|
Por Luis Beldi
- En el sector agropecuario el enojo con el Gobierno alcanzó su escala mayor.
Días antes, Mauricio Macri decía que detestaban aplicar retenciones, María
Eugenia Vidal hablaba de un impuesto no deseado y el ministro del Interior
Rogelio Frigerio pedía disculpas a Gobernadores por aplicar estas cargas a los
granos y demás productos regionales. Los tres funcionarios hablaron en
ocasiones distintas y coincidieron en lo negativo de quitarle rentabilidad
al agro a través de impuestos distorsivos que, además de las retenciones,
incluyen una quita de $ 4 por cada dólar que exportan.
Pero entre el jueves y el
viernes, la modificación de la política monetaria arrastró al tipo de cambio.
En dos días, el dólar a los exportadores le bajó casi 4%. La divisa perdió
$ 1,54 en 48 horas al tiempo que les subía la tasa de interés, tan necesaria
para financiar la cosecha y la siembra. Por supuesto, ni hablar del
reequipamiento y de la compra de maquinaria agrícola. En otras palabras,
estaban arrepentidos de imponerle gravámenes, pero le bajaron la rentabilidad
en 4%.
La baja del dólar y las
elevadas tasas de interés que crecieron 21 puntos en algo más de un mes fueron
un doble castigo.
Muchos decidieron de aquí en
más liquidar lo necesario para mantenerse sin acudir a la financiación
bancaria. Saben que va a haber volatilidad a medida que se acerque la
fecha de las elecciones y van a guardar parte de los granos. El viernes el
dólar en el mercado mayorista terminó a $ 40, luego de haber tocado $ 41,54 el
miércoles.
El Gobierno parece haber
montado un bloque muy sólido de tasas extremadamente altas y una oferta
adicional de dólares que parece importante cuando los tiempos son tranquilos.
Muchos renovaron plazos fijos,
pero no más allá de un mes. La volatilidad está latente, aunque el mundo
está tranquilo y las bolsas del exterior están en alza. La salida de dólares de
los países emergentes se calmó, aunque lo único que tiene que mirar la
Argentina en este momento es lo que pasa con Brasil que está bajo algunos
nubarrones. Otro dato que arrima tranquilidad es el equilibrio de los bonos del
Tesoro norteamericano que a 10 años mantienen su tasa en un rango de entre 2,50
y 2,62%. Los bonos norteamericanos en retrocesos ayudan a que el riesgo
país argentino no suba, aunque su volatilidad está más atada al precio del
dólar que a otro instrumento.
Los índices futuros de Wall
Street están equilibrados para el lunes, mientras Europa muestra más optimismo.
Las principales bolsas de Asia, en la noche del domingo de Occidente, estaban
operando en alza.
El hecho más importante de
esta semana será la reunión de martes y miércoles del Comité Federal de Mercado
Abierto de la Reserva Federal donde tratarán el tema de las tasas de interés.
Nadie espera sorpresas y creen que seguirán en el nivel actual. Pero lo
importante de este encuentro son las pistas de lo que puede hacer el resto del
año y eso no lo dicen, pero se insinúa en el comunicado final.
En la Argentina, no se vivirá
esta tranquilidad. El lunes habrá que ver si el dólar tocó el piso o
recupera algo del terreno perdido. Una baja más profunda pondría en alerta al
sector agropecuario. No hay que olvidar que cuando el dólar estaba en estos
niveles, todavía no había sumado la inflación de 3,8% de febrero.
Otro dato que tienen en cuenta
los exportadores es que creen que la inflación comenzará a bajar en julio
cuando los índices pueden alcanzar 2%. Pero julio es muy cercano a las fechas
de elecciones y este dato opera contra la pesificación de las carteras.
El Gobierno ganó tiempo, pero
no cuenta con la garantía de cuánto durará el dólar tranquilo. Todo depende de
la inflación futura.
Un dólar atrasado es un arma
insuficiente y de corto alcance para ganar una elección presidencial. El Banco
Central, a pesar de la fuerte caída de la divisa del jueves y viernes deberá
lidiar día a día con el dólar. Ya sabe lo que cuesta volver atrás con las
tasas, así que por un tiempo deberá mantenerla en estos niveles
insoportables para las empresas y que afectarán al empleo, el consumo y la mora
en el pago de créditos y el creciente aumento de cheques rechazados que llegó a
un nivel preocupante de 5,3%. En la crisis de 2011 había alcanzado a 7%.
|