las
consecuencias de la Gripe A. Fue, hasta aquí, la recesión más dura (y la más
justificada por los factores endógenos y exógenos) de las cinco registradas en
el período. La salida de la crisis (Argentina fue uno de los países que más
rápido pudo despegar su economía) fue producto de la decisión de aplicar
políticas activas sobre la economía real que aceleraron la reacción del mercado
interno. El segundo período recesivo (también durante el Gobierno de CFK),
comenzó en el cuarto trimestre de 2011 y culminó en el segundo de 2012, y se
relaciona con los efectos de la inflación (acelerada para ese entonces, pero
ignorada para la conducción del INDEC de aquellos años), cierta incertidumbre
cambiaria y las dudas generadas en el factor inversión por la reestatización de
YPF provocaron la caída del PBI en el proceso menos grave de los cinco
analizados.
El tercer período es, hasta acá, el de más larga duración, con un inicio
en el tercer trimestre de 2013 y una culminación en el tercero de 2014.
Coincide con la reelección de Cristina de Kirchner e incluye una devaluación
del peso en enero de 2014 ya con Axel Kicillof en el Ministerio de Economía y
la inflación real más alta de todo el período kirchnerista. La salida fue lenta
y basada en las expectativas que generaba la elección de un sucesor a CFK que
se dirimía en dos candidatos, supuestamente pro- mercado: Macri y Daniel
Scioli.
El cuarto proceso recesivo comienza en el mismo período electoral
(tercer trimestre de 2015) y culmina en el segundo de 2016; e incluye dos
decisiones importantes de ajustes de comienzo del Gobierno macrista, con alta
consecuencia en la economía real: la devaluación de salida del cepo cambiario
(con un consecuente salto inflacionario) y las alzas en las tarifas de los
servicios públicos para la industria y el comercio. La salida del proceso fue
rápida y las consecuencias de la baja poco importantes. Incluso se hablaba
dentro del Gobierno en aquellos días, en que el proceso de ajuste había sido
bien absorbido por la economía real, y que podría anticiparse un largo proceso
de crecimiento del PBI rompiendo el fantasma de una caída en cada año par.
No pudo ser. La crisis financiera y fiscal iniciada en abril del año
pasado dio comienzo a una recesión que amenaza con convertirse en la más larga
del período (podría durar hasta el segundo trimestre, o más). El consuelo que
podrá encontrar el Gobierno de Macri es que la caída del PBI no alcanzará al 6%
de Cristina de Kirchner en 2009.
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