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Por Claudio Zlotnik - Leandro Gabin - Pasó lo que el macrismo se
había juramentado que no podía volver a pasar: que el dólar volviera a ser protagonista.
El salto a $43,50 implica una suba del 6,6% en apenas dos jornadas, y va
en contra de todas las conjeturas que habían hecho tanto los funcionarios como
los economistas, que preveían un verano en calma y que consideraban que una eventual
presión sobre el tipo de cambio recién podría llegar a ocurrir sobre mitad de
año, cuando la campaña electoral ingresara en su fase más caliente.
Pero bastó con un leve cambio en
las condiciones externas para que el dólar se moviera mucho más de la cuenta -ya
flotando bien despegado del piso de la banda- y para que el índice de
"riesgo país" pegara un salto que lo llevara a los 800 puntos.
Para el Gobierno es un escenario de temer. No sólo
porque implica la vuelta del malhumor social que lo perjudica en las encuestas, sino también
porque un dólarvolátil viene a agravar una aceleración inflacionaria que
está generando preocupación entre los agentes económicos.
Como suele suceder, el hecho disruptivo en el mercado cambiario no fue
anticipado por las consultoras de la City porteña. Apenas unas horas
atrás, el Banco Central difundió la
encuesta de relevamiento del mercado (REM), en la que los economistas y
consultoras habían anticipado un billete verde a $39,50 para finales de este mes.
Y de $40,50 para abril. Ayer, el mayorista cerró en $42,50.
En medio de la incertidumbre, el ministro de la Producción, Dante Sica,
dijo que el Gobierno "no encuentra todavía causas de preocupación con
respecto al tipo de cambio".
En el sentido opuesto a lo expresado por el funcionario, tanto en el
microcentro porteño como en Wall Street, economistas, inversores y operadores
mostraban inquietud por la alteración cambiaria.
Por un lado, hay mucho interés por conocer a ciencia cierta cuál sería
la estrategia y las municiones con las que cuenta el Banco Central para
encarrilar la situación, en caso de que continúen los sobresaltos en los
emergentes.
Y, por el otro, existe una cuestión de fondo: si este nuevo trastorno cambiario tendrá impacto en
el escenario político, de cara a las elecciones de octubre.
El poder de fuego de Sandleris
Lo cierto es que la acelerada suba del billete verdepuso contra las
cuerdas, en forma impensada y antes de tiempo, al Banco Central. A tal punto de
que ahora se duda aun más del poder de fuego oficial ante situaciones de estrés
financiero.
La cotización que vigila Guido Sandleris, o sea la mayorista, trepó el
jueves en medio de un escenario adverso para el resto de las monedas
emergentes: el real brasileño que siempre tiene mucha relevancia para el peso perdió
1,2% el jueves y había cedido otro 1,2% el miércoles.
"Siempre nos movemos más que ellos",
señalan en el Banco Central para intentar explicar por qué la moneda local se
depreció tres veces más.
La cotización mayorista trepó 4,2% un día sólo día hasta los $42.50. En
lo que va de marzo sube 8,6% y en el año ya supera el 12,7%. Con este nivel de
alza, los inversores en pesos pierden contra la inflación y contra el billete
verde: la "Doble Nelson" para los que osaron estar en moneda local.
El ejemplo más claro es la situación de los ahorristas que apostaron por
el plazo fijo, quienes hacen este cálculo: mensualmente, por dejar el dinero en
los bancos obtienen un 2,6%. ¿Lo seguirán dejando quieto si continúan perdiendo
contra los precios y la divisa estadounidense? El riesgo que tiene el Gobierno es que esa masa de dinero se vuelque,
más tarde o más temprano, al dólar y retroalimente la crisis.
Hay $477.000 millones en plazos fijos de privados menores a 1 millón de pesos
(o sea los minoristas) que pueden rotar rápidamente. También hay casi $500.000
millones en cajas de ahorro que se podrían dolarizar en forma inmediata.
Y los grandes depositantes del sector privado, entre los que se
encuentran empresas que también podría buscar al billete verde en un escenario
de incertidumbre, representan una masa de $615.000 millones.
La pregunta del millón es si Sandleris tiene municiones para detener una
incipiente corrida que termine alertando al mercado y que potencie la demanda
de divisas. Es conocido que el acuerdo con el FMI limita mucho al Central a la
hora de ponerle un freno a la devaluación: casi no puede vender dólares.
¿Qué le queda a mano? Operar en los mercados de futuros (para calmar las
expectativas) y absorber más pesos para de esta manera inducir una suba de
tasas de interés. En la City vieron movimientos del BCRA en los contratos más
cortos (que vencen a partir de abril) del Rofex y el MAE para que el mercado
entendiera que está dispuesto actuar. Pero
ese poder de fuego es limitado y poco efectivo.
Por eso, la entidad se concentra específicamente en reforzar el operativo
restrictivo en lo monetario que, de hecho, ya comenzó: en dos días
(precisamente cuando se recalentó el billete verde) el BCRA retiró de la plaza
8% de la base monetaria, el equivalente a más de u$s2.000 millones. Fueron
$63.000 millones el jueves y otros $40.500 millones el día anterior, a los que se
sumaron $33.300 millones del viernes pasado.
El resultado de haber prendido más fuerte la aspiradora fue que las tasas
quedaron actualmente en 51,86%, una "tibia" suba desde el 50% del
viernes pasado. "Se quedaron cortos
y más tarde o más temprano tendrán que convalidar valores más altos si quieren
frenar al dólar", advierten desde la mesa de dinero de un banco
extranjero.
En el Central coinciden, sin decirlo, con ese diagnóstico y avisan que esto fue
sólo el comienzo si se mantiene la presión contra el peso. "Hay que darle
cierto tiempo a la restricción de liquidez a que vaya estabilizando el
mercado", afirman fuentes del Banco Central.
En el mercado creen inexorable que las tasas irán para arriba. De hecho, hubo
ciertas críticas a la forma en la que el BCRA dejó caer el costo del dinero.
Ese "apresuramiento", además en un contexto de fuerte inflación, hizo
que ahora tengan que sobreactuar la dureza monetaria.
Lo dejó en claro hace dos día el vicepresidente de la entidad en un evento de
mercado de capitales, que tuvo lugar en Santiago de Chile. "La
perseverancia y disciplina monetaria son indispensables para bajar la inflación
y, por ello, el Banco Central está preparado para mantener este sesgo
contractivo por el tiempo que fuese necesario", advirtió el segundo de
Sandleris. La inflación y el dólar van de la mano.
No sólo se ve preocupación en los pasillos oficiales por lo que pasó en el
mercado, sino que este cimbronazo viene acompañado por un derrumbe de los bonos
argentinos. Claro, la volatilidad excesiva del tipo de cambio ahuyenta a los
inversores en renta fija local: los rendimientos ya se dispararon hasta el 12%
en dólares.
El jueves, los títulos en moneda extranjera cayeron u$s2 en el tramo
medio/largo de la curva. No es casual que el seguro contra un default (CDS) a
cinco años ya opere en 770 puntos básicos, lejos de los 588 puntos vistos
apenas un mes atrás. El riesgo país que mide el JP Morgan también se acerca peligrosamente
a las 800 unidades, niveles que presagian el peor de los escenarios
posibles.
"En este contexto, el ajuste al alza de las tasas pasivas que remuneran
los depósitos a plazo fijo podría continuar, teniendo en cuenta un
equilibrio dólar/tasa de interés más finito frente al aumento del riesgo
país y de las expectativas de devaluación/inflación", señala el último
informe de Eco Go, la consultora que dirige Marina Dal Poggetto.
Y recuerda que si bien hay una expectativa de recomposición en la oferta de
divisas frente a la normalización de la cosecha durante el segundo trimestre,
esto podría no ser tan buena noticia como espera el Gobierno.
El incentivo que tienen los chacareros para
liquidar es que el tipo de cambio real está más alto ahora que en enero. Pero,
recuerda Eco Go, si el ruido político se filtra en un aumento del riesgo país y
en las expectativas de devaluación, la liquidación podría demorarse.
¿El Tesoro usará sus recursos?
El mercado también descuenta que el Tesoro tendrá el aval del FMI para
vender en el mercado de cambios a través de licitaciones programadas una parte
del excedente del programa financiero 2019 (siempre y cuando el
refinanciamiento de las Letes en dólares no se complique) para cubrir
necesidades en pesos (gasto o vencimientos de capital o intereses).
En función del programa financiero presentado por el Gobierno, según EcoGo, si
el ratio de refinanciamiento de esos mismos títulos se mantiene en torno al 46%
durante 2019, entonces al Tesoro le "sobrarán" este año u$s9.000
millones de dicho programa. De ese total, podría vender alrededor de u$s3.000
millones para hacer frente a necesidades de pesos, sin tener en cuenta los
vencimientos de LECAPs.
Sin embargo, no todos concuerdan sobre si una venta
masiva de dólares lograría el objetivo de calmar al mercado.
"Si el Tesoro tiene que salir a vender del excedente en un contexto de
presión cambiaria y de problemas para refinanciar las LECAPs de corto plazo, la
señal podría convertirse en un 'arma de doble filo'", afirman.
Sencillamente porque el Tesoro se estaría gastando parte de los dólares que
tendría para hacer frente al programa financiero de 2020, donde los desembolsos
del Fondo son sustancialmente menores a los de este año.
O sea, el mejor de los mundos sería mostrarle al mercado que el Tesoro tiene un
excedente potencial de divisas desde el lado del programa financiero 2019, pero
que no tiene la necesidad de usarlos para cubrir necesidades en pesos y
controlar la presión cambiaria, aumentando el saldo inicial de caja de cara al
2020.
La cuestión política
La suba del dólar exacerbó las tensiones entre los financistas. Hasta
ahora, el plan del Gobierno consistía en mantener quieto el tipo de cambio con
el único fin de maximizar las chances electorales de Mauricio Macri.
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La apuesta resulta clara: lograr que la actividad económica reaccione en
algún momento antes de las elecciones. Y que ese eventual brote verde convenza a la
mayoría del electorado que sería el primero de otros.
Sin embargo, la suba de las últimas horas amenaza
con poner en crisis ese escenario y terminar agitando el fantasma tan temido.
"¿Y si Macri pierde las elecciones?", fue la pregunta que se escuchó en algunas
mesas.
Lo cierto es que, hasta ahora mismo, el "mercado" no apostó en
contra de la Argentina. Los principales fondos y bancos de Wall Street se
manejan con encuestas que, casi con unanimidad, dan al Presidente ganando en un
eventual balotaje contra Cristina Kirchner.
Aún descontando ese escenario, el "riesgo país" se acercó a
los 800 puntos y el dólarsaltó por arriba de los $43.
La cuestión que algunos empezaron a imaginar es qué sucedería en caso de
que Macri no tenga asegurada la reelección.
El cuadro de situación suena lógico: si la inflación, en vez de
desacelerarse, se potencia por culpa de un dólar inflamado; si entonces los salarios vuelven a
perder contra los precios y la recesión se extiende en el tiempo, ¿cuánto vale
quedarse invertido en activos argentinos? ¿A qué tasa de interés un ahorrista
dejaría su plazo fijo en el banco?
Lo que parece claro es que la devaluación de estos
últimos días puede poner en crisis el panorama político que había
"comprado el "mercado".
Hasta ahora, los financistas jugaban sobre seguro de que Macri retenía
las mayores chances de seguir en el poder. Pero si finalmente CFK concreta su
candidatura y crece el nerviosismo en la City, entonces la suba del dólar podría alterar ese diagnóstico.
Dicho por un inversor con años con sus apuestas en la Argentina: "Lo que está en juego es la ruta hacia
las elecciones. ¿Podrá Macri mantener sus chances intactas si la
economía se sigue deteriorando?".
La respuesta irá apareciendo en las próximas semanas. A medida que pasen
dos cosas, claro: por un lado, que se resuelvan las incógnitas en el mercado
cambiario. Y, por el otro, aún en el caso de que el BCRA pueda enderezar la
situación, que el "mercado" siga poniéndole las fichas a un Gobierno
y a una economía que vuelve a mostrarse en peor situación que el resto de la
región.
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