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Por Carlos Burgueño -Para el equipo económico, la estrategia para
campear el nuevo capítulo de la crisis financiera es simple: habrá que aguantar
una semana más. Eventualmente, dos. Luego, la oferta de divisas comenzará a
crecer, y las armas que tendrá el Gobierno para enfrentar al díscolo mercado
serán más fuertes. Y en ese momento, aseguran, la situación cambiaria se
estabilizará al menos por varias semanas; y habrá más tranquilidad para diseñar
los próximos pasos. Los fundamentales. Los del tiempo político que deberían
llevar al macrismo a las próximas elecciones. Pero antes se deberá trabajar en
las próximas dos semanas, especialmente en los cinco días hábiles que comienzan
a transitarse hoy.
El análisis que se
hace en el Gobierno sobre que lo sucedió la semana pasada es simple. Se cree
que los movimientos en contra del peso tienen que ver con contingencias
internacionales y no con un análisis particular con lo que sucede en la
Argentina. Se descarta que haya situaciones políticas internas que hayan influido
negativamente. Se niega que el ofuscado discurso de Mauricio Macri en el CFK
del jueves pasado haya operado en contra y haya traído intranquilidad en los
mercados. Se habla más de cómo se invirtió la curva de tasas en Estados Unidos
(algo que no ocurría desde 2007) y de una potencial recesión en ese país. Se
muestran informes internacionales, donde se relaciona la decisión del a Fed de
no subir más los intereses este año y una sola vez en 2020, como un factor que
podría anticipar una caída en los niveles de actividad en EE.UU. y de un
contagio posible a Europa. Que esto derivó en ventas masivas de activos en
todos los países emergentes, y que en relación con el resto de los mercados,
Argentina no fue esta vez de los más castigados. De hecho, se muestran
gráficos, donde se consigna que la lira turca y el real brasileño sufrieron el
viernes más que el peso argentino.
Desde el equipo
económico se considera además que en jornadas como las del jueves y viernes no
tiene sentido ir contra la corriente y pelear para fortalecer el peso; sino que
para no perder puestos de competitividad en las exportaciones locales, es mejor
dejar actuar a los mercados y acompañar las depreciaciones de las monedas de
los países emergentes. Más si la devaluación arrastra al real. Dicen en el
Palacio de Hacienda que esta posición es una enseñanza que surgió de la crisis
durante 2018. Y que habiendo aprendido, no es bueno retrasar correcciones en el
mercado local con intervenciones y manipulaciones ficticias de la moneda local,
ya que luego el mercado se cobra con creces el sostenimiento de un valor del
peso que no coincide con las pantallas de Excel de los operadores globales.
Sobre el tipo de
cambio, y el cierre cercano a 41,8 del viernes (BNA), también hay una mirada
oficial optimista. Se compara ese valor con el precio que el dólar llegó a
tener en septiembre, con lo que no habría una sobreactuación de los mercados,
sino más bien una corrección necesaria a partir de la inflación y la mencionada
situación internacional. Y que los operadores saben que hacia delante se debe
esperar una mayor oferta de divisas, que puede extenderse más allá de la
cronológica llegada de los u$s9.600 millones del FMI para
subastar diariamente hasta fin de año, y la demorada liquidación de parte de la
cosecha. Se suma en los cálculos oficiales un tercer factor: el superávit
comercial que mostrará el país este año que generará no sólo ingreso de dólares
sino además que no haya que aportar divisas para cubrir rojos entre
importaciones y exportaciones.
Mientras se llega a
ese puerto (no tan lejano según la expectativa oficial), el BCRA continuará
profundizando el programa monetario contractivo con la tasa de Leliq como
bandera y faro, aún a riesgo de desandar el camino contractivo que se vivió al
comienzo del año y que ya genera algunas críticas dentro del propio gabinete y
la coalición gobernante. “Peor sería salir a explicar una corrida dramática”,
afirman desde la Casa de Gobierno, donde se le da la derecha a la estrategia de
la entidad que maneja Guido Sandleris.
Desde el sector
privado se espera incluso que la entidad profundice el escenario de lucha y que
las tasas de las Leliq comiencen a reflejarse en otros instrumentos. La agencia
Consultatio habla directamente de la posibilidad de que el Central “tome alguna
medida para mejorar el canal de transmisión de la política monetaria y hacer
que la tasa pasiva de referencia (la tasa Badlar), que es la que realmente
importa para las decisiones de portafolio de los inversores, acompañe la suba
en la tasa de Leliq.
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