|
Por Juan Diego Wasilevsky - La inflación se convirtió en una fuente de problemas para
Cambiemos. Y ahora que está comenzando la carrera electoral, es un tema que
pasó a dominar la agenda del Gobierno nacional.
Para febrero, economistas estiman que el índice próximo a difundirse se
ubicó entre el 3,5% y el 4%, mientras que las estimaciones para todo el año ya
alcanzan el 35%, según algunas consultoras.
Pero la inestabilidad del dólar –que salió del letargo mucho antes de lo
previsto en la "hoja de ruta" electoral- genera que ninguna
consultora pueda hablar de cifras definitivas.
Y en momentos en que los bolsillos más ajustados comienzan a tener
impacto en las encuestas, el debate sobre los drivers que empujan al índice
están a la orden del día. Y ahí es cuando
todas las miradas se posan en el precio de la carne.
Para empezar, la ponderación de este producto en la canasta promedio que
se toma para el Gran Buenos Aires ronda el 6%, pero en algunos puntos del país
su peso se acerca al 9%.
Su importancia es tal que en enero
de este año la carne explicó el 16% del incremento del costo de vida, mientras
que en febrero habría explicado casi un 24%.
Este alimento subió mucho de precio. Es un hecho. Y esto genera un gran
descontento entre los consumidores.
Según un relevamiento que todos los meses realiza el Instituto de Promoción
de la Carne Vacuna (IPCVA), en el primer
bimestre acumuló un salto del 23%.
Para tener una referencia, durante el último cuatrimestre del 2018 el
alza promedio mensual había sido de "apenas" 2,8%.
Y las subas no reconocen "pedigrí": a fines de febrero, un
kilo de un corte económico, como el roast beef, costaba $206, un 116% más que
dos años atrás.
En el caso del asado, el corte clásico argentino, el incremento
acumulado fue del 90%, un poco por debajo del lomo ( 95%) y del vacío ( 94%).
Los carniceros están poniendo el grito en el cielo porque -aseguran- son
el último eslabón de una cadena de aumentos que se originan en el campo.
Alberto Williams, vicepresidente de la Asociación de Propietarios de
Carnicerías, viene alertando que, con
este nivel de precios y su consecuente impacto en el consumo, van a
empezar a cerrar negocios.
En épocas del kirchnerismo, el Gobierno tenía en claro que el precio de
este alimento era una cuestión estratégica.
Por ello fue que el entonces secretario de Comercio Guillermo Moreno
llegó a limitar las exportaciones, para "inundar" el mercado
doméstico y así forzar una baja del valor en los mostradores.
El efecto colateral fue muy negativo, en tanto y en cuanto se esfumaron
10 millones de cabezas de ganado y se hipotecó parte del futuro del sector.
Pero los funcionarios en ese entonces privilegiaron la "mesa de los
argentinos" por sobre cualquier debate sobre la viabilidad del negocio
ganadero.
Por qué sube
En primer lugar, economistas y empresarios de la carne hacen una
salvedad: el brusco avance que se está viendo en los precios que se pagan en carnicerías y supermercados tiene lugar luego de un largo período en el que los
valores de la hacienda venían retrasados respecto de la evolución general de la
economía.
Según el analista Juan Manuel Garzón, del IERAL, "por detrás de la
suba está la recomposición del valor de la hacienda", que "se había
rezagado respecto de la inflación acumulada durante 2017 y 2018".
Incluso, el propio secretario de Agroindustria, Luis Etchevehere, se
pronunció en favor del argumento de una "puesta al día" a nivel precios.
Según el funcionario, hubo un reacomodamiento de los valores de los
cortes vacunos en los dos primeros meses, dado que los mismos habían variado
muy poco el último año.
Sin embargo, en lo que va de 2019, cambió la tendencia: para el IERAL,
"el mercado está corrigiendo el fenómeno,
empezando por una fuerte revalorización" del valor del ganado en
pie, lo que a su vez empujó el precio que pagan los consumidores.
Desde el Mercado de Liniers también defienden el argumento de que la
cifra que pagan los frigoríficos venía muy desfasada y que la puesta al día
hace que los argentinos lo sientan más en sus bolsillos: "El valor estaba
muy retrasado. La suba (de la hacienda) fue un acompañamiento de lo que fue
la inflación del año pasado", señalaron.
Y en marzo todavía hay más espacio para que los valores que abonan los
consumidores en la caja sigan escalando: según el IERAL, los precios que tuvo que convalidar la industria se movieron
muy por encima de los minoristas.
En efecto, en los dos primeros meses, el
novillito se encareció un 38%, mientras que la carne en los mostradores y
góndolas subió unos 13 puntos menos.
Ahora bien, la gran pregunta ahora es por qué la hacienda está subiendo
tanto, más allá del "efecto puesta al día": frente a este
cuestionamiento, casi todos los dedos apuntan al alza del dólar.
El consultor Salvador Di Stéfano, con fuerte prédica en el la zona del
Gran Rosario, destacó que tras la devaluación "los costos de comprar un
ternero, alimentarlo y ponerlo en condiciones de ir a faena aumentaron
notablemente. Subieron los costos laborales,
amortización del campo y los impuestos que pesan sobre el sector".
"Recordemos que es una inversión que requiere tiempo, es a cielo
abierto, y capital intensiva, dado el alto valor del campo. Los animales se
transportan en camiones, y los costos de fletes crecieron notablemente en los
últimos meses", acotó.
En la misma línea, Guillermo Villagra, director del fondo agropecuario
OpenAgro, aseguró que "la ganadería venía con precios muy atrasados. Y la devaluación le dio un fuerte impulso a todos los insumos, que
se miden en divisas, tales como herbicidas, pasturas, semillas, alambres
y vacunas".
"Por eso el valor del dólar tiene mucho que ver con el de la
carne", aporta.
Dentro de la estructura de costos, el
efecto devaluación también se hizo sentir en uno de los insumos más importantes
que utiliza la cadena: el maíz, el principal componente del alimento balanceado que
reciben los animales en feedlots, para completar el engorde.
"Es un producto clave en la dieta del ganado", apuntó
Villagra.
"En feedlots, la única forma de acelerar el proceso de engorde se
basa en este cereal. El novillo permanece seis meses siendo alimentado por la madre,
luego hay un período de un año y medio a pastura y por último se completa hasta
otros seis meses con dieta balanceada. Se
necesitan 5 a 6 kilos de alimento por día por cada animal", apunta
el experto.
"Hace un año, el costo de la ración, cuyo principal componente es
el maíz, valía $20 a $25. Ahora cuesta entre $50 y $55. Estamos hablando de una
suba cercana al 130% en apenas 12 meses", agregó. La mitad de esa suba
obedeció al incremento que sufrió el maíz.
En este contexto, el experto planteó que el descalce que hubo entre los
costos y el precio que se pagaba a los productores generó que, en los últimos
meses, haya bajado la actividad "feedlotera", provocando una leve
caída en el volumen de cabezas que ingresaron al mercado.
Y esto impactó en la industria: en el primer bimestre de 2019 se produjeron 474.000
toneladas, un 2,5% menos que en igual período de 2018. La misma contracción se
observó a nivel faena. Y esta caída tuvo lugar pese a que se viene de embarques
récord en términos de divisas.
Como el precio que paga la industria es muy sensible a los cambios de oferta, en
febrero fue cuando se produjo un salto del valor del ganado en pie.
Factor exportador: ¿influye?
El boom de ventas al mundo y el hecho de que la Argentina esté a un paso
de regresar al top 5 de los principales países exportadores calienta el debate
sobre la influencia de la demanda externa en el precio de los cortes en el
mercado doméstico.
Según datos de la industria, en 2018, el monto total facturado en concepto de
ventas al mundo de carnes bovinas fue de casi u$s1.950 millones, la mayor cifra
alcanzada en la historia y un 50% superior al registro de 2017.
¿Los embarques al exterior hacen que sea más caro el kilo de carne para
los consumidores locales? En este punto es donde se dividen las aguas.
Salvador Di Stefano señaló que las
subas de las exportaciones no implican necesariamente una suba del "asado
del domingo".
Según el experto, "a los argentinos nos encanta la carne pegada al
hueso, al mundo no. Además, exportar mejora los precios del mercado interno, como es el caso de Uruguay
con el asado".
Sin embargo, lo cierto es que cortes más populares como el roast beef o
la paleta sobrepasaron en los dos últimos años los incrementos que sufrieron
alternativas más "premium", como el lomo, tal como se detalló
previamente.
Villagra reconoció que "hay quienes dicen que son dos mercados que
no chocan, pero la realidad es que sí tiene impacto en los precios locales. Tal vez no es la causa principal,
pero cuando el productor ve que los
embarques a China y Rusia crecen mes a mes y que se abrió el mercado de Estados
Unidos, entonces se pone más selectivo".
José Micheli, referente del negocio de la carne en Mendoza, compartió la
visión: "Desde enero, la unidad en pie aumentó y las razones son porque el
novillo sube al nivel de dólar. Y esto
también pasa porque el novillo de exportación te arrastra al novillo de consumo".
¿Cómo sigue?
Si bien en marzo se esperan nuevas correcciones en las góndolas de
supermercados y en las carnicerías, el Gobierno confía en que comience a darse
una tendencia hacia la desaceleración.
"En muchos lugares la carne está bajando", afirmó el propio
Etchevehere.
Desde el IERAL consideran que el fenómeno de corrección podría estar
ingresando en su fase final, dado que –argumentaron-, el precio de la hacienda se ubica ya en un
"buen nivel" en relación a otros valores de la economía.
En otras palabras: la brecha entre el costo de producción y el precio de
venta se estaría cerrando.
Claro que, según el IERAL, una de
las principales causas por las cuales se desaceleraría la escalada es porque la
demanda interna está cayendo. Y este no es un factor que incida positivamente
en las encuestas, justamente.
Según datos de CICCRA, el consumo promedio durante el primer bimestre
fue de 50,8 kilos per cápita, un 10% por debajo del mismo lapso de 2018. No
sólo eso: es uno de los peores registros en casi 20 años, desde la última
gran crisis.
Claro que hay quienes argumentan que hoy la dieta incluye más proteínas
que antes no tenían tanto peso, como el pollo o el cerdo.
Pero la carne vacuna es, sin
dudas, uno de los grandes símbolos de la mesa de los argentinos.
El kirchnerismo, consciente de esto, cerró exportaciones para inundar el
mercado, pero con el altísimo costo de castigar a la industria y desincentivar inversiones.
El Gobierno, ahora, espera que el acomodamiento de las variables le
quite presión al "asado del domingo" y que éste incida cada vez menos
en el índice inflacionario.
|