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Por Liliana Franco - Esta semana el
presidente Mauricio Macri sentirá que su enojo hacia lo que denomina la vieja
dirigencia política, empresaria, sindical y judicial tiene justificación cuando
reciba a los Reyes de España. Es que en el gobierno aseguran que cada contacto
con autoridades internacionales, “le ratifican al Presidente que en el exterior
ven con más claridad lo que él aspira a lograr para Argentina”.
“En casa de herrero, cuchillo de palo”, dicen en el entorno presidencial
para justificar la decepción o críticas locales. Afirman que la “transformación que Cambiemos está
llevando a cabo es de raíz y que por eso los resultados no son inmediatos”.
Esta convicción es la que lleva a algunos funcionarios del círculo íntimo del
presidente a afirmar temerariamente que “vamos a ganar en la primera
vuelta”.
En la Casa Rosada ya no existen dudas: el discurso de
campaña del oficialismo tendrá como eje central los lineamientos de la
propuesta de Cambiemos y con tono de confrontación. Algunos pensaron que este
nuevo Macri, enérgico y enojado es más una actitud forzada para la campaña.
Pero quienes lo conocen bien afirman que “ese es el verdadero Mauricio”. “A Macri lo enoja el egoísmo sectorial, la falta de visión de país
y el que no se apueste al mediano plazo”, explican.
En tanto, entre no pocos empresarios existe “decepción” por los
resultados del actual gobierno. No comparten la idea que la gestión haya sido
tan buena como señalan los funcionarios. Como muestra señalan sectores como la
Aduana “siguen siendo un desastre”. Y observan que “al final
de cuentas, hoy las empresas valen cada vez menos”. Reconocen que
el estilo es distinto. “En esta gestión nos atiende,
pero es poco lo que escucha y menos lo que ejecuta” sintetizó un
importante empresario.
En tanto en el círculo íntimo del presidente están convencidos de que, a
pesar de los malos resultados económicos, la sociedad privilegiará las
transformaciones “fundacionales” que está llevando adelante la actual
administración y que, con este discurso, lograrán ganar las próximas
elecciones.
“Más
allá de que la gente la esté pasando mal y que el sueldo no alcance para llegar
a fin de mes, estamos seguros que la sociedad ha madurado y preservará el
cambio que iniciamos a fines de 2015”, confió a ámbito.com uno de
los hombres más cercanos al primer mandatario.
Prevaleció de esta forma la postura del núcleo duro de los hombres que
acompañan a Macri, particularmente la posición del jefe de
Gabinete, Marcos Peña, en desmedro de quienes son más proclives a
un acuerdo con otras fuerzas políticas. Algunos funcionarios del Poder
Ejecutivo Nacional y, particularmente, los mandatarios del partido gobernante
con manejo territorial son quienes piensan que no es tan bueno cerrarse.
“Somos
la generación que vino a cambiar la Argentina”, sostuvo el presidente Macri, en una
frase que resume la ruptura que pretende llevar adelante el gobierno. Es que en
su entorno creen que “el país sólo saldrá futuro y aprovechará plenamente sus
oportunidades si logra dejar atrás a la política corrupta, los viejos
empresarios que se desarrollaron al calor de prebendas del Estado, a la
burocracia sindical que se ocupó de sus propios intereses en lugar de defender
a los trabajadores, a la justicia asociada con los poderes de turno y a los
medios que tienen miradas parciales e interesadas”, afirmó.
“La
vieja política se servía de la gente, nosotros en cambio servimos a la
gente”, es una frase que suelen repetir altos funcionarios de la Casa de Gobierno.
Queda claro que, con este diagnóstico, difícilmente pueda pensarse en un
esquema de alianzas políticas, a pesar de la alta desaprobación a la
administración de Cambiemos que arrojan las encuestas.
Más aún, en un reciente programa de televisión el ex ministro de
Economía de Macri, Alfonso Prat Gay, reveló que parte del
programa inicial del gobierno era lograr un acuerdo con empresarios y
sindicatos, como lo hicieron distintos países (España, Israel) para frenar la
inflación. Este acuerdo, que tenía fecha para mediados de enero de 2016, quedó
en la nada, según dijo Prat Gay, porque el jefe de Ministros
Peña le comunicó que el gobierno no quería compartir del poder. Según el
primer titular del Palacio de Hacienda de la actual administración, otros
hubieran sido los resultados del programa económico, desde ya positivos, si se
hubiera avanzado en esta concertación.
Descartada una apertura, el gobierno se concentra en sus resultados,
como se desprende del documento “Tres años de gobierno” elaborado por los equipos
técnicos de la Fundación Alem, la Fundación Pensar y la Coalición Cívica, con
contenido sugerido por las áreas de gobierno, en el que se plantean seis ejes
en los que se demuestra cómo la actual administración ha contribuido a la
cultura democrática, la seguridad ciudadana, la integración inteligente al
mundo, a la economía para crecer, al desarrollo humano y a la infraestructura y
energía.
El
dilema del dólar
La economía no es el mejor aspecto para destacar de la gestión del
gobierno por eso la aparición de la eventual postulación de Lavagna obligó a
descalificarlo públicamente. Desde que es “viejo” hasta que “negocio mal la
deuda externa” o que “congeló las tarifas” (quizás el apuro por criticarlo
llevo a los asesores de Macri a no verificar que dicha acusación era incorrecta
ya que fue justamente el ex ministro de Economía quién intento aumentarlas pero
la Justicia se lo impidió).
La candidatura de Lavagna lo que provocó en la Rosada es que se hable
más del talón de Aquiles de este gobierno. Porque el argumento de “estamos
sentando las bases para una economía sustentables” no despierta mucho
entusiasmo reconocen en voz baja algunos miembros del gobierno.
Con el ministro de Hacienda y Finanzas, Nicolás Dujovne, como
principal vocero, el gobierno difunde que la economía se encuentra encarrillada
sobre bases sólidas y que hay que dejar de pensar en los “atajos” que en el
pasado nos llevaron a la decadencia (retraso de tipo de cambio, de tarifas,
etcétera). Dicho de otra forma, no deja margen para un cambio
en el rumbo elegido.
Otros funcionarios, menos optimistas, reconocen que el principal
objetivo del gobierno a corto plazo es “no caer en un crisis
cambiaria”, aunque – en estricta reserva – reconocen que es “un riesgo que
existe”.
Tal como se deprende de las últimas declaraciones del presidente
del Banco Central, Guido Sandleris, el
gobierno considera que el tipo de cambio ha ganado en
competitividad y que existe margen para apuntar a que el dólar se mueva en
torno del piso de la banda de intervención. La tranquilidad cambiaria
llevaría a un círculo virtuoso de menor inflación (que las autoridades esperan
para mayo o junio), una baja consecuente en la tasa de interés y una mejora en
la actividad económica.
Fuentes del gobierno afirman en privado que no debe prestarse mayor
atención a los movimientos que muestra ahora el dólar, ya que hoy es un mercado
en el que predomina la demanda y la falta de oferta puede hacer que la paridad
suba bruscamente con pequeñas órdenes de compra. “Habrá que ver –se esperanzan–
cómo evoluciona el mercado cuando empiecen a aparecer, en las próximas semanas,
los dólares del préstamo del Fondo Monetario Internacional y las liquidaciones
de la cosecha”.
Sin embargo, analistas privados no dejan de plantear que “la situación económica es frágil y cualquier mala noticia
puede complicar el panorama”. Y también ponen en duda que el
gobierno pueda lograr tranquilidad cambiaria “en un contexto de incertidumbre política
y marcada falta de confianza”.
Más aún, critican el diseño de la política cambiaria oficial, ya que el
dólar podría subir hasta la banda superior –unos 50 pesos– sin que el Banco
Central esté facultado para intervenir. Pero un aumento de esta magnitud
seguramente generaría presiones sobre la inflación y un contexto muy complicado
para el plan de estabilización que intenta llevar adelante el gobierno.
Hay quienes confían en que el fuerte respaldo externo que ha recibido la
administración Macri por parte del Fondo Monetario Internacional y
particularmente del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, seguirán
siendo una carta a favor del actual gobierno que “hasta podría dar una ayuda
adicional si las cosas se complican”, aventuran.
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