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Por Juan Manuel Barca - La reforma jubilatoria
impulsada por el Gobierno tendrá como primera escala a los gremios.
Por estas horas, una comisión de expertos presidida por la secretaría de
Seguridad Social, encabezada por Gonzalo Estivariz, revisa los regímenes
diferenciales de unas 50 actividades del transporte, la industria y servicios,
que prevén un retiro con un mínimo de edad de 55 años y 25 de aporte en
promedio por trabajo riesgoso o envejecimiento prematuro.
La iniciativa, que ya despertó el malestar de los sindicatos, es una de
las que varias que integran los lineamientos trazados por el FMI para reducir
el gasto social y sirve de ensayo para avanzar en cambios ambiciosos, hoy
cajoneados por falta de consenso político.
Seguridad Social recolectó en los últimos días
nuevos datos sobre los esquemas de jubilación anticipada y contribuciones
patronales de medio centenar de gremios y entidades empresarias del sector
aeronáutico, marítimo, ferroviario, taxista, tranviario y portuario, según
confirmaron desde el área a iProfesional.
Fue luego de enviarles una batería de notas en las que les solicitaban
consignar en un plazo de 30 días "las tareas y puestos de trabajo
incluidos en el régimen diferencial", "condiciones y medio ambiente
en que se desarrolla cada puesto", "organización del trabajo",
"regímenes horarios", "cantidad de trabajadores en actividades
diferenciales", y "factores de riesgo para la salud", entre
otros items.
Por decreto, el Ministerio de Trabajo y Producción le encomendó en junio del
año pasado a los funcionarios, técnicos y médicos de Seguridad Social, ANSES y
la Superintendencia de Riesgo del Trabajo elaborar un informe en el plazo de un
año sobre las actividades o tareas que "merecen" ser objeto de un
régimen diferencial previsional, con los requisitos de edad, servicios y
cotizaciones adicionales correspondientes.
Aunque las autoridades niegan que esté en estudio un "recorte"
de dichas jubilaciones, en la comisión evalúan la elevación de la edad, la
supresión de regímenes o tareas consideradas obsoletas por el cambio
tecnológico y la supuesta desaparición de riesgos, junto con un incremento de
contribuciones patronales adicionales.
El temor a un tijeratazo motivó una reunión de urgencia el 22 de febrero pasado
en la sede de la Confederación gremial del Transporte (CATT), donde una
comitiva recibió al ministro Producción y Trabajo Dante Sica, y al secretario
de Trabajo, Lucas Fernández Aparicio.
Los sindicalistas les trasmitieron su rechazo a
cualquier cambio en su esquema de retiro temprano, mientras los funcionarios se
comprometieron a gestionar una audiencia en los próximos con la ministra de Desarrollo
Social, Carolina Stanley. Del encuentro, participaron Omar Maturano (La
Fraternidad), Juan Carlos Schmid (portuarios), Mario Caligari (UTA), Andres
Junor (Aeronavegantes) y Roberto Coria (guincheros).
Schmid fue uno de los dirigentes que recibió en las últimas semanas una carta
con membrete de la cartera de Stanley dirigida a la Federación Portuaria y de
la Industria Naval (Fempinra) y a la que tuvo acceso este medio en la que las
autoridades explican que "se considera
fundamental que los regímenes diferenciales se propongan ser sustentables a
partir de la implementación de un adecuado financiamiento y para las tareas
estrictamente justificadas desde el punto de vista técnico, es decir, que
efectivamente se compruebe un riesgo, un desgaste o un envejecimiento precoz de
la salud de los trabajadores que la desempeñan".
La argumentación oficial, sin embargo, no convenció a los gremialistas, quienes
sostienen que el carácter anticipado de sus jubilaciones está justificado por
el envejecimiento prematuro y las enfermedades profesionales que provoca la
actividad.
Los choferes de colectivo, por caso, se jubilan con 30 años de aporte y
55 años de edad, mientras que en el sistema general el requisito es 60 años de
edad para las mujeres y 65 para los hombres .
En la CATT intuyen que el pedido del Gobierno no
solo apunta a restringir los beneficios de los que hoy gozan determinadas
actividades sino que además sería el primer paso de una eventual reforma de todo el
sistema previsional, como advirtió Maturano a este medio previo a la reunión de
la CGT con el FMI.
En dicho encuentro, la cúpula de la central obrera anunció la posibilidad de
realizar un paro en contra de las medidas económicas "de ajuste", a lo
que la misión encabezada por el italiano Roberto Cardarelli respondió que
la reforma laboral y
presivional "no son parte del programa" acordado con la Argentina,
según revelaron fuentes del organismo a iProfesional.
Tras las conversaciones, el propio Cardarelli ratificó, sin embargo, la
necesidad de avanzar en "reformas estructurales" para que la economía
crezca. Y en cuanto a las jubilaciones, el Fondo ya hizo varias recomendaciones
desde que el Gobierno inició la revisión de sus cuentas bajo el artículo IV.
Tareas pendientes
En enero pasado, el Fondo propuso "reducir la generosidad de las
jubilaciones", incluidos los retiros tempranos en un documento que analiza
"el futuro del ahorro" a nivel mundial. Allí, los técnicos recomiendan a la Argentina "reformas
adicionales", tales como la disminución de la "tasa de
beneficio" en relación a los salarios.
Las sugerencias van en línea con el compromiso asumido en octubre por el
Gobierno de reducir en 2019 el gasto en pensiones del 4,5% al 4,2% del PBI, el
equivalente a $1.634.000 millones.
Se trata de un aumento de $334.000 millones o del 24%, que al estar por
debajo del 30% de la inflación esperada para este año representa una caída en
términos reales. Las cifras surgen de la primera revisión del stand-by en la
que el organismo volvió a insistir con la "necesaria reforma previsional".
La otra presión que enfrenta el Gobierno es la influencia de Brasil, en
donde el presidente Jair Bolsonaro aprobó una reforma que elevó la
edad jubilatoria y los años de aporte.
Sin margen para implementar semejantes cambios en un año electoral,
Macri intentará al menos enviar señales del reordenamiento fiscal que prevé
hacer en 2020 de uno de los gastos más sensibles que abarca a 5,7 millones de
jubilados y pensionados.
Después de todo, la revisión del regimen previsional estuvo siempre en
su agenda. En junio del año pasado,
advirtió que todos los argentinos debían trabajar "la misma cantidad de
horas y de años", y pidió terminar con los "privilegios".
Una de las primeras tareas en ese sentido fue la creación en 2016 una
Comisión de Fortalecimiento del Sistema de Seguridad Social destinada a diseñar
un sistema de tres pilares (no contributivo, contributivo y voluntario o de
capitalización privada) y donde trascendieron algunos de los criterios que
finalmente derivaron en la Ley de Movilidad Jubilatoria sancionada en diciembre
del 2017, por la que los haberes y asignaciones dejaron de actualizarse por
recaudación para quedar solo atados a la inflación, lo que ocasionó una pérdida
para los beneficiarios. Pero los sucesos violentos frente al Congreso frenaron
los otros cambios que estaban bajo estudio.
Así y todo, el Gobierno pudo avanzar en la "conformación de una
agenda para la futura reforma de la
seguridad social", como reza la memoria de lo realizado en el 2017 por la
comisión. En línea con las propuestas del FMI, se creó el denominado segundo
pilar del nuevo regimen, la Pensión Universal para el Adulto Mayor, un
beneficio de carácter no contributivo que aumentó la edad para la mujer a los
65, rebajó el haber mínimo garantizado a un 80% de la mínima y es incompatible
con el derecho a otra pensión.
La comisión, por otra parte, dejó planteada las tareas pendientes del
plan oficial, que fueron rechazadas tanto por las dos CTA como por la CGT:
-Modificar de los regímenes especiales de
jubilación. Apunta a diplomáticos, judiciales, científicos o docentes, quienes
se jubilan a los 60 en el caso de los hombres y a los 57 en el de las mujeres.
-Armonizar las cajas de jubilación provinciales. La Ley de Reparación
Histórica aprobada en 2016 contemplaba una eventual reducción de las
transferencias de la ANSES a las provincias.
-Resolver la "asimetría" entre la edad jubilatoria de los
hombres y las mujeres. El FMI había recomendado aumentar la edad de las mujeres
a 65.
-Avanzar en un tercer pilar voluntario, que implicaría un regimen de
capitalización privada o mixta, como las AFJP y las mutuales, de las que en su
momento participaron los sindicatos.
-Constituir un fondo de reserva.
Todas estas medidas tendrán que pasar primero por el filtro de la
oposición y el sindicalismo. Como quedó reflejado en la memoria, las dos CTA
plantearon que la capitalización individual "va en detrimento de la
sustentabilidad del sistema previsional público y de reparto",
cuestionaron la baja de contribuciones patronales por considerar que atentan
contra el financiamiento de la seguridad social, y rechazaron el
"vaciamiento" del Fondo de Garantías de Sustentabilidad.
Mientras que los representantes de la CGT explicitaron la falta de
consenso en torno a las iniciativas y advirtieron que"no acompañarán
ningún menoscabo de los derechos previsionales hoy
existentes".
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