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Por Caetano Mohorade - Pese a la
turbulencia cambiaria de los últimos días, desde el oficialismo se muestran
confiados en que la situación se estabilizará pronto, debido al impacto de una
política monetaria más restrictiva por parte del Banco Central y a las divisas
provenientes de los desembolsos del Fondo Monetario Internacional y de la
liquidación de la cosecha gruesa. Esto implica que la depreciación del peso de
los últimos dos días del 6,11% (el dólar cerró ayer en $43,50) sería un
fenómeno transitorio, que va en línea con lo ocurrido en la región, ya que en
Brasil el real se depreció un 2,7% en el mismo lapso.
Una de las principales premisas de la teoría económica es que la
política monetaria opera con rezagos, de modo que las señales que brindó
el BCRA en
los últimos días pueden no tener un efecto inmediato sobre las variables
nominales. “Hay que dar cierto tiempo a la restricción de liquidez para que se
vea reflejada la estabilización”, señalaron desde el Gobierno. Además, esperan
que para abril ya se estaría viendo reflejada de manera efectiva la una nueva
pax cambiaria.
Para contener la suba del dólar, en los últimos dos días, el organismo
que conduce Guido Sandleris absorbió un 8% de la base monetaria, equivalente a
más de u$s2.000 millones, de acuerdo con cifras oficiales. Y desde el viernes,
en tres días hábiles se absorbieron unos $137.000 millones por encima de lo
pautado. En este proceso se registró un fuerte avance de la tasa de referencia
de la economía, que avanzó al 51,86% en respuesta a la mayor absorción de
pesos. Cabe recordar que desde que el Gobierno comenzó con el nuevo esquema de
política monetaria, basado en el control de agregados monetarios, la tasa de
interés se transformó en una variable endógena de la economía, fijada a partir
de la oferta y demanda de dinero.
Por otra parte, desde el Gobierno confían en que los u$s10.430 millones
provenientes del acuerdo por u$s 56.300 millones con el FMI e ingresos
estimados de u$s 4.000 millones por la cosecha de granos ayuden a cubrir parte
de la demanda de divisas. Luego de que el INDEC difundiera el mal dato de
inflación de noviembre, y en medio de una mayor incertidumbre a nivel global en
torno a las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y China, los
inversores comenzaron a dolarizar sus carteras para cubrirse de algún potencial
riesgo, generando así una mayor presión cambiaria. Fuentes del mercado se
muestran confiadas, al señalar que el tipo de cambio real todavía está lejos de
los máximos alcanzados en septiembre. Pero desde el Banco Central se encuentran
en un proceso en el cual buscan generar confianza dentro de los mercados. Para
ello, sostienen que seguirán operando con cautela, dado que no hay margen de
error para retomar el sendero de desinflación, tras la pausa de enero.
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