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Por Carlos Burgueño - El Gobierno prepara para los próximos meses un pedido formal al Fondo
Monetario Internacional (FMI): abrir la negociación con el organismo para poder
utilizar parte del dinero del acuerdo stand by, para ejecutar política
monetaria. O, más directamente, poder echar mano del dinero de los desembolsos
del organismo para controlar el dólar. Especialmente desde fines de mayo en
adelante; cuando, se supone, los vaivenes políticos provocarían cierta
turbulencia en el mercado de cambio y se necesitarían más armas para controlar
un sector que se descarta embravecido. La idea oficial, aún en etapa de diseño
en planillas de Excel, es que el organismo autorice mecanismos de acción
directa (con fondos del acuerdo); pero sin abandonar la zona de no intervención
aplicada desde el BCRA desde octubre de 2018. Para el oficialismo este
mecanismo es exitoso y otorga previsibilidad a mediano plazo en el mercado
cambiario. Se estima además que desde abril comenzará una nueva etapa de mayor
consolidación, con nuevos ajustes de mínimos y máximos de la banda, con un
promedio de 1,75% mensual. Y que, en definitiva, el público ya se acostumbró al
nuevo esquema; especulando con que cualquier modificación de fondo podrá
esperar hasta después de las elecciones de octubre. Si Mauricio Macri es
presidente, el futuro de la Zona formará parte de las nuevas negociaciones que
se esperan para noviembre o diciembre de 2019 para aggiornar el acuerdo para el
2020. Si otra persona es electa; la Zona sería el mecanismo para un soft
landing de la política cambiaria macrista. En ambos casos, se considera que se
trata de la mejor estrategia posible para el principal norte de la política
económica actual: controlar el dólar por sobre todas las cosas.
Maniobra
El problema
para la negociar un permiso para poder utilizar dólares del FMI para la
política cambiaria, es que el organismo está desencantado por la manera en que
en el pasado reciente se aplicó esta maniobra desde el gobierno de Mauricio
Macri. Había sido un enfrentamiento conceptual con Federico Sturzenegger, en la
primera misión que comandó Ricardo Cardarelli al país en junio pasado. Pero los
mayores problemas surgieron en agosto, cuando Luis “Toto” Caputo usó dinero del
acuerdo para contener el dólar en medio de jornadas frenéticas de corridas
cambiarias. El FMI, al negociar el nuevo acuerdo en septiembre, dejó explícito
que no quiere volver a vivir la misma experiencia; ya que, según la visión de
los técnicos del staff, los dólares del Fondo no pueden servir para subsidiar
la salida de divisas del país a un precio menor al del mercado. Hay que
recordar que la recomendación de siempre de los hombres de Washington es la de
dejar libremente cotizar al dólar, y operar sólo cuando la divisa llegue a un
nuevo equilibrio.
Desde
Buenos Aires siempre se consideró (especialmente en tiempos de Caputo), que el
FMI no tiene en cuenta los efectos inflacionarios de las corridas cambiarias.
La intención oficial es ahora hacer una nueva propuesta al FMI, basada en que
el dinero que se autorice para operar en el mercado cambiario, será utilizado
con prudencia extrema. Y que se trata de un “favor” imprescindible para poder
navegar con estabilidad el proceso electoral hasta octubre.
Mientras
tanto, y como encuentro previo a que el board del organismo apruebe el primer
desembolso del año por u$s10.840 millones, el ministro de Hacienda, Nicolás
Dujovne, visitó a Christine Lagarde en su despacho de Washington. Según se
explicó oficialmente, el motivo de la reunión fue ponerse a disposición de la
directora gerente para cualquier aclaración que haya que hacer sobre los
números que en febrero estuvo recogiendo en Buenos Aires la misión que comandó
Ricardo Cardarelli.
El
funcionario estuvo antes con el secretario del Tesoro de los Estados Unidos,
Steven Mnuchin, quien tuvo un rol decisivo el año pasado para que Argentina
acceda al crédito stand by del FMI por unos 56.700 millones de dólares.
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