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Por Gustavo Ber - Luego
del reacomodamiento alcista del dólar de las últimas ruedas, los inversores
estarían comenzando a preguntarse si la eficacia de la suba de la tasa de
la Leliq -como mecanismo regulador del apetito por las colocaciones en pesos-
no estaría comenzando a dar señales de estar perdiendo fuerza.
Ello se debe a que los importantes esfuerzos de
absorción monetaria del BCRA,
que ha tenido como correlato un fuerte aumento de unos 2.000 puntos básicos en
dicha tasa- hasta ya alrededor del 64% anual- desde los mínimos
recientes, ya no están permitiendo ¨domar¨ a la divisa como sucedía con
anterioridad.
Podría estar ocurriendo que frente a una creciente
incertidumbre electoral, cuyo calendario comienza a presentarse más activo tras
el puntapié de los comicios en Neuquén, la dolarización estaría tomando
mayor dinamismo principalmente desde aquellos inversores externos orientados
hacia el ¨carry-trade¨.
Hasta el momento no se evidencia que los ahorristas se hayan
sumado significativamente a dicho proceso, a pesar de lo cual la dinámica
dependerá de las tasas de plazos fijos, las cuales vienen acompañando por ahora
lentamente al fuerte repunte de la tasa Leliq que los bancos deberán trasladar
para retener a depositantes.
A los ruidos políticos se les suman las
conocidas vulnerabilidades económicas, las cuales los inversores reflejan con
claridad a través del ¨termómetro¨ del riesgo país que sigue merodeando
elevados niveles de 750 pb., y demuestra que aún se está lejos de aspirar a
recuperar el acceso al crédito voluntario externo.
En vista a que la tasa de Leliq ya no tendría la
misma respuesta sobre la demanda de divisas es que las autoridades subastarán
hasta u$s 60 millones diarios –tras visto bueno del FMI- en la plaza cambiaria, a fin de
complementar la mayor oferta de divisas que aportarían próximamente los
exportadores, aunque dicha estrategia reduce la cobertura en dólares para
el programa financiero 2020.
Aún reconociendo que el dólar deberá acompañar a la
inflación, y por ende deslizarse a dicho ritmo en el tiempo para evitar
transitar hacia un nuevo atraso, la intención oficial sería poder a través de
dicha mayor oferta -y la política monetaria restrictiva- poder aminorar los
ánimos y evitar abruptos saltos cambiarios.
Estando todavía a más de siete meses de las
elecciones presidenciales sería muy prematuro, y hasta peligroso, que las
tensiones sobre el dólar no puedan calmarse a esta altura del año dado que en
un escenario electoral de ¨final abierto¨ el proceso de dolarización y la
volatilidad es de esperar que se intensifiquen.
Más allá de estas consideraciones cambiarias, el
BCRA se encuentra también en la incómoda situación de que esta lucha contra el
dólar, efectivizada principalmente a través de una renovada suba de tasas,
tiene correlato negativo para una economía que transita por una dura recesión y
estas decisiones demoran aún más la salida.
Frente a dicha encrucijada, el organismo monetario
debería actuar con extremo equilibrio dentro de un camino cada vez sinuoso y
angosto, donde posiblemente se incline finalmente por no seguir afectando a la
economía a través de los altos costos de financiamiento y vaya buscando ordenadamente
ir hacia un tipo de cambio más alto, el cual resulta además crucial para
continuar mejorando las cuentas externas del país.
Ello se debe a que las etapas electorales,
combinadas con una economía que aún enfrenta serias vulnerabilidades que deben
ser resueltas para disipar los temores de los actores económicos, resultan
terreno fértil para dicho comportamiento de los ahorristas.
Así es que no sería conveniente alimentar una
peligrosa nueva ¨olla a presión¨ a través de buscar forzar mantener artificialmente
quieto al dólar, a través de viejas y/o nuevas herramientas monetarias - así
como cambiarias - que sólo otorgan efímeros respiros.
Ante dicha expectativa, los inversores deberían
actuar con pragmatismo y un activo monitoreo de la coyuntura, dado que la
volatilidad seguramente continuará a la orden del día - tanto por eventos
domésticos como externos - por lo cual la prudencia debería continuar
prevaleciendo en la toma decisiones.
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