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Por Julián Guarino - Primero lo más importante:
el dólar no va a dejar de subir en la Argentina. Más allá de la increíble
suba de la tasa, de las restricciones autoimpuestas en la emisión monetaria y
hasta del préstamo del FMI, el Gobierno sigue eligiendo esquivar cuestiones tan
elementales como la dinámica de la fuga de capitales (los “problemas” con
el dólar), la acumulación de deuda en el Banco Central vía Leliqs, o las
recetas que está aplicando para lograr el crecimiento económico.
Habrá que mencionar que son esas restricciones vinculadas a la falta de
dólares las que han impulsado una brutal devaluación el año pasado y parte de
la aceleración inflacionaria vía ajuste de tarifas en servicios y combustible.
El Gobierno sigue pensando que, para salir de la crisis, es necesario
lograr el déficit cero. En su concepción (el término es excesivo) el
déficit es lo que genera la inflación, y ésta a su vez, es la que ha boicoteado
sus planes para llegar a una “pobreza cero”.
Por ende, con el ajuste en marcha (y garantizado hacia adelante) el
Presidente y sus funcionarios se encargan de esbozar que hay sectores de la
economía que están bien y que eso es señal de que pronto llegará la ansiada
recuperación. Pero elige pasa por alto y no mencionar que esos sectores
tienen el precio de sus productos dolarizados: energía, servicios
públicos, combustibles, agro y hasta el mercado financiero cuyas tasas forman parte de
una tríada junto con la emisión monetaria y las reservas que alimenta el FMI.
En definitiva, enhebrando todos estos conceptos, lo que hace el Gobierno
cada vez que dolariza un sector, es garantizar que la inflación seguirá
teniendo una vigencia insoslayable este año a fuerza de ajustes de
tarifas, lo que debería contemplar también un fortalecimiento de la tasa de
interés, algo que va a generar más recesión. Esto es así porque el insumo
básico de cualquier proceso productivo es la energía eléctrica, el gas y hasta
el combustible líquido.
Independientemente de que, en ocasiones, una moneda como el dólar pueda
apreciarse contra el resto de las monedas del mundo, la vulnerabilidad de la
economía y las magras perspecticas vigentes, hacen que el impacto siempre sea
mayor en nuestro país. Si la dinámica ratificada por el Presidente
continúa, es fácil predecir que el dólar sufrirá nuevas presiones de
demanda, impulsadas por el avance de la inflación y la incertidumbre electoral.
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