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Por Juan
Manuel Barca - El dólar, las tasas y la inflación no son las únicas variables
que titilan en el tablero del Gobierno. Por estas horas, el Ministerio de
Producción y Trabajo, encabezado por Dante Sica, estudia nuevas medidas
económicas para contener los múltiples frentes abiertos en la industria, donde piden
a coro un giro en la política oficial para salir de la recesión.
El objetivo es evitar que el deterioro del escenario laboral desencadene
una ola descontrolada de suspensiones, despidos y cierre de empresas en un año
electoral. La incógnita que subyace es hasta donde permitirá nuevos cambios el
Fondo Monetario Internacional.
La
negociación abierta con el sector del neumático y automotor está enfocada en
los decretos firmados el año pasado por el Ejecutivo para reducir el déficit
fiscal en línea con el programa del Fondo, que implicó retenciones a las
exportaciones industriales ($3 por dólar o una alícuota de entre 8% y 12%) y la
reducción en hasta un 80% de los pagos de en reintegros por esas ventas. El
impacto se reflejó en la recaudación de febrero, en la que los derechos de
exportación se dispararon 212% interanual, a $17.592 millones, y fue el segundo
rubro de mayor crecimiento.
El otro punto bajo análisis es la apertura de importaciones. El regimen
se vio modificado con la eliminación de las Licencias No Automáticas (LNA) en
ciertas posiciones arancelarias y la facilitación de trámites, lo que permitió el ingreso de
bienes procedentes de los países asiáticos por debajo de los valores vigentes.
Una situación que, a la vez, contrasta con las medidas para
arancelarias restrictivas que, según los industriales, enfrentan los productos
locales en Brasil, el principal destino de las exportaciones argentinas.
El equipo
de Sica reveló la intención de revisar en forma "acelerada" estos
puntos en una reunión encabezada por el secretario de Industria, Fernando
Grasso, y el titular de la secretaría de Trabajo, Lucas Fernandez Aparicio, el
1° de marzo pasado en la sede de Alem al 650. Allí, frente a los representantes
de Fate y del sindicato del neumático (Sutna), surgió el compromiso de rever la
política de importaciones, agilizar la devolución de reintegros demorados en
AFIP y estudiar el impacto de las retenciones.
"El
gobierno está haciendo un gran esfuerzo para aportar a una solución, pero las
partes también tienen que aportar", dijo Aparicio durante el encuentro a
puertas cerradas según pudo reconstruir iProfesional.
Las
negociaciones, que se extiendieron este miércoles por más de siete horas en la
sede laboral, se enmarcan en el Procedimiento Preventivo de Crisis (PPCE)
iniciado por la principal fabricante de neumáticos del país, del grupo Madanes,
dueño de la fabricante de acero Aluar y la hidroeléctrica Futaleifú. FATE busca despedir a 437 empleados, reducir la
jornada, cambiar turnos y tareas, por considerar que sus operaciones son
inviables.
El plan de
reconversión, sin embargo, enfrenta la dura resistencia del Sutna, el único
sindicato de la industria liderado
por la izquierda. El titular de la organización, Alejandro Crespo, encabezó el
martes una asamblea masiva en los portones de la fábrica en donde negó que la
empresa esté en crisis y aseguró que los despidos forman parte de una presunta
maniobra de la firma para obtener beneficios económicos del Gobierno, por lo
que no firmará ningún acuerdo que sea perjudicial para los trabajadores.
FATE envió
el 8 de enero pasado un extenso documento de 12 páginas a Sica en el que
reclamó la "urgente revisión de medidas" para
revertir la pérdida mensual de 1 millón de dólares que le ocasionan los
derechos de exportación, en un contexto agravado por la caída de demanda
interna y el elevado costo financiero. La solicitud forma parte del expediente
del PPCE al que tuvo acceso exclusivo este medio, en el que figuran los últimos
tres balances de la empresa, dos de los cuales muestran resultados negativos.
"Este
gobierno es el más insensible con la industria nacional",
dijeron fuentes de Fate a este medio.
El otro
sector en negociaciones con funcionarios de Sica es el automotor, un rubro con
un uso de la capacidad instalada del 15,7%. Fue el más bajo de la industria en
enero, que registró una parálisis del 56% y tocó el peor nivel desde el 2002.
El parate
responde al retroceso del 40% en las ventas de autos y a las más de 7.000
suspensiones en seis terminales, a las que esta semana se sumó la fabricante de
camiones Iveco, en Córdoba. Pero también se debe a las retenciones y la reducción
de reintegros a las exportaciones que, según los empresarios, les quitan
incentivos para exportar.
"La
verdad es que nos estamos sentando con el Gobierno para conversar y encontrarle
la vuelta para poder salir adelante pronto", señaló a este medio un hombre
de una terminal, con suspensiones. En ese sentido precisó que se está trabajando
en el acceso a mercados de exportación, aunque se mostró escéptico del
margen oficial para tocar los impuestos al comercio exterior.
Con un
patentamiento de 470.000 vehículos en el 2018, la industria automotriz
proyecta para este año una caída del 10%, un total de 420.000 unidades. Una
cifra aún más alejada del publicitado acuerdo automotor cuya meta era alcanzar
un millón de autos.
En tanto, la segunda fase de la crisis empezó a golpear a los
fabricantes de piezas, con el cierre de empresas embemáticas como Metalpar y
una mayor importación de autopartes. "El primer semestre se viene achique
de dotaciones", advirtieron desde el sector.
Las
críticas apuntan al esquema tributario que tiene como base de cálculo el valor
FOB de las exportaciones de vehículos, de las que se deducen las autopartes
importadas. Esto significa que cuánto más alto es el contenido importado,
más se reduce el porcentaje efectivo de retenciones y más les conviene a las
terminales utilizar piezas producidas afuera.
Las
autopartistas también se ven afectadas por la rebaja de la devolución de
impuestos, que pasó del 6,5% al 2% y que junto con el impacto de las
retenciones se traduce en la pérdida de competitividad de 12,5 puntos, según un
informe de AFAC. Críticas similares plantean los productores de aluminio, que
proveen a las terminales de autos.
Frentes
abiertos
El clima de
malestar sobrevoló en la reunión de este miércoles de la junta directiva de la
UIA. Allí se analizó la caída del 10,8% de la actividad en enero y el descenso
del 24,3% de las exportaciones de origen industrial, que según el comunicado
oficial "fueron afectadas por la baja de los reintegros y la suba de las
retenciones". La fuerte suba
de tasas que ayer llegó al 63% para contener el dólar reforzó el escepticismo
dentro de la central fabril, en donde creen que las concesiones otorgadas por
el Gobierno en las últimas semanas, junto con las medidas en
carpeta, son "aspirinas" si no hay se aplica un fuerte cambio de
rumbo.
Uno de los
cambios que aguarda la cúpula industrial es la reducción de los intereses por
deudas que la AFIP incrementó en un 50% por orden del ministro de Hacienda,
Nicolás Dujovne. La presión de los
industriales logró que María Eugenia Vidal suspendiera los embargos por 90
días. Ahora esperan que el fisco nacional haga lo mismo. De lo contrario, la
UIA espera una "ola de quiebras", como le anticipó a Sergio Massa a
fines de febrero, luego de mantener encuentros similares con Ricardo
Lavagna.
La puja con
el Gobierno se extendió al campo, en donde también salieron en las últimas
horas a pedir la eliminación de las retenciones a las exportaciones del agro.
Por la crisis cambiaria, el Gobierno, que en diciembre del 2015 había bajado a
0% ese impuesto al trigo, el maíz, la carne y productos de economías
regionales, volvió a gravar en septiembre pasado con $4 por dólar el trigo y el
maíz, $3 por dólar la carne, y una tasa fija del 18% más $4 pesos por dólar en
el caso de la soja.
Macri
reconoció que se trata de un tributo de "emergencia" en su visita a
Expoagro en la Rural, en donde ayer anunció créditos al sector. En las
últimas semanas, el Ejecutivo anunció una serie de medidas destinadas
a calmar el descontento empresario, que incluyen la rebaja de aportes
patronales a las economías regionales y créditos a una tasa del 29% para las
pyme.
El intento de reanimar el consumo previo a las
elecciones incluyó también el anuncio de un descuento del 20% en las tarifas de
invierno de los hogares, junto con el adelanto a marzo del aumento del salario
mínimo previsto para junio y una suba del 45% la Asignación Universal por Hijo.
Estos paliativos, junto con un posible refuerzo de fondos a las obras sociales,
apuntan a desalentar la marcha a Plaza de Mayo que prepara la CGT para el 4 de
abril.
Pero tanto
los industriales como los sindicatos desconfían de la capacidad de maniobra -y
las intenciones- de Macri. Sobre todo porque los gestos enviados desde
Producción chocan casi siempre con la misión prioritaria del ministro de
Hacienda, Nicolás Dujovne: bajar el déficit fiscal. El funcionario viajó ayer a
Washington para negociar con la titular del FMI, Christine Lagarde, un nuevo
desembolso de u$s10.700 millones.
Dujovne sabe que el Fondo no ve con buenos ojos tocar las retenciones.
También, que la recaudación viene en caída en los últimos meses y que si mete
mano en ese rubro complicaría aún más las metas acordadas.
Con esas
limitaciones, el Gobierno sigue de cerca la evolución del mercado laboral, que
el año pasado recortó 191.000 empleos formales. En las últimas horas, la
empresa láctea Verónica se sumó a la lista de los pedidos de apertura de
preventivo de crisis, afectada por la crisis de la industria lechera,
y el Banco Macro pidió la quiebra a Molino Cañuelas, la principal fabricante de
harina del país.
Los pedidos
de intervención del Estado por parte de las empresas en dificultades
ascendieron a 108 el año pasado, el doble que en 2016. El mecanismo previsto en
la ley fue utilizado en la gestión anterior por empresas y gremios como un
medio para financiar parte de los salarios (Repro) en los establecimientos en
problemas. Por el recorte de fondos, ese programa ya no cuenta con los mismos
recursos que antes.
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